IV

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Inosuke Hashibira se encontraba en su habitación con su celular que le habían dado hace tiempo, así que sabía cómo usarlo. Estaba cansado tras haber pasado varias horas fuera. De repente, recordó la vez que Douma le acarició el abdomen de manera sutil, provocándole un hormigueo que no comprendía. Buscó en su celular si había alguna respuesta.

Buscó cómo deshacerse del hormigueo en la entrepierna y sus ojos se abrieron sorprendidos. Habían instrucciones paso a paso sobre cómo hacerlo. Inosuke, a veces tan inocente y brusco, se sentía frustrado por tener esa sensación tan inquietantes.

«Parece que sacarlo me hará sentir normal de nuevo» pensó Inosuke.

Se sentó para seguir los pasos. Con su mano izquierda sostenía el celular y la derecha estaba libre. Bajó un poco su cuero de piel y los pantalones, dejando su miembro al descubierto. Estaba de espaldas a la entrada de su habitación, sentado en su futón pequeño.

Miró nuevamente su celular y con una expresión desinteresada siguió leyendo los pasos en voz baja solo para él. No sabía leer mucho, pero hacía su mejor esfuerzo. Afortunadamente, había imágenes como ejemplo.

―Habrá que agarrarlo ¿de esta manera? ―murmuró el azabache, concentrado.

Siguiendo los pasos que se mostraban poco a poco, su cuerpo se fue relajando, sintiendo más calor en su interior.

Inosuke siguió los pasos con cautela, experimentando nuevas sensaciones. Algo dentro de él se despertaba, y se sentía bien. No estaba seguro de qué era, pero lo disfrutaba.

―¿Qué es esto?... se siente bien ―susurro bajo el menor, mientras continuaba tocándose.

La velocidad fue aumentando, y se dejó llevar por el placer que experimentaba. Su rostro cambió completamente, nunca antes había sentido algo así. Su respiración se aceleraba y no podía evitar soltar suspiros. Su cuerpo le pedía que se desahogara en gritos, como si fuera involuntario, como si quisiera liberar todo lo que tenía dentro. Gemía y jadeaba sin control. Pero manteniendo ese silencio mudo y casí ahogado.

Su mundo se reducía a las sensaciones que experimentaba en ese momento. Era una experiencia desconocida pero placentera, y él se dejaba llevar por la suavidad de aquel momento íntimo. Su mano ya estaba con el líquido natural de su miembro la cual le hacia más fácil masturbarse con rapidez, su piel bajaba y subía con gran brusquedad, el azabache no sabía que podía producir aquellos sonidos, no sabía que podía hacerlo. Y siguió más rápido.

La puerta se escuchó un poco, pero Inosuke estaba tan concentrado que no le dio importancia.

―Ah... ahh... ―gimió Inosuke.

Douma estaba allí, con una amplia sonrisa, casi jadeando en susurros silenciosos, con el deseo de tocar la piel del menor.

―Maldición... ―murmuró el ojiverde, su voz entre cortada.

Apretó los dientes mientras sentía cómo se corría, jadeando mientras su mano dejaba de moverse. Bajó la mirada y contempló cómo se liberaba, su semen blanco y espeso despedía un olor gratificante y excitante. Era la primera vez que se tocaba de esa manera, y sin darse cuenta, pensó en él.

Inosuke levantó su mano, llena de semen, y acercó su dedo a su boca, dándole una lamida sintiendose satisfecho.

Cuando recobró la conciencia, miró a su alrededor para asegurarse de que no había nadie.

No había nadie allí.

Douma había retirado sus pasos para no ser descubierto, tenía en su mente grabada la imagen de cómo Inosuke se tocaba y sus gemidos, eran únicos. Con el futón en las manos, lo dejó en la entrada de la puerta y se retiró por completo, con una sonrisa de lado.

Un psicópata con deseos | Douma x Inosuke |Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora