8- El examen.

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No sé cómo reaccionar ante todo esto que me está diciendo Alan. Es justo lo que trataba de evitar, pero finalmente pasó. Aquí estoy, en un techo, con más de cien personas debajo de nosotros, y él declarándome su amor.

Esto es horrible. ¿Ahora qué le voy a decir?
No quiero lastimarlo, pero tampoco quiero llenarlo de falsas esperanzas. Él es una buena persona... pero lamentablemente no me transmite lo que me transmite Jacob. No me mueve cielo y tierra.
Jacob, en cambio, me mueve hasta el alma.

—Por favor, di algo... —susurra Alan, esperando mi respuesta. Y justo cuando reacciono y estoy a punto de hablar, él pega sus labios a los míos.

¡Mierda!

Sus labios se mueven con desesperación, pero yo no siento nada.
Solo asco.
Ese beso fue horrible, nada comparado con Jacob.
Quise quitármelo de encima, pero él me aprieta más, impidiendo que siquiera pueda moverme.
Empiezo a forcejear más fuerte, pero ni así logro zafarme. Siento cómo su mano toca uno de mis senos e intenta quitarme la blusa. Sigo tratando de liberarme.

—A-Alan, ya basta, suéltame...

—Dime que al menos sientes algo por mí, y te dejaré.

—¡SUÉLTAME!

—¡ALAN, SUÉLTALA! —grita una voz que me llena de alivio.

Siento cómo alguien tira fuertemente de él, haciendo que me libere.

—¡Por Dios, Andi! ¿Estás bien? —pregunta Dess mientras me abraza.
—¿Eres idiota o qué te pasa? —escucho a Jasper regañar a Alan.

Jasper lo tiene contra la pared, tomándolo del cuello.
Yo aún no puedo creer lo que acaba de pasar.
Jamás imaginé que Alan fuera capaz de hacer algo así.
Es verdad que no hablaba mucho, pero esto... esto fue demasiado. Si Dess y Jasper no hubieran llegado... no quiero imaginar lo que habría pasado.

—Quiero irme —susurro, con lágrimas en los ojos.

—Yo la sacaré de aquí. Tú encárgate del imbécil este —dice Dess, y Jasper asiente.

Caminamos dejando atrás el desastre.
Dess me sostiene y busca a Gadiel con la mirada.

—Por favor, Dess... no le digas nada —suplico.

—No te preocupes. Claro que no le diré nada. Si se entera, es capaz de matar a Alan.

Lunes.

    Escucho la maldita alarma sonar, y lo último que quiero es levantarme. Este fin de semana fue demasiado traumático. Hoy empieza una nueva semana... y siendo lunes, mis ganas de levantarme no existen.

Pero debo hacerlo.
Hoy es el examen de matemáticas.

Me levanto y voy al baño.
Me miro al espejo... y estoy hecha un desastre.
Los nervios me invaden y mis ojos se aguan.
Si no hubieran llegado a tiempo...

Veo un moretón en mi brazo, del agarre tan fuerte que Alan me dejó. Suspiro y me meto a bañar, tratando de relajarme. Luego me pongo el uniforme: falda corta, medias largas, camisa blanca, chaqueta negra y botas altas. Suelto mi cabello y bajo a desayunar.
Es raro no ver a nadie despierto aún. ¿O quizás...?

Busco el celular rápidamente. Casi me da un infarto pensando que me levanté en vano. Pero no... son las 7:00, y entramos a las 7:30.

—Buenos días —dice mi hermano, ya cambiado—. ¿Y este milagro? ¿Tú lista primero que yo?

—Es que hoy es el examen —digo mientras tomo un sorbo de jugo.

Mentira. No dormí nada anoche.

—Más te vale que lo pases.

Andromeda ⒸHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora