Harta de soportar a un marido infiel, una cuñada entrometida y a medio mundo que se puso en su contra, la condesa Miriel optó por planear un divorcio conveniente.
-Ella y el conde son unas víboras háganme caso y empaquen sus maletas- planeaba sacar...
-¿Qué caraj...pum!-otro disparo derribó a su compañera
Sintiendo el poder de purificación que las quemaba y para complicar su horror, vieron como una niña con dos cuchillos les saltaba encima desde el techo. Mientras tanto, las tres mujeres montadas en los árboles, comenzaron a temer el haber venido a un lugar sin antes investigar.
-¡Amber, hay que irnos y dar aviso!- a punto de escapar, un silbido melódico las hizo mirarse entre sí
-¡¿Se van tan pronto?!- entre las ramas, la voz de Ares las paralizó
-¿Qué eres?- los ojos rojos que brillaban en la oscuridad las alertó
-¡Desaparece!- lanzando una bola de fuego, quiso apartarlo para huir
-Jejeje, inútiles!-
-¡Ahhh, mi brazo!- siendo alcanzada por un cuchillo, una de ellas cayó
-¡Monstruo! ¡Monet corre e informa a nuestras hermanas; el Carnicero apareció!- bloqueando el camino de Ares, buscaban que una sobreviviera
-¡Ah!- transformándose en un ser huesudo, la bruja se defendía junto a su compañera
Corriendo despavorida, una pared invisible golpeó a la escapista para comenzar a flotar en el aire y retorcerse de dolor.
-¡Insolente!¡¿Te crees en posición de interrumpir mi sueño?!- Sidonie apareció furiosa y en pijama
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-¡Arghh....la...la emperatriz?!!!- reconociendo el don de su némesis, el pánico la invadió
-No te adelantes, esta déjamela- abrigada hasta el rostro, Miriel llegó