CAPÍTULO 3

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Entramos en el local, la música sonaba muy alta pero es cierto que había bastante menos gente que la que suele haber en otros locales de ocio nocturno.

Los demás ya se habían sentado en un reservado en la esquina, aunque Rubén ya lo estaba dando todo en la pista.

Marcos y Rosa se estaban comiendo la boca y Álvaro bebiendo de su vaso.

En ese momento empezó a sonar "Blin blin" de Bad Gyal, me encantaba perrear esa canción. Me acerqué a donde estaba Rubén sin decirle una palabra a Isma; estaba muerta de vergüenza, si llega a pasar un segundo más le hubiera besado... Y encima de quedarme con las ganas, seguramente no podría mirarle hasta que pasaran unos días. Y eso cuando tienes ganas a alguien es muy difícil...

Miré hacia el reservado, Isma estaba hablando con Álvaro totalmente de espaldas a Rubén a mí. Pero sabía que en algún momento iba a mirar.

Sabía cómo manejar esa situación.

Agarré a Rubén del hombro y lo acerqué a mí. Empezamos a bailar super pegados. Él me puso la mano en la cintura y bajamos hasta el suelo al ritmo de la música. Entonces me di la vuelta y me puse a hacer twerking a Rubén.

Volví a posar mi mirada en Ismael, esperando sorprenderlo, pero fue él quien me sorprendió a mí. Tenía una mirada de asesino, fija en nosotros, con la mandíbula apretada y el ceño fruncido.

No quería que se enfadara, simplemente quería follarmelo. Pero estaba causando el efecto contrario. Pensé que si se ponía celoso, vendría y bailaría conmigo, siendo ese el momento perfecto para terminar lo empezado en el coche.

Pero no se movió ni un centímetro.

Me aparté un poco de Rubén, que no paraba de bailar. En realidad estaba tan ocupado perreando por su cuenta que ni se dio cuenta.

Caminé hacia Ismael, esta vez sin apartar la mirada. Fue como si todo el pudor se hubiese ido de pronto al darme cuenta de que me estaba viendo bailar. Saber que estaba viendo al detalle cómo me movía me había puesto muy cachonda otra vez, y no me iba a ir de ese sitio sin que sintiera mi culo en su polla.

No dejé de caminar hasta que mi cara estuvo a la misma distancia de la suya que en el coche, con las respiraciones entremezcladas y el calentón en el cuerpo. Estábamos como antes, pero en un sitio muchísimo menos íntimo.

Puse mis manos sobre sus mejillas y le pasé la lengua despacio por el labio inferior. Él cerró los ojos, no opuso ninguna resistencia a ello. Es más, hizo amago de besarme de nuevo, pero me aparté un poco.

Lo que sentía por él era algo raro. No era un simple calentón, pero tampoco estaba enamorada obviamente. Simplemente una sensación nueva, y me encantaba tanto que tenía miedo de que si lo besaba y me lo follaba ya se me pasara. Quería alargar ese placer el máximo tiempo posible, dosificarlo.

- ¿Por qué me mirabas así? -susurré.

- ¿Así como?

- Con esa cara, tan serio. Parecía que ibas a explotar.

- Bueno... -miró hacia abajo- Es igual.

- ¿Estás celoso? -aguanté la risa.

Se apartó bruscamente de mí.

- ¿Celoso? Tú y yo no somos nada, además ni te conozco.

Esas palabras me dolieron. Mucho. Más de lo que deberían. Además no había dicho ninguna mentira, pero igualmente...

- Exactamente. No me conoces.

Volví de nuevo a la pista, pero esta vez empecé a bailar yo sola. Después de unas tres canciones fui a pedir a la barra un mojito. Mi intención era pasarme la noche entera bailando, no quería volver a verle la cara a Ismael.

Y aunque fuera verdad, me molestó profundamente lo que dijo.

Esa había sido la primera vez que alguien me había rechazado, pero no pensaba rendirme así como así.

Cuanto más difícil me lo pusiera, más iba a insistir. Y si eso suponía hacer que su pantalón explorara, estaba dispuesta a hacerlo.

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