En el momento en que Douma dejó con vida a esa mujer, su vida se volvió un poco "diferente". Sentía el mismo vacío. Todo el tiempo fingía interés, emociones y esas cosas de humanos que él consideraba superficiales. No cambiaba su forma de ver las cosas; su vida seguía una trayectoria en blanco, sin chispa. La vez que recordó a Kotoha, cuando la salvó del maltrato de su esposo y la agarró de forma brusca, sintió un vacío. No sabía qué le había pasado; andaba vacilando todo el tiempo. ¿Qué tenía esa mujer? Y ¿qué hay de Inosuke? Aunque ignoraba a Inosuke la mayor parte del tiempo, cuando estaba con Kotoha le sonreía o le prestaba atención, pero siempre evitaba tener contacto con ese muchacho salvaje.
Inosuke, ya con 16 años, se movía por todos lados, inquieto y con un carácter competitivo. ¿Quién imaginaría que ese carácter era por juntarse con puros jabalíes salvajes, mientras Kotoha y Douma estaban ocupados en sus asuntos de adultos? Inosuke no paraba de atacar lo primero que se le cruzara; nadie lo ganaba en una competencia, él lo haría mejor, y si perdía, lo volvería a hacer, porque él es muy ¡terco y cabeza dura!
—Mi amada Kotoha, ¿qué sentimientos tienes en estos momentos? —preguntó con una sonrisa el demonio mientras sus ojos permanecían cerrados.
—Kotoha suspiró relajada, sonriendo dejó de darle palmaditas en su regazo para acercar su cabeza y colocarla en su pecho. Con la mirada entreabierta, estando muy cerca del rubio, respondió— pues verá Douma-sama, siento mucha felicidad estar aquí contigo y con mi hijo. Ver cómo me salvaste me dio esperanza de una nueva vida. Estoy contenta, realmente valió la pena haber corrido aquella vez —dijo eso último casi con la voz un poco quebrada y rota, aun manteniendo la sonrisa.
—Douma abrió los ojos para prestarle atención y al ver que caían unas lágrimas, el demonio sacó una de sus manos detrás de su cabeza y acercó gentilmente su mano para deslizar unos dedos debajo de su lagrimal y secar esas gotas, diciendo con una sonrisa— cada vez que te pregunto, siempre lloras, señora. ¿Cómo es posible? —dijo mostrando sus colmillos con una gran sonrisa.
—La mujer se asustó, sin pensar que estaba llorando, colocó una mano en su mejilla y con un leve rubor le respondió en voz baja— lo lamento mucho, no lo puedo evitar. Me contenta que me preguntes, siento que sigue siendo algo nuevo para mí, no lo puedo evitar. Estoy tan feliz que es imposible creer que tú seas quien me salvó.
—Kotoha dirigió su mirada al demonio, y él se acercó más a su rostro para colocar sus dos manos en sus mejillas y con solo sus pulgares en su rostro, sintió su respiración cerca —¿D-Douma-sama? —dijo la mujer en susurro debido a la cercanía del mayor.
De repente, Inosuke abrió la puerta de la habitación de un golpe, con sus dos espadas y como siempre, ¡sin camisa! Solo con sus pantalones y su cuero en medio de su cadera.
—¡Mamá, adivina quién tiene hambre! —decía Inosuke con el ceño fruncido.
—¡Inosuke! —la mujer ya estaba muy roja, interrumpida por su hijo en medio de "¿algo? ", sobresaltada se levantó y se sentó en la esquina de la cama— iré enseguida, cariño. ¿Y qué te he dicho sobre entrar a una habitación así?
—Lo sé... Lo siento, solo que me dio hambre, mamá, ya sabes cómo me pongo —decía haciendo pucheros.
—Son las 10 de la noche, deberías estar durmiendo —cruzó los brazos mirándolo en la puerta parado con sus dos espadas en manos.
La madre se terminó de parar de la cama, sacudiendo y arreglando un poco su yukata con sus pequeñas y delicadas manos.
—Se acercó a su hijo con una sonrisa, sosteniendo sus manos para quitarle las espadas— que sea la última vez que te vea con las katanas a estas horas, ¿de acuerdo? —le dio un beso en su carita, haciendo que el contrario se pusiera rojo, medio enojado.
