Emilio no dejaba de sentir su corazón golpear fuertemente su pecho, desde el momento que comenzó a colocarse su smoking de color azul rey con pequeños detalles de un azul más claro, decidió combinarlo con una camisa blanca y un moño negro el cual parecía odiarlo pues por mas veces que ha intentado hacer el nudo no le queda.
Estaba apuntó de lanzar el moño por la ventana de no ser poreur su madre entró comenzando a ayudarle, dedicándole una sonrisa cuando terminó.
— ¿Estas listo para irnos? —intrigó Diana.
El rizado de inmediato negó y no mentía, por supuesto que no se sentía listo para ir a su boda. Así es su boda y no lo mal entiendan ansia el casarse con el amor de su vida pero también los nervios no lo dejan ni siquiera pensar en caminar al altar sin poder vomitar a medio camino.
— Es normal, yo quería uir cuando me case con tu padre, te prometo que todo desaparecerá cuando lo veas. Así que vámonos que tu padre nos espera —comentó Diana.
Emilio asintió salió de la casa junto con sus padres, subiéndose al auto para ir a la casa de Adán, donde se llevaría acabo la boda, había decidido cambiarse en cada de sus padres por comodidad y tranquilidad.
Había pasado exactamente un mes desde que se comprometieron, prefirieron hacer una boda pequeña, concideraron rentar un salón, sin embargo Adán les ofreció su casa, al principio no iban a aceptar el ofrecimiento, pero tras la insistencia decidieron hacerlo.
Planearon una simple recepción, con un bufet, una decoración con muchas flores y una mesa de postres a petición del castaño.
Llegaron a su destino, Diana entró a la casa a ver eficar que ya todo estuviera listo, en cuanto lo verifico salió a avisarle a su hijo y esposo haciendo que entren.
Se colocaron en el final de la pequeña alfombra que lleva al altar, Emilio está en medio de sus padres, esperando a que la música comience a sonar para caminar.
Y así lo hicieron caminaron lentamente hasta llegar al altar, donde los padres del rizado le dieron un corto abrazo antes de ir a sentarse a sus lugares.
Tan solo en unos segundos Emilio logró ver a su prometido vistiendo un smoking gris con una camisa blanca y un mocho del mismo tono del traje, el cual lo hacía lucir muy bien, venía acompañado de Adán y de Jenifer.
— Cuidate —susurró Adán tras llegar al altar despidiéndose de su hijo para ir a sentarse junto con su esposa.
Joaquín se inclino para susurarle a su casi esposo que se ve muy lindo, antes de voltearse para prestar su atención al ministro, mientras mantienen sus manos entrelazadas, comenzando la ceremonia.
Mentiría el castaño si dijera que presto totalmente atención al ministro, de hecho solo se dio cuenta que acaba de pedir los anillos cuando su casi esposo rompió el agarre entre sus manos.
— Coloquen el anillo, mientras dicen sus votos —comentó el ministro.
Emilio tomó la joya entre sus manos la cual era con un estilo de tejido donde se notaban las dos tonalidades de oro, además que sus iniciales también escritas en cada uno de los anillos en la parte interna.
— Jamás me cansaré de agradecer el haber ido ese día a la cafetería, así pudo continuar nuestra historia que se había mantenido en pausa por tantos años. Fuiste y serás la primera persona de la que me enamore, por no decir la única, soy muy feliz a tu lado y haré lo posible para que te sientas de la misma forma. Hoy frente a todas las personas importantes para nosotros te doy este anillo como símbolo de mi amor por ti —susurró el rizado mientras colocaba la joya, manteniendo una gran sonrisa en todo momento.
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Tiempo extra
De TodoTras su reencuentro, su historia da un nuevo comienzo...¿Esta vez saldrá como desean?
