Harta de soportar a un marido infiel, una cuñada entrometida y a medio mundo que se puso en su contra, la condesa Miriel optó por planear un divorcio conveniente.
-Ella y el conde son unas víboras háganme caso y empaquen sus maletas- planeaba sacar...
Rodeando los 16km² del nuevo barrio de San Lucciano, reforzábamos la barrera. No había tiempo que perder y usando la alarma y las luces de emergencia, llamábamos a la muchedumbre a permanecer en inmediaciones al hospital.
A pedido de Marjie, acabé como el caballito de Frank pero como ver un lobo enorme corriendo sin recaudo sería perturbador, nos camuflábamos en la oscuridad bajo la lluvia.
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-No puedo deshacerme de tantos hipersigilos y crear nuevos mientras refuerzo nuestro escudo, no soy dios!-
Karnstein y Paulie, que nos acompañaban en la moto, ponían de los nervios a Frank que no dudaba en gritarles. Todo era obra de la iglesia que continuó colocando porquerías pese a borrarlas. Esos desgraciados no se detendrían hasta vernos muertos.
Si alguien iba a salvarse, serían aquellos que se refugiaran con nosotros. Faltando una sección, un grupo problemático nos detuvo de avanzar.
-¡Majestad!- varios lobos negros nos rodearon curiosos
-¡Diríjanse a San Lucciano. Paren la afrenta y traigan a los demás si no desean verlos muertos!- les ordené movilizar su tropa
La mayoría eran soldados a servicio de Clover y el salvarlos, era mi obligación como su rey.
-¡Ya oyeron a su majestad. Dispérsense para reunir a los nuestros y guarecernos con la magia del hechicero!- desapareciendo bajo la cortina de agua, juntarían ambos bandos
Al final, regresamos rápidamente para activar la barrera y lo que hallamos fueron disturbios.
Las personas de los campamentos al ver soldados de las dos facciones solicitando asilo temporal, los trataron de cobardes, saboteadores e incluso los apedrearon para sacarlos.
*PUM!*
Un escopetazo al aire calló a los alborotadores.
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-¡San Lucciano es zona médica neutral y las riñas están prohibidas. Si quieren pelea, les revocaremos la estadía sin derecho a regresar. Vamos díganme, ¿quién quiere discutirlo a balazos?!- con escopeta en mano y usando el altavoz, mi mujer les cerró la boca