Deambulando por las calles y callejuelas, en busca de información o una señal que le indicara algo sobre el paradero del príncipe heredero al que no conocía y del que no sabía nada, ni siquiera el cómo era, comenzaba a sentirse como un enorme bobo, perdido, incluso más perdido que él mismo príncipe. ¿Cómo demonios iba a dar con él si no tenía ni una pista? no tenía ni el más remoto indicio o rastro por seguir. Llevaba un buen rato caminando sin ningún rumbo, tanto que incluso dos pétalos de la flor-traslador se habían tornado ya de un púrpura brillante e intenso. El tiempo comenzaba a agotarse y el seguía igual que al principio, con las manos vacías y un zumbido de advertencia en su mente.
Probablemente debió haber ido al palacio primero, ver y examinar el sitio del altercado, tal vez así podría haber conseguido un rastro o pista que seguir, tal vez debió haberlo comentado a su padre para que le permitieran acompañarlos hasta el castillo, tal vez debió haber pensado en todo aquello, tal vez…tal vez solo estaba buscando excusas para aliviar el peso de la ineptitud que atenazaba a su orgullo magullado, pues el esperaba completar su misión antes de tiempo, y para como iban las cosas, cabía la posibilidad de que fracasara por primera vez. La simple idea de ello le resultaba intolerable.
No podía aceptar que aquello pasara, de ninguna manera. No se había dado por vencido antes y no lo haría ahora.
Con esa nueva renovación de incentivo, apresuró el paso, agudizó el oído y camino con rumbo a la zona menos iluminada del ya oscuro reino, un sitio lleno de malvivientes, ladrones y degenerados. Si alguien hubiera capturado al príncipe, por cualquiera que fuese el motivo, seguro llevaba malos tratos y se rodeaba de la más baja calaña de todo Hondyl, y de ser así, ahí encontraría algo. Le parecía una completa insensatez dejarse guiar por simples suposiciones sin ningún fundamento sólido, no obstante, para como estaban las cosas no tenía de otra.
Cuando el tercer pétalo se tornó púrpura Timoteo comenzó a perder la poca calma que había logrado conservar a lo largo del tiempo que llevaba en su búsqueda. Llevaba, lo que le parecía a él, una eternidad caminando entre la basura, ratas, olores desagradables y la más despreciable de las compañías a través de los barrios bajos y no había obtenido nada salvo por un intento de asalto a su persona y una paliza a un degenerado exivisionista. A punto estaba de darse por vencido mientras pateaba una piedrecilla con la punta de la bota cuando escucho el conocido alegato de una riña callejera. Cuidadoso, camino en dirección del alboroto, procurando no ser visto, escondido detrás de un muro mohoso; observó a pocos metros de él un tumulto de personas reunidas, presentado lo que parecía ser una especie de cuadrilátero improvisado dentro de lo que parecía un granero olvidado o algo parecido. Las personas gritaban y silbaban conforme los puños iban y venían en un intercambio cada vez más violento.
Oculto entre las profundas sombras de la callejuela se hizo paso hasta encontrarse lo suficientemente cerca y tener una mejor apreciación del lugar. El sitio parecía apunto de derrumbarse. Una multitud eufórica llenaba el recinto, pequeños sacos de lo que Timoteo creía era dinero, se veían pasar de mano en mano, de un lado a otro. No era más que una pelea ilegal repleta de ociosos espectadores y apuestas.
-¡10 HODILS! ¡10 HODILS AL CAMPEÓN DEL ELFO!-gritó alguien entre la multitud llamando la atención del joven cazador.
El campeón del elfo, había dicho. Elfo.
Con un hambre voraz sus ojos escanearon nuevamente el lugar y la multitud, con cuidada meticulosidad. No podía, no, más bien, no debía dejar pasar ni el más mínimo detalle por alto, después de todo, los elfos en Hondyl constituían en su totalidad solo el uno por ciento de la población en el mundo de la oscuridad perpetua, un porcentaje unicamente correspondiente al de la familia real, los únicos elfos en todo Hondyl y si entre los apostadores se encontraba uno de ello, cabía un remota y mínima posibilidad de que fuese el príncipe u otro miembro de la familia real, y esa era la mayor pista que había obtenido desde que había comenzado a correr el tiempo. Además ¿qué podría hacer un elfo codeándose con la más baja calaña, en las zonas más peligrosas de todo el reino?
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CAREVER
Krótkie OpowiadaniaTimoteo es un joven impetuoso cuyo esfuerzo y determinación lo han llevado a buscar cumplir con su destino. Un destino que lo guiara a descubrir una verdad sobre su vida que le fue negada desde su nacimiento.