Harta de soportar a un marido infiel, una cuñada entrometida y a medio mundo que se puso en su contra, la condesa Miriel optó por planear un divorcio conveniente.
-Ella y el conde son unas víboras háganme caso y empaquen sus maletas- planeaba sacar...
-Dios! Cavar es agotador y para colmo está garuando fuerte- Stuart detuvo la excavación para quejarse
-Tenemos que encontrarlo antes que esa cosa venga por el- ni siquiera sabía exactamente lo que buscaba pero tenía que hallarlo
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-Damian, solo a ti se te ocurre venir a las 2am a un cementerio a exhumar un cadáver! No se para que vine, tengo frío y me estoy ensuciando!-
-En primera, elegí una semana de lluvias y este horario para evitar ojos sospechosos y en segunda, no es un cadáver. No se lo que es pero le di mi palabra a esa bruja de que lo encontraría antes que la reina!-
-Eso es otra cosa. Como sabes que no es una trampa? Te recuerdo que Mika intentó asesinarte y ese engendro de reina que tenemos tarde o temprano se dará cuenta de todo al ver la cosa en tu muñeca!- siguió cavando
-Para eso me la vendé, para que nadie sospeche usando la excusa de que Mika lo dañó de por vida. Carajo!- metía la pala hasta encontrar eso tan valioso que yacía enterrado
Al regresar a casa aquel fatídico día, traté de borrar el mal trago que recibí por lo que me metí al baño para sacarme la sangre de Mika de la mano y la muñeca. Estaba tan seca que tuve que raspar fuerte y solo me dejó una terrible abración que a la mañana siguiente, había creado una marca con forma de brújula que movía su aguja en mi piel.
Pensé que la medicina me había achacado la mente cuando noté como esa cosa irreal comenzó a indicar una dirección y ese para mi desgracia, resultó ser el cementerio. No fue un sueño y la promesa de hallar la cosa que Mika dejó a Miriel, tampoco. Después de inspeccionar el camposanto y hallar la tumba, planifiqué como desenterrarlo y Stuart accedió a acompañarme para evitar incidentes, o eso dijo hasta que se puso quejoso.
*Prast*
El sonido de las palas chocando contra algo nos alertó del hallazgo. Era un ataúd rojo y al sacarlo, notamos que estaba envuelto en cadenas, además de estar cubierto de extrañas letras.
-Este debe ser- tratando de sacarle las cadenas oxidadas, Stuart arremetió con la pala sin éxito
-Si, lo es- la brújula señalaba el féretro
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