CAPÍTULO 6

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El beso comenzó a calentarse poco a poco. Isma me metió la lengua hasta la garganta sin previo aviso, y obviamente yo no protesté. Es más, yo también metí mi lengua. Casi me corro solo con el sonido.

Había estado deseando esto demasiado tiempo, pensé que todo estaba perdido pero...

Me subí encima de él. Puse las piernas a los lados y dejé que sus manos recorrieran mi cuerpo de arriba a abajo, todo ello sin dejar de besarnos. Entonces se separó de mí, pero solo para desplazar su boca a mi cuello, donde empezó a chupar y morder. Supe que me quedaría marca unos cuantos días.

Se volvió a separar para continuar besándome, pero aproveché para coger su cara entre mis manos y establecer un largo contacto visual. Sus pupilas estaban muy dilatadas y tenía la respiración muy agitada.

Lo besé de nuevo con pasión mientras bajaba mi mano por su torso hasta el pantalón. Metí la mano con cuidado y enseguida noté su pene. Por el tacto era muy peludo, como a mí me gustaba.

Me puse de pie para arrodillarme al instante. Isma se bajó el pantalón y su notable bulto quedó a la altura de mis ojos. No aguanté más y también le bajé la ropa interior.

Cogí su miembro con mis dos manos, ya que estaba tan levantado y grueso por la erección que no podía hacerlo con una sola. Comencé a subir y bajar el prepucio mientras él soltaba pequeños gemidos que me ponían a cien.

Entonces di una lamida desde abajo hasta arriba y más tarde me la metí entera en la boca. Comencé a hacer los mismos movimientos pero con las manos y la boca a la vez. Ismael no dejaba de gemir, y cuanto más gemía yo lo hacía más rápido.

Pensé que me iba a atragantar de lo grande que estaba, pero continué y sentí cómo un líquido caliente me llenaba la boca. Lo saboreé y me tragué hasta la última gota.

Entonces él me cogió por la cadera y me tiró en el sofá. Me quitó la camiseta y luego el sujetador...

- ¿Mar? ¿Me estás escuchando?

- ¿Qué?

- Isma lleva llamando al timbre como tres minutos. ¿No estabas deseando verle?

Joder... Había empezado a pensar en... Eso. Y ni siquiera había entrado en casa. Había ciertos momentos en los que mi imaginación iba demasiado lejos.

Abrí la puerta roja de la vergüenza, avergonzada por mis propios pensamientos. Pero estaba demasiado cachonda.

- Hola... -dijo al verme.

- Esto... Hola.

No se parecía en nada a lo que había sucedido en mi cabeza. Hubo un silencio demasiado incómodo y demasiado largo, hasta que le pregunté si pasaba. Accedió. Me pareció que hacerle sentarse en el sofá desde luego no era una buena idea. Así que lo llevé a la cocina.

- Bueno, yo quería decirte que... Lo siento... -susurró- Me parece que no me comporté bien, pero también me parece que hemos ido demasiado lejos en muy poco tiempo.

Nada que ver con mis pensamientos. Esto era súper incómodo, y me estaba rechazando o algo así, porque tampoco es que le hubiera pedido nada, pero vamos, que estaba dejándolo todo bastante claro.

- Estoy de acuerdo...

- Sí, bueno... Oye... Me gustas mucho, o eso creo... No sé. Me pareciste muy simpática y después de hablar contigo vi que teníamos bastante en común. Me lancé, bueno, lo intenté... Pero creo que no fue lo mejor. Creo que deberíamos ser amigos.

La cosa iba de mal en peor.

- Sí, sí, claro... O sea, quiero decir... También pienso que fuimos muy rápido...

De nuevo silencio. Incómodo. Muy.

- Pues... Venía a eso...

Miré el reloj de encima de la nevera nerviosa. El sonido del segundero era como una tortura.

- Entonces será mejor que me vaya ya, no quiero entretenerte.

- Bueno...

Se levantó y yo hice lo mismo. Lo acompañé a la puerta en máximo silencio, justo como habíamos entrado a la discoteca. El silencio no era bueno. Después de eso, siempre pasaba algo malo.

Le abrí la puerta y aunque no quería, dejé que se fuera.

- Nos vemos por ahí...

- Vale, adiós... Ismael.

Su nombre se me atravesó en la garganta, y cuando lo solté pareció muy forzado, pero el caso es que lo había dicho.

Cerré la puerta y me apoyé en ella a continuación. Dejé salir todo el aire que por lo visto había contenido durante toda la visita.

El encuentro real no se parecía en nada al imaginado, me atrevería a decir que era lo totalmente opuesto, y que no podría haber ido peor. Había sido de las peores conversaciones de mi vida, si no la peor. Y encima... A saber cuánto tardabamos en recuperar una mínima normalidad.

- Vaya mierda ¿no?

Miré a Rosa, que venía por el pasillo. Por lo visto la miré mal, porque enseguida dijo:

- Vale, sí, estuve escuchando. Pero vamos, que para lo que oí valía más no escuchar nada. Bastante deplorable.

- No me digas.

- Me esperaba, yo qué sé, mínimo un abrazo, una disculpa... No sé. Pero literalmente el único te quiero que te podría haber dicho es "te quiero a diez metros".

Suspiré. Igual sí que estaba un poco pillada. Y eso es una mierda, sobre todo después de la conversación que acababa de producirse.

- Bueno, al menos no te ha dicho eso -continuó.

Al ver que no contestaba ni me movía, siguió hablando.

- Anímate, solo es un tío. Además... Vale, te gusta y tal... Pero, que no te parezca mal, ni siquiera es guapo. ¿Sabes cuántos buenorros hay en el campus? Es que vamos, como llegues a deprimirte solo un poco te arreo.

- Me acabas de decir que si me gusta lo intente, que podría ser bonito y bla bla bla.

- Bueno, podría haber sido bonito. Pero no sé, lo veo bastante jodido ahora mismo. Aunque quién sabe, es muy reciente, igual si dejas pasar un tiempo vuelve a querer.

- No lo entiendes, Rosa. Nos lanzamos con todo sin conocernos, fue como un calentón pero... Fue en serio. Me gusta. Y eso es una putada, porque si me diera igual literalmente pasaría del tema, pero creo que... -dudé si decirlo, porque nunca me había pasado y no estaba segura- creo que me ha dolido.

- La cagasteis los dos, no es que seas una acosadora o algo. Yo creo en los flechazos, aunque no sean frecuentes, pero oye, ahí están. Así que mira, si de aquí a un tiempo os seguís gustando, podría pasar cualquier cosa. Pero deja pasar el tiempo, fue muy incómodo lo del coche, y en la discoteca todo se jodió más.

- Es mi culpa...

- ¿Perdón? Ya te gustaría.

- Sí, es mi culpa, porque si no hubiera ido a provocarle diciéndole lo de que estaba celoso... Todo habría seguido bien. Al fin y al cabo lo del coche fue una interrupción, pero decirle eso... Metí la gamba pero bien metida.

- Estoy de acuerdo, pero él tampoco tuvo que coger y pirarse como un imbécil, las cosas se hablan.

Rosa podía decir lo que quisiera, pero no iba a dejar de sentirme mal, por mucha razón que llevara.

- Creo que necesitas un polvo.

- ¿Qué?

- Lávate la cara y vístete, nos vamos de fiesta.

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