—Y-ya está bien, mamá. ¿Por qué me tienes que besar frente a él? —decía Inosuke con la mirada a otro lado de la furia.
—Llevas todo el día sin verle y ni siquiera lo has saludado. Iré a hacerte algo de comer y me llevaré esto —decía juntando las dos espadas para salir de la habitación.
Douma se había quedado en silencio nuevamente, cerrando sus ojos, ignorándolo con sus pies cruzados y sus brazos detrás de su cabeza con su almohada y ropa de siempre.
—Inosuke notó cómo lo evitaba y furioso se acercó a Douma, cruzando sus brazos en puños fríos y crujiendo los dientes— ¡¿POR QUÉ ME EVITAS?! —decía eso último con humo saliendo de su nariz.
—¿Cómo? ¿Yo? No, cariño, Hashibira, jamás ignoro a la gente patética —decía en burla para provocar su enojo.
—¡¿A quién le dices patético?! —se acercó a la esquina de la cama para estar parado frente a él, aunque él estaba recostado en la cama.
—Bajó la mirada para ver cómo sus ojos permanecían cerrados y luego infló sus mejillas de rabia— sé hombre y abre los malditos ojos, ¡carajo!
Douma no abrió sus ojos, pero podía sentir su presencia cerca, así que con sus sentidos solo alzó su mano y lo acercó al torso desnudo del azabache. Lo acarició con la yema de sus dedos mientras deslizaba sus dedos poco a poco hacia abajo.
—Acaso... ¿me estás provocando, Hashibira? —dijo Douma con una sonrisa sádica, para abrir lentamente sus ojos y clavarlos en los de él.
—Inosuke no esperaba que el mayor dijera eso tan repentinamente. Se puso nervioso, obviamente no lo creía, era imposible, ¿no?
—¿No dirás nada, Hashibira? —posó sus dedos un poco más abajo, casi llegando a sus pantalones.
En ese momento, entró Kotoha con la comida para su hijo, con una sonrisa viendo que ya se llevaban bien.
—¿La están pasando bien? —decía colocando la bandeja en la mesita de al lado, que tenía Douma en su habitación.
—El mayor retiró sus dedos discretamente de su abdomen, pero su mirada se mantenía en él— tu madre te hizo una pregunta —dijo con la misma sonrisa.
—Bien, madre. Iré a comer en mi habitación, tú también deberías hacerlo —dijo con frialdad, mirando con mala gana a Douma, y luego tomando su bandeja de comida y saliendo de la habitación con disgusto.
—Douma, ¿todo bien? —se dirigió al mayor con la intención de saber la verdad.
—Él aún no confía en mí, cuando los adolescentes siempre pasan por un proceso de odio y rebeldía. Hay que darle tiempo, no hay prisa —dijo con una sonrisa de lado, mostrando su colmillo.
—Sí, mi señor, lo haré entender para evitar malos entendidos con mi hijo y contigo. Él se comporta así muy regularmente. Está saliendo mucho del templo y ya no pasa tiempo con nosotros. Aprenderá con algo de modales cuando se dirija a ti, señor Douma-sama. Inosuke debe comprender la gravedad de sus acciones y saber que gracias a tus atenciones estamos a salvo —con una tenue calidez, sonrió a Douma, con la mano en su pecho mientras lo miraba con sumo respeto.
Diciendo eso último, Kotoha Hashibira, como todas las noches sin falta, se acercó al mayor ya acostado, besándole la mejilla con ternura. El chico ya con una sonrisa en sus labios lo recibió, cerrando sus ojos. Acomodó algunas cosas antes de salir de la habitación de Douma, para al fin apagar las luces y cerrar la puerta con total delicadeza.
—Susurrando al final de todo— buenas noches, Douma-sama.
Douma sintió que la sangre le subía a la cabeza; quería matar a ese niño, no lo soportaba por dentro, pero lo toleraba. Aun así, quería comer y beber su sabrosa sangre. Era su próximo objetivo.
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Un psicópata con deseos | Douma x Inosuke |
Fanfiction¿Realmente algo cambio en el? Un demonio psicópata con deseos compulsivos de matar. Un demonio sin una pisca de empatía ante las personas que devora. ¿Ese demonio quizás sintió amor una vez? Kimetsu no yaiba. los personajes no me pertenecen. Abra c...
