8

6.5K 540 1
                                    

―Joven Park, vengo a recordarle que la junta con los socios será en 15 minutos, el señor Min advirtió que su presencia era esencial para el momento, por lo que ya debería estar en camino —Minyu se acercó, dejando también algunas carpetas que tenían las ideas que plantearía esa tarde frente al jefe, socios y publicidad.

―Eres muy amable, Yu. Muchas gracias —sonrió suavemente en su dirección con un asentimiento, que hizo a la señora retirarse de la oficina.

Bien, la universidad sí había dado sus frutos, y todo se debía a que una noche, después de meses postrado en el mismo hotel como camarero con una licenciatura colgando de su pared, un acaudalado hombre, de nombre Min Yoongi, llegó como comida para náufragos. Con total confianza, le pidió asiento frente a él y accedió a confesarle que se hallaba frustrado, pues era difícil encontrar a un contador profesional y con ética estos días. Así que rápidamente entablaron amistad y Jimin terminó siendo contratado en Salam Corporation.

A partir de ahí, y de un año asombrosamente desgraciado, su vida fue mejorando y ahora, con dos años en el lugar, era prácticamente el mano derecha del dueño. Con el pasar de los años y aquella química que se dio naturalmente la primera vez que se encontraron, fueron haciéndose buenos amigos.

Las horas pasaron y la aterradora reunión de caras intimidantes, respuestas duras e inteligentes dio su fin con todos los hombres de negocio despidiéndose en sus lugares con firmes apretones de manos. Todos se retiraban lentamente de sus lugares, hasta que sólo quedaban el pálido y el rubio en la sala.

—. Debo felicitarte, Park, estuviste bastante bien allí —sonrió suavemente Yoongi, cruzando ambas manos y dejando caer su mentón sobre estas―. Tu nueva idea para aumentar el consumo entre los clientes seguro inspiró y motivó a los de publicidad.

Se emocionó, esa era el mayor gesto de aprecio que podría recibir del frío Min, por lo que ya estaba acostumbrado a ello y aplaudió suavemente para sí mismo, el sonido resonó a través de los lejanos ventanales de cristal.

—Muchas gracias, Yoons. Lo estuve pensando bastante tiempo y ya verás que será beneficioso para los ingresos ―exclamó sonriente.

—¿Cuales son tus planes esta noche? ―cuestionó para hacer conversación Jimin, luego de un largo silencio donde ambos ordenaban algunos detalles finales del día.

—. Mmh, beber un poco de vino mientras veo cualquier basura de terror —murmuró Min—. ¿Y tú?

Jimin sonrió.

—Vaya vida de millonario —ante la mirada del pelinegro, decidió cerrar la boca—. Tal vez lo mismo, pero en compañía ―sonrió, regocijándose un poco, aunque a Min ni siquiera le importase. Tae tiene una exposición en la ciudad este fin de semana y se quedará conmigo como siempre.

—Es genial —aunque el mayor se desvive por negarlo, Jimin tenía bastante claro que tenía un ligero enamoramiento por su mejor amigo y haría lo que fuera por fingir que habían cosas por resolver en la oficina para aparecerse en su hogar esos días, fingir que no recordaba la existencia de Tae y recibir una invitación personal a las galerías.

No era la primera vez que sucedía, podía confirmarlo de primera mano.

El tiempo en la oficina culminó y ambos se despidieron a las afueras del enorme edificio. Y aunque Yoongi se ofreció para que su chófer le llevara de paso a su departamento, tal como los últimos días pues su auto se hallaba en el taller, negó amablemente porque Taehyung iría esa noche por él, pues el horario de llegada a la ciudad coincidía con su salida.

Así que momentos después de que el lujoso auto negro se alejara lentamente por las calles, un bonito y llamativo carro de color verde se detuvo frente a él. La ventanilla se abrió, mostrando el cabello rojo de su mejor amigo junto a una sonrisa coqueta.

―Buenas noches, lindura ―peinó el cabello hacia atrás, intentando lucir atractivo como los adolescentes de esas películas americanas―. ¿Cuánto por una velada en su compañía? ―culminó con una sonrisa ladeada.

―Usualmente es costoso, pero por usted, amable caballero, haría una excepción ―se acercó a la ventanilla y guiñó un ojo, siguiendo su juego.

Ambos rompieron a carcajadas y Taehyung deshizo el seguro de la puerta para que Jimin la abriera y entrara al auto. Apenas lo hizo, se giró para abrazar con fuerza a su amigo. Lo había extrañado mucho. Y es que gracias a su trabajo como artista, solía mantenerse de viaje y además residía actualmente en Seúl, ciudad que abandonó años atrás. A muchos kilómetros de él.

―¿Cómo están las cosas por acá? ―cuestionó, tomando el volante para avanzar por la avenida―. ¿Algún chisme del que pueda alimentarme? ―sonrió, sin dejar de observar al frente y prestando total atención al rubio.

―La señora Byun adoptó a otro gato y, según Mark, así inician siempre ―comentó, compartiendo la referencia que su amigo le otorgaba a la señora, como la loca solterona de los gatos―. Yo sólo creo que tener tantos gatitos en un lugar tan pequeño como su departamento, podría ser perjudicial para su salud ―se encogió de hombros con labios fruncidos.

―Supongo que sí los lleva al veterinario, los mantiene vacunados y chequeados, pueda estar bien.

―Tal vez sea así ―sonrió.

El camino hacia su hogar fue corto, pues su condominio no quedaba tan lejos del lugar de trabajo, por lo que dejaron el auto en el estacionamiento y de camino al ascensor, saludó al señor Bill, un hombre con raíces estadounidenses que hablaba un inglés perfecto y a veces solía impartirle clases para mejorar el idioma.

―Goodbye, mister Bill ―el hombre sonrió ante el pequeño error del hombre

―Goodnight, Jimin ―saludó, corrigiendole brevemente y haciendo que sus mejillas se sonrojaran un poco.

Taehyung saludó al señor con una mano y luego se dirigió a Jimin con una sonrisa, mientras tomaba su hombro.

―Wow, al menos has mejorado con señor Bill desde la última vez que vine hace unos meses ―silbó.

―Gracias, Tae. A veces no tengo tanto tiempo para estar con él, pero trato de ser constante al menos los domingos de cada semana ―soltó con una risita.

―Me gusta, se hacen compañía mutuamente. Es bueno tener a alguien cerca ―murmuró.

Llegaron al lugar de Jimin y apenas entró, encendió las luces, notando como Cosmo había hecho un desastre de sus cojines. Segundos después, el gato apareció para enredarse entre sus pies, sin nada de arrepentimiento por sus actos. Y al notarlo tan cariñoso, Jimin supo que estaba hambriento.

La risa de su amigo tras él no ayudó a la situación.

―Cosmo tan cínico como siempre, eh ―dijo para avanzar con su maleta a través del lugar. Frente al sofá, flexionó su cuerpo con cansancio―. Ese viaje de auto me dejó agotado, sólo quiero dormir por diez años.

―Oh, vamos. No exageres. Sólo son cuatro horas de viaje, probablemente estuviste saliendo anoche y por eso estás así ―asumió rápidamente, conocía lo intrépido que era el pelirrojo―. No te preocupes, ve a tomar una ducha mientras preparo la cena, comemos y puedes ir a descansar los años que quieras ―dijo, agachándose para tomar el tazón del gatito blanco e ir a servirle comida―. Pequeño glotón ―susurró observando el objeto prácticamente limpio.

―Es una buena idea, sólo... déjame descansar unos segundos aquí.

Tal como había dicho el rubio, ahora ambos se hallaban