Harta de soportar a un marido infiel, una cuñada entrometida y a medio mundo que se puso en su contra, la condesa Miriel optó por planear un divorcio conveniente.
-Ella y el conde son unas víboras háganme caso y empaquen sus maletas- planeaba sacar...
La cantidad abismal de kobolds y goblins no cesaba y a Lyla, se le agotaban las ideas para acabarlos, todo debido a una equivocación de principiante. Los primeros tramos del laberinto, en sí parecían fáciles más al adentrarse cada vez más, tuvo la brillante idea de romper los muros para acelerar su paso al centro.
Error. Hacer eso, ocasionó que se liberaran las criaturas que yacían encerradas bajo un hechizo dentro de los muros. El sueño de los guardianes del laberinto, se vió interrumpido y la primer amenaza a sobrepasar eran las criaturas más agresivas que existían; los kobolds y los goblins
Los duendes reptiles, viéndose libres, iniciaron sus ataques contra las brujas de manera impiadosa para emboscarlas y robarles. Avanzar se hizo imposible pese a haber encontrado la llave del siguiente nivel, por ello Lyla, despelgaba su magia sin cesar.
-¡Desgraciados, se siguen multiplicando!- con cada duende caído, aparecían diez para reemplazarlo
-¡Son una plaga! Con razón el emperador los usó para proteger el laberinto- Madame Dudley, lanzaba bolas de fuego
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Retirándose, el grupo de brujas escogió retomar la pelea al día siguiente mientras planificaban como volver a dormirlos.
Más al regresar, las criaturas misteriosamente se detuvieron para dejarlas pasar. Ese acto, fue mucho más aterrador ya que no sabían que tramaban o que tipo de trampas colocaron.
Avanzando, llegaron al nivel 7 de la mazmorra donde residía algo mucho más peligroso. La habitación a donde ingresaron, estaba con antorchas que iluminaban varios cofres y armarios. La vista era extraña y pudo quedarse con ese apariencia excepto, que percibieron a alguien más allí dentro hurgando en los cofres.
-Atrás, debe ser un goblin de vigilancia- la escolta de Lyla, la apartó temiendo por la pequeña figura inferior a un metro
-No. Eso no es una simple criatura de la mazmorra...sniff! ¡Es un jinn!- olfateando con deseo, el apetito de la reina despertó
Las cinco mujeres se pusieron de acuerdo como capturar al jinn, cuando lo vieron extrayendo docenas de monedas de oro y cuchillos enjoyados de un cofre para meterlos a un bolso viejo.
-Esas son...las reliquias de Khim...¡ese enano se las está robando!- la furia de Lyla al contemplar tal fortuna, la sacaron de quicio
-¡¡¡AHHH!!!-
-¡¡¡DUELE!!!-
Dos lechuzas se adelantaron para atacar y arrebatarle la bolsa mágica al pequeño ladrón, pero sus piernas fueron cercenadas.
El pequeño jinn encapuchado, sonreía maléficamente y tras la oscuridad que lo cubría, con sus ojos azules, las escaneaba.
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