III

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Luego de un tiempo. Varias semanas para ser precisos, parecían los mismos días de siempre. Douma luchaba con todas sus fuerzas para contener su demonio interior, tolerando a las personas que le rodeaban al punto de fingir que la pasaba bien. A veces, se preguntaba si no se estaba volviendo loco, ¿en qué mierda se había convertido para aceptarlo?

En un oscuro callejón de la ciudad, Douma estaba alimentándose, aunque lo hacía con cuidado para no levantar sospechas. Había ido allí para comprar algunas cosas que Kotoha le había pedido, pero aprovechó el momento para saciar su sed. Estaba sediento. Con sus colmillos arrancaba la piel de las víctimas, estirando todo, hasta derramar toda la sangre posible, se encontraba sentado en el frío suelo. 

Con descaro, lamía la sangre que goteaba de las extremidades arrancadas en sus manos, saboreando cada milímetro de ese espeso líquido. Su sonrisa era amplia y sus mejillas estaban rojas de intensidad. Habían dos humanos con vida, abrazados y aterrorizados. Observaban con miedo cómo el demonio cometía esas masacres, temblando ante la inminente amenaza que representaba. en la esquina del callejón. No había salida alguna.

—¿Y bien?, uno de ustedes me explica: ¿Qué estaban haciendo esos dos? —pregunto Douma con plenitud, fijando sus ojos en ellos con intensidad.

—¡¡Aléjate de nosotros, demonio!! Si nos vas...—dijo de último siendo apuñalado por la espada que lanzó Douma.

La mujer soltó un grito desgarrador, cayendo de rodillas al suelo con su cabeza agachada, su frente pegada al piso. Suplicaba desesperadamente por una oportunidad, prometiendo no revelar nunca lo que había presenciado y rogando por clemencia para que su vida fuera perdonada.

La sangre derramada del otro sujeto fluía por las piernas de la mujer, pero esta permanecía inmóvil, petrificada por el miedo de correr la misma suerte.

—Qué lástima que haya muerto, esa pobre alma ahora está a salvo de este mundo lleno de dolor —dijo, fingiendo tristeza en su expresión, para luego cambiarla drásticamente y señalar con elegancia, mientras lamía sus dientes manchados de sangre— entonces, tú... ¿puedes decirme la verdad? Tal vez te deje vivir.

—¡E-estábamos en una fiesta, y bebimos demasiado!... ¡¡Él era intolerante al alcohol! Estaba muy borracho. Nos metimos en este callejón con la idea de deshacernos del deseo que nuestros cuerpos sentían. Nuestros impulsos carnales, eso es todo. Solo eran deseos que necesitábamos saciar —dijo con voz quebrada pero firme, levantando lentamente la cabeza—. Eso es todo... —susurró aterrada, temiendo por su vida.

«¿Deseos carnales, dices?» penso el demonio.

—Muy bien, señora —dijo con una amplia sonrisa, dando un solo y leve aplauso con sus manos— eso era todo lo que quería saber.

—¿Me dejará viv...? —dijo entre cortado, ya siendo asesinada por las garras de Douma, arrancándole la cabeza.

—Qué lástima que yo nunca desperdicie los sacrificios de mis colegas —reia sadicamente, Douma.

El demonio salió de la ciudad para regresar a su templo, que quedaba apartado de la civilización. Corrió a gran velocidad hasta su territorio, llegando en un día, ya que el camino era largo y angosto. Llevaba en sus manos el pedido de Kotoha, que le había encargado unas frutas, carnes y otro futón para Inosuke, ya que el anterior era muy pequeño para él. Al llegar a su destino esperado, tocó la puerta de la entrada.

Fue recibido por la mujer de cabellera negra, con sus hermosos ojos, una yukata verde que le había regalado Douma y un peinado impecable.

—Hola, mi señor, bienvenido de nuevo —dijo Kotoha con una sonrisa, haciendo una pequeña reverencia inclinando su cabeza.

—Hola, Kotoha. ¿Cómo lo pasaron sin mí? —pregunto riendo, mientras entraba con las cosas en las manos y las dejaba en la gran mesa, excepto el futón, que aún sostenía.

—Estábamos esperándolo con ansias, mi señor. Aunque si es difícil viajar tan lejos para conseguir lo que te pido, podría ir yo sin problemas. Me sorprende que puedas llegar tan rápido a la ciudad, queda al menos a 2 días en tren —dijo, pensativa, con la vista en el techo del templo y su dedo índice en su mentón.

—No se preocupe por mí, esto no es un problema, es ejercicio para mí. Además, ustedes merecen el mejor trato posible —argumento Douma, con una amplia sonrisa fingida, dirigiéndose al fondo de las habitaciones, dándole la espalda a Kotoha, quien también sonreía.

—Muchas gracias, Douma-sama —respondio enseguida ella, sonriendo antes de cerrar la puerta del templo.

Douma buscó la habitación de Inosuke. Su relación con él no era muy estrecha; el demonio de ojos arcoíris siempre evitaba a ese muchacho tan irrespetuoso y desordenado. Ni él mismo sabía la razón por la que lo ignoraba tanto.

Se encontraba frente a la habitación del menor y tomó la manija de la puerta para abrirla lentamente. Asomó su cabeza para observar si Inosuke se encontraba dentro.

—Este olor... —susurro el demonio.

Allí estaba el azabache, de espaldas, recostado en su pequeño futón con sus músculos al descubierto, como siempre, estaba en forma físicamente. No se había percatado de que alguien abrió la puerta, Douma era demasiado sigiloso.

Pero su maldita voz, al escuchar la voz del azabache.

—Ah... Ahh... 

Se escuchaba la voz en susurros, para no ser escuchado.

—... —Douma tragó fuertemente su saliva en total silencio, escuchaba claramente esa voz.

Era efectivamente auditivo para los oídos de Douma, era un demonio muy definido. Si se concentraba, podía escuchar hasta cómo bajaba y subía la piel, con sus manos en su miembro varonil.

El ojiverde se estaba tocando con sus manos. Douma no podía creer cómo era posible eso. En toda su vida con él, jamás pensó que sería capaz de tocarse así mismo, de buscar su "deseo" en su propio placer. Era la primera vez que el demonio se había quedado frenético, con sus pensamientos en blanco.

¿Qué era ese estúpido alboroto en los pensamientos del demonio? Había visto tantas cosas, las mismas tonterías con otras personas: haciendo el amor, tocándose, cuerpos desnudos, etc. Pero con él, ese idiota que lo evitaba a toda costa, ese mocoso sin paros en la lengua, sentía un freno que no experimentaba con otras personas. Era como si le diera asco y repugnancia ver a otros seres, pero Inosuke parecía diferente a todo lo que había visto. Algo en él lo intrigaba y lo atraía.

Un psicópata con deseos | Douma x Inosuke |Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora