Otro pétalo más se había vuelto violeta durante el camino hasta la plaza central de la ciudadela y aun que eso significaba que pronto terminaría su última prueba Timoteo no se sentía satisfecho, el esperaba más peligro, aventura o desafíos, a pesar de la desesperación que había sentido al principio al no poder dar con el paradero del príncipe, la misión había resultado ser demasiado sencilla. Los patéticos intentos del príncipe por escapar no habían hecho más que agrandar esa decepción en su pecho, Timoteo de verdad esperaba una gran batalla. Lo único realmente interesante de esta prueba era la peculiaridad del mundo que vivía en una oscuridad perpetua e inmutable, la particular y muy conveniente fuente de energía lumínica que proporcionaban las flores y los árboles de este lugar, y el susurro y constante compañía de las voces en su cabeza, así como la sensación de que alguien lo acechaba, que habían desaparecido en algún momento, más que sentirse aliviado por esa ausencia, se sentía alerta y preocupado, como si algo lo hubiera abandonado y necesita encontrarlo nuevamente y retenerlo junto a él para sentirse completo.
Esa angustiante sensación lo había acompañado durante toda su espera, sentado en una banca, bajo la sombra de una enorme y grueso árbol de coloridas hojas lilas, como las de la flor que en ese momento mantenía entre sus manos a la espera de que el último pétalo se torna violeta. Junto a él, desparramado de una manera poco elegante, se encontraba aún inconsciente el príncipe elfo, quien agradeció, Timoteo, siguiera respirando y con vida después de haber recibido tal golpe en la cabeza y haberse desplomado desde varios metros de altura. Su misión consistía en encontrar al elfo y llevarlo de vuelta al castillo. No se lo había dicho pero ahí se encontraba implícito que tenía que regresar con vida, llevar la heredaron muerto no era una opción, llevarlo inconsciente tampoco era una, por lo que esperaba que mientras el último pétalo se volvía violeta el príncipe Eider despertara y se encontrará lucido una vez que estuvieran en las puertas del castillo. Mientras tanto esperaré en calma, una calma que se vería afectada y perturbada por una serie de eventos que causaron en la vida de Timoteo un gran impacto a partir de ese momento.
El príncipe elfo, vio su oportunidad de escapar después de horas fingiendo estar desmayado, cuando Timoteo se distrajo con la vista de los capullo y las flores que comenzaron a abrirse y las hojas de los árboles que destellaban anunciando la hora de la clarificación. De un movimiento se lanzó hacia un lado y corrió alejándose lo más posible de él, antes de que todo la plaza se llenara y no pudiese huir entre la multitud.
Para cuando Timoteo se dio cuenta de la huida del príncipe era demasiado tarde. La plaza estaba atiborrada de personas que rodeaban el árbol bajo el que se encontraba sentado y a lo lejos la cabellera platinada del elfo ondea victoriosa con su escape. Lo había perdido, habia sido un completo lerdo tonto al no darse cuenta de que solo estaba finguiendo, esperando el momento para escapar y ahora encontrarlo de nuevo antes de que el la flor fuera completamente violeta le seria imposible.
Decidido a ir tras él se puso de pie, pero las voces en su cabeza volvieron a hacerse presentes, chillando, gritando y contando repetidas veces: “Es la hora, es la hora, Ya llegó, Ya está aquí, Por Fin está aquí, Ambos están aquí”, el fuego en su pecho ardió con violencia salvaje y la presión sobre su corazón lo dejo sin aire y lo mandó de rodillas al suelo. A su alrededor la multitud de diferentes criaturas lo miraba con grandes ojos expectantes sin hacer ni el más mínimo movimiento o señal de auxiliarlo. En el cielo oscuro, cientos de pequeñas criaturas aladas y brillantes llenaron el cielo creando una una aurora danzarina sobre ellos, llenando de luz la oscuridad inmutable que los rodeaba. A su espada de Timoteo el gran árbol se iluminó en su totalidad, desprendiendo chispas y rayos en todas direcciones, haciendo difícil mantener los ojos abiertos y de repente la luz se apagó, las voces fueron silenciadas el fuego en su pecho y el dolor desaparecieron dejandolo livido, aun arrodillando. Un eco silencioso en toda la plaza.
Lentamente Timoteo alzó la cabeza solo para encontrarse frente a él que la multitud había sido dispersada y no quedaba nadie más, salvo por él y una preciosa joven de larga cabellera negra y grandes y resplandecientes ojos marrones que lo miraban desde arriba con una pequeña sonrisa de alegría. Alegría que se reflejaba en sus ojos. Ella era, la criatura más excepcionalmente hermosa que había visto jamás en su vida Timoteo e iba descalza y llevaba un ligero vestido de satín rosado. Demasiado delgado y ligero para el frío glaciar que imperaba en el reino entero.
-Cazador-dijo la joven con voz suave y melódica-mi cazador, te he esperado tanto tiempo.
Con dos largas, fluidas y elegantes zancadas se acercó a Timoteo que se ponía de pie y cuando estuvo a pocos levantó su mano y con su delgadas y etéreas manos sostuvo el rostro del cazador entre sus manos, ahuecando sus mejillas.
-Por fin estás en casa, conmigo, Timoteo-susurro ella sonriente.
Una corriente helada atravesó a Timoteo de pies a cabeza, hielo cálido se extendió en su interior y una refrescante brisa abrazó su ser. Un sentimiento de absoluta satisfacción lo embriagó y el vacío en su pecho se evaporó, reemplazado por la más completa de las calmas y la felicidad. Estaba completo, no sabía como, no sabia porque pero en ese momento, junto a esa preciosa joven, en ese mundo helado y oscuro, por primera vez en todo su vida se sentía completo. Un susurro tintineante en su mente le llamó. Una pequeña chispa ardió en su venas y una serie de recuerdos inconclusos e inconexos aparecieron en su memoria hasta detenerse en uno con la imagen de la dama frente a él y la voz de millones de campanitas, que le decían el nombre de ella.
-Nirelle-murmuró asombrado. Ella asintió y su sonrisa se amplió encantada.
Entonces y sin previo aviso, a los pies de Timoteo, donde había caído la flor en su conmoción, el último pétalo de la flor se volvió violeta, la flor volvió un borrón de chispas y desapareció, llevando a Timoteo con ella, arrancandolo de las manos de la hermosa Nirelle, devolviendolo al sentimiento de vacío en su interior y mandandolo a través del viaje hacia la delicia de la oscura inconciencia.
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CAREVER
Short StoryTimoteo es un joven impetuoso cuyo esfuerzo y determinación lo han llevado a buscar cumplir con su destino. Un destino que lo guiara a descubrir una verdad sobre su vida que le fue negada desde su nacimiento.
