Puta Vida.

2.5K 99 7
                                        

Dylan.

Desperté solo, sintiendo la ausencia de Issy como un vacío frío en la cama. La busqué con la mirada, pero ya no estaba. Al chequear la hora, me di cuenta de que ya era tarde para el colegio. El nudo en mi pecho se apretaba.

—¡Issy! —grité, esperando que estuviera en algún rincón de la casa, pero el eco fue la única respuesta. La llamé de nuevo, más fuerte. Silencio.

Me puse la ropa rápidamente, cada prenda me recordaba la calidez de su cuerpo, ahora desaparecido. Bajé las escaleras, revisé todas las habitaciones, pero no había señal de ella. Marqué su número, pero no contestaba. La preocupación empezó a invadirme.

Más tarde en la escuela, mis amigos lo notaron. Liam me trajo mi uniforme, pero apenas lo tomé, mis pensamientos seguían con Issy.

—¿Qué te pasa, bro? —preguntó Luke, notando mi rostro tenso.

—No sé nada de Issy desde esta mañana, y no responde. —Mi voz sonaba más desesperada de lo que pretendía. El corazón me latía más rápido con cada minuto que pasaba sin saber de ella.

—Mira, ahí está —dijo Liam, señalando hacia el patio.

Mis ojos la encontraron. Ahí estaba Issy, pero no estaba sola. Estaba con Laech, y claramente discutían. Él parecía furioso, y ella... parecía estar rogándole. Sentí un golpe en el pecho. El alivio de verla se desvaneció ante la imagen. ¿Por qué me evitaba toda la mañana si estaba con él? El dolor se filtraba por cada grieta de mi ser.

—No creo que vayan a volver —soltó Liam, como si fuera una simple observación.

Intenté ignorarlo, pero su comentario fue como sal en la herida. "Al carajo", pensé, mientras pasaba junto a ellos sin mirar atrás, aunque podía sentir sus ojos clavados en mí.

Cuando llegué a mi auto, las lágrimas empezaron a caer. No pude contenerlas más. Todo este tiempo, Issy pensó que la dejé porque no la amaba, pero fue lo contrario. La dejé porque la amaba demasiado. Su madre me había amenazado. Me dijo que si seguía con Issy, ella sufriría las consecuencias, y no pude arriesgarme a hacerle más daño. Pero ahora, solo me estaba destruyendo a mí mismo.

De vuelta en mi departamento, Meg estaba ahí, sentada en el sofá. Aunque no éramos hermanos de sangre, siempre la había considerado como tal. Sentí que podía confiar en ella.

—¿Estás bien, Dylan? —preguntó suavemente, notando mi estado.

Negué con la cabeza, las lágrimas comenzaban a caer de nuevo.

—No... no lo estoy, Meg. —Mi voz se rompió al mencionar el nombre que me dolía en el pecho—. Es por Issy.

Meg se acercó y me abrazó, dejándome llorar en su hombro.

—Issy ama a Laech —logré decir entre sollozos.

—No, no lo hace. No puede amar a alguien tan rápido —me consoló, pero su voz no lograba calmar el torbellino dentro de mí.

—¿Entonces por qué sigue con él? —Mi dolor se hacía más fuerte con cada palabra.

—Porque se siente sola, Dylan. Y ahora, él es lo único que tiene. —Meg me dio una sonrisa cálida, pero no logró aliviar mi tormento.

—Pero... aquí estoy yo. Siempre lo estuve. —Las lágrimas seguían cayendo sin cesar.

—Tiene miedo de que la vuelvas a dejar —me limpió las lágrimas con ternura—. Ve, cuéntale todo. Dile la verdad.

—No puedo, Meg. No puedo hacerle eso —respondí con la voz rota.

—¿Por qué no? —preguntó ella, confundida.

—No quiero que odie a su madre. Ella es buena, solo quiere lo mejor para Issy.

—¿Prefieres que te odie a ti? —preguntó Meg, incrédula.

Asentí, mi corazón se rompía con cada segundo que pasaba.

—Sí, prefiero que me odie a mí...

Esa noche, me quedé en el suelo del departamento, bebiendo y llorando. El amor que sentía por Issy me estaba matando. Cada recuerdo, cada risa, cada beso... Todo se sentía tan lejano ahora. Sabía que sin ella, no tenía nada.

Amber llegó más tarde, me había llamado antes, pero no recordaba ni por qué lo hice. Ella se sentó a mi lado, y pronto, mi cabeza estaba descansando en su hombro mientras las lágrimas seguían cayendo. No sé cómo, pero me quedé dormido.

Al despertar, encontré a Amber a mi lado, en mi cama, pero aún con ropa, lo que me alivió.

—Ya despertaste —sonrió ella, pero algo en su sonrisa no se sentía bien.

—¿Qué hora es? —pregunté, sintiendo que todo lo que había sucedido la noche anterior era un sueño.

—Son casi las seis —respondió, mordiendo su labio mientras me miraba.

Me levanté de golpe, sintiendo una mezcla de incomodidad y culpa. Cuando me acerqué a ella, comenzamos a besarnos, pero mi mente no podía sacarse a Issy.

—Te extraño... —susurré entre los besos, sin siquiera darme cuenta de lo que decía.

—Yo también, Issy... —murmuré, rompiendo todo en un instante.

Amber se apartó, molesta. Carajo, ¿por qué dije eso?

—Lo siento, Amber. Perdón.

—No te preocupes —dijo ella, pero su tono era triste—. Sé que la amas a ella.

La culpa se instaló en mi pecho como una piedra pesada. Issy siempre había sido la única en mi mente, aunque tratara de olvidarla, de convencerme de que podría seguir adelante.

Más tarde, en la escuela, rodeado de gente, me sentía increíblemente solo. Miré a Issy, sentada sola, con una expresión que me partió el alma. Parecía triste. Tal vez, después de todo, ella y Laech ya no estaban juntos.

Decidí acercarme.

—Issy... estuve preocupado. No respondías mis llamadas y... —empecé, pero ella me interrumpió, su voz fría y distante.

—Dylan, lo que pasó fue un error. No creas que vamos a volver. —Sus palabras me golpearon como una bofetada.

Detrás de mí, sentí la presencia de Laech, observándome, sonriendo con superioridad.

—Déjala en paz —dijo, su voz era un susurro venenoso.

Me alejé, con el pecho apretado.

—Al carajo Issy, que se quede con el drogadicto. —Mis palabras sonaban huecas incluso para mí. Sabía que no las pensaba en serio.

Regresé a mi apartamento, donde cada foto nuestra me recordaba lo que había perdido. El dolor era insoportable. ¿Por qué todo tuvo que desmoronarse por culpa de los errores de otros?

El timbre sonó de nuevo. Al abrir la puerta, vi a Issy. Mi corazón se iluminó, pero la esperanza se desvaneció cuando me entregó el anillo.

—No quiero nada tuyo —dijo Laech desde la entrada, arrogante.

—Okey... —Fue todo lo que pude decir mientras cerraba la puerta, y una vez más, las lágrimas comenzaron a caer.

El Fuck Boy (EDITANDO)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora