Andrómeda
—Y siguió negándose. Le dije que no me movería hasta que hablara con Jacob, pero no le importó. Se desnudó frente a mí y... pues no me aguanté. La atracción pudo más —termina de decir Dess—. Sabes que nunca perdería mi virginidad así como así, pero Gadiel... él me causó un cosquilleo intenso. Intenté detenerlo, te lo juro, pero...
—Pero tus hormonas vaginales y tu calentura pudieron más —digo, sin filtros—. Nunca me dijiste que te atraía mi hermano.
—Bueno, no es que esté locamente enamorada de él, pero... Mierda, Andrómeda, tu hermano está increíblemente bueno. Ya entiendo lo que sientes por Jacob. Hablo de atracción física.
Quería ahorcarla. ¡Se dejó desvirgar por mi hermano!
Pero bueno, yo soy la menos indicada para hablar... También me estoy metiendo con un patán. Y aunque me enoja, no soy quien para decirle con quién debe o no acostarse.
—No te preocupes, la culpa fue mía. Fui yo quien te mandó a hablar con el idiota de mi hermano.
Veo cómo las lágrimas comienzan a brotar de los ojos de Dess. Seguimos tiradas en el suelo, así que me acerco y la abrazo con fuerza.
—Lamento que hayas caído en la tentación de mi hermano... Pero dime, ¿cómo te sientes tú? ¿Estás bien?
Ella respira hondo, y más lágrimas empiezan a salir.
—Al principio todo iba bien. Me sentía bien... pero tu hermano es un idiota.
No tiene que decírmelo. Lo sé. Conozco perfectamente lo que tengo de hermano.
—¿No te gustó?
—Sí, pero... Le dije que no era virgen y fue muy brusco conmigo. No te imaginas el dolor que soporté.
Hago una mueca al escuchar sus palabras.
—¿Y no le dijiste nada?
—No... porque la culpa fue más mía que de él. Yo le dije que no era virgen —se tapa la cara otra vez.
—¿Por qué diablos le dijiste eso, Deslerim? Ahora te tratará como una más...
—Lo sé. Pero tu hermano es un diablo. Empezó a provocarme, diciendo que era una niña inexperta y que no le gustan vírgenes. Y tú sabes cómo soy... muy nerviosa. La ira me consumió. No aguanté y le solté que no se creyera la última Coca-Cola del desierto. Lo puse en su lugar y... después... me cogió.
—Creo que deberíamos parar —digo, ya medio traumada.
—Lo siento. Creo que no logré nada con lo de Jacob...
—No te preocupes. Mira el lado bueno... solo falto yo por ser desvirgada.
Las dos estallamos en risas.
Después de platicar un rato más, cayó la noche y Dess se fue a su casa. Mañana voy a pasar por ella para ayudarla a traer sus cosas. Sus padres se van, y pobre de Dess... ni loca se queda con esas tías que tiene. ¡Unas diablas sacadas del infierno!
Una vez, una de ellas le dijo a mi madre que yo estaba enamorando al hijo más pequeño. ¡Por favor! ¡El niño tenía como ocho años!
Estaba loca de remate.
Jacob Hoffman
—Debes responsabilizarte, Jacob. No vas a estar toda la vida actuando como un niño inmaduro.
—¡Tranquilízate! ¿Quieres que aplique a tu estúpida universidad? ¡Bien! Lo haré. Pero déjame en paz —digo, señalando a mi madre y a Evans—. Todos ustedes... déjenme en paz.
—¡Jacob! —dice mi madre.
—Llegaste hoy y ya quieres joderme la vida. Vete a la mierda, Evans.
Evans, el orgullo de mis padres. El que lo hace todo bien. Toda esta familia quiere manejarme como un títere. Quieren que sea el niño bueno que trabaje en la estúpida empresa familiar. Ya les dije que haré lo que quieran, pero que no se metan en mis asuntos.
—Por cómo vas, dudo mucho que te hagas cargo de la empresa —dice Evans.
—Entonces hazte cargo tú y no me jodas.
—¡Sabes que es lo que más deseo! Pero no puedo, ¡porque tu estúpido abuelo te dejó todo a ti, pedazo de imbécil! —grita Evans—. ¡Y te estamos haciendo un favor mi padre y yo, manteniendo "TU EMPRESA" hasta que te gradúes!
—¿Qué está pasando aquí? ¿Y esos gritos? —aparece mi padre. Ruedo los ojos y me tiro al sofá.
—Tu hijo ni siquiera ha aplicado a la universidad. ¡Y sabes por qué! ¡Porque no le interesa! —grita Evans, igual de frustrado.
Evans vino de ese viaje hecho un volcán.
—Lo que necesitas, hermanito, es una buena cogida para que te desestreces —suelto, solo para provocarlo.
—¡Jacob! Por favor —dice mi padre en tono de regaño—. Aplicarás antes de mañana y no quiero excusas.
Y Evans, es cierto, estás demasiado estresado.
—No sé qué haría yo sola con estos dos locos —balbucea dramáticamente mi madre mientras se aleja—. ¡Van a matarme del corazón!
Esta familia es una locura.
Me levanto y me dirijo a la cocina, alejándome de ese circo.
—¿N-necesita algo, señor? —pregunta una de las empleadas, temblorosa.
Emma, si no me equivoco. Me encanta cuando las mujeres tiemblan por mí.
—Llévame algo de beber al jardín —suelto, sin mirarla.
Cojo el teléfono y llamo a Gadiel.
—¿Bueno?
—¿Qué haces?
—Nada. Estoy aburrido en casa.
—Igual yo.
—Hay exhibición hoy. ¿Vamos?
Asiento y cuelgo. Necesito distraerme.
—A-aquí tiene, s-señor —dice Emma, trayéndome una limonada.
Sus manos tiemblan. Deja el vaso cerca de mí y noto su escote. La miro. Ella me devuelve la mirada, primero asustada... luego desafiante.
—Puede que en la noche llegue cansado —digo, acercándome a su oído—. Tal vez necesite un masaje.
Ella sonríe pícaramente. Me doy media vuelta y me voy. Subo al coche y me dirijo a casa de Gadiel.
Este me recibe con cara de pocos amigos.
—¿Y ahora tú? ¿Qué tienes? —pregunto mientras caminamos por la sala.
Antes de que responda, dos siluetas aparecen. Son Andi y su amiga. Traen enormes sonrisas... que se desvanecen al vernos. Andi se veía tan pequeña, con ese camisón de Bob Esponja. No pude evitar reírme por dentro.
—Gadiel, estaremos ocupadas. No nos molestes —dice Andi, molesta.
—Pensé que querrían ir a tomar algo conmigo y con Jacob —dice Gadiel—. Pero como estarán ocupadas...
¿Ellas? ¿Salir con nosotros? ¿Y a este que mosca le picó?
—Bueno... podemos hacer una excepción —dice Andi, cruzándose de brazos—. ¿A dónde nos van a llevar?
Gadiel me mira como si yo supiera. No tengo ni idea.
—A las exhibiciones —dice.
—No, gracias. No estamos para fiestas hoy —contesta Dess.
—Entonces, ¿a dónde quieren ir? —dice Gadiel. Las chicas se miran y sonríen.
Esto no me gusta nada.
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Andromeda Ⓒ
RomanceElla, una virgen con las hormonas fuera de control. Él, un mujeriego con ambición desmedida y un ego que rozaba la arrogancia. Para entender esta historia, debemos retroceder en el tiempo... Cuando yo solo era una chica de preparatoria, y él... el c...
