9- La cita con Jacob.

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Esto era el colmo. Una advertencia era más que suficiente, tampoco se propasó tanto. Siento hasta pena por él. Quiero ir a verlo y pedirle disculpas. Todos son unos brutos, resuelven todo a golpes.

—No te voy a pedir perdón. Él se lo merecía. Hace rato que me decía que estaba loco por ti, y le advertí que no se propasara contigo.

—¡Pero ya viste cómo lo dejaron! —suspiro y vuelvo a hablar—. No debiste decirles nada.

—Si no lo hacía, seguiría con su insistencia. Me alegro de haberlo hecho, porque ese tipo tiene una obsesión contigo. Todo el tiempo me habla de ti.

—¿Y por qué no me lo dijiste? Tal vez me habría mantenido un poco alejada.

—No te lo dije porque él quería ser quien te lo contara.

Jasper me dijo que había sido él quien le contó a mi hermano lo que había pasado con Alan. Esto es demasiado estresante. No puedo ni verle la cara de la vergüenza.

Me dirigí hacia el patio de la escuela  donde probablemente esté mi hermano y no me equivoco, Gadiel estaba  rodeado de sus amigos. Este me ve llegar, pero actúa como si fuese nadie quien llego.

— ¡Tu!

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— ¡Tu!

—¿Ahora cuál es el problema, Andrómeda? —contesta Gadiel con un tono de molestia y burla. Sus amigos no se quedan atrás, y observé a Jacob detrás encendiendo un cigarro.

—¿Ahora vas por ahí golpeando gente? —pregunté cabreada.

—En mi defensa, yo no lo golpeé. Jacob lo hizo... Por cierto, buena partida de cara, hermano. En mis años aquí jamás pensé ver tanta sangre salir de un rostro —dice mi hermano, bromeando y sonriendo junto a sus estúpidos amigos.

—Tienes razón, buena paliza, Jacob —otro del equipo apoya, y Jacob solo sonríe de lado mientras sigue fumando su cigarro.

—¡Son unos malditos psicópatas! ¡No era necesario partirle la cara de ese modo! ¡Y tú jamás vuelvas a acercarte a él! —señalo a Jacob enojada y luego hago girar mi dedo, apuntando a todos—. ¡Ninguno de ustedes!

—Quien no debe volver a acercarse es ese maldito gilipollas a ti, porque, de lo contrario, quien termine rompiéndole todos los huesos sere yo.

Esta vez la voz de Gadiel cambió completamente a una temeraria, y nadie dijo una sola palabra. Yo solo opté por fulminarlo con la mirada y darles la espalda bruscamente.

El día transcurrió rápido en la escuela, pero ya todos se habían enterado de lo que pasó. No dejaban de mirarme. Algo súper raro, porque esta gente ni me pela, pero cuando hay chisme son los primeros en vivirlo como si fuera suyo. Al fin salimos de la escuela y me dirigí a casa junto a mi hermano. No le hablé en todo el camino... y a él le valió.

—Hola, mamá —dije una vez entramos a la casa.

—¿Cómo les fue? ¿Y el examen, Andrómeda?

Saco la hoja de calificación y se la paso. Ella brinca de alegría y Gadiel le quita la hoja para verla también. Mi madre me abraza y va a buscar el teléfono para contarle a mi padre.

Andromeda ⒸHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora