- ¿Perdón?
Miré a Isma, se había incorporado también al ver la clara tensión reflejada en mi cara.
La respiración se me aceleró un poco junto al ritmo del corazón. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Por qué?
Demasiadas preguntas y muy pocas respuestas, pero aún no podía preguntarle a Rosa, porque probablemente estaba conmocionada o ni siquiera tuviese esa información.
- ¡Que está muerto, hostia!
Pasó de llorar a silencio a gritarme a través del altavoz. Recorrí todos los conceptos que había adquirido durante los pocos meses que llevaba en la carrera de psicología, y recordé una clase que me había gustado especialmente, era temario que dimos por adelantado, y nunca lo habría agradecido más que en este momento para entender a Rosa.
Álvaro es nuestro amigo, y lo más probable es que estuviera en estado de shock, aún cuando me cogió el teléfono, por eso estaba tan callada, no quería aceptarlo. La primera fase sería esa, la negación. Cuando le volví a preguntar digamos que la obligué a verbalizar la situación de nuevo, por lo que, aún en fase de negación, se alteró. Una persona en estado de shock emocional sin ayuda podría acabar mal.
- ¿Dónde estás?
- No...
- Rosa, necesito que me lo digas para poder ir a ayudarte. Respira hondo -me hizo caso, lo sentí a través del teléfono-. Bien, ¿estás sola?
- Con Rubén.
- Vamos para vuestra casa -le oí, un poco lejano.
- Voy para allá.
Colgué.
- Tenemos que irnos, siento joder esto pero...
- ¿Qué ha pasado?
Ahora era yo quien tenía que asimilarlo.
- Álvaro ha muerto.
Lo solté de golpe. Si a nosotras nos había sentado mal, no quiero ni imaginar cómo sería para Ismael, era su amigo desde hacía muchos años, según me había dicho Álvaro una vez.
Isma no reaccionó. Se quedó mirándome fijamente sin pestañear.
Me acerqué a él y lo estreché contra mi pecho. Tras reaccionar después de un par de segundos, correspondió mi abrazo. Empezó a llorar casi al instante. Lo dejé desahogarse, no le metí presión ni dije una sola palabra. Cuando una persona está mal, sobre todo con noticias de este tipo, lo peor que se puede hacer es decirle que no llore o evitar que lo haga. Ninguna emoción es mala, todas y cada una de ellas son necesarias, y hay que sentirlas, aunque nos duela.
- Estoy... Mejor...
Se apartó de mí, con la cabeza gacha secándose las lágrimas.
- ¿A dónde tenemos que ir?
Lo miré de nuevo. No estaba para conducir ni hacer nada, realmente.
- Rosa y Rubén están en mi casa, pero... -al ver que no podía contener las lágrimas, lo tuve claro- Isma, iré yo. Quédate en casa descansando, y llora todo lo que necesites, por favor.
- No, no, quiero ir.
- No.
Fui rotunda en mi respuesta.
- Iré yo y en cuanto me entere de todos los detalles te juro que te llamaré y te lo contaré todo. Necesitas dormir.
- No tienes coche.
- Iré en taxi, o cualquier cosa, el transporte es lo de menos, vivo aquí al lado.
- No voy a dejarte pagar un taxi, lleva mi coche.
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ANIMAL
RomantizmMar y Rosa van a pasar a la universidad y tienen claro que en su nueva etapa lo que más van a hacer es disfrutar. A cualquier precio. Pero, ¿hasta qué punto se puede llegar? ¿incluso cuando la diversión cruza niveles tan peligrosos como la muerte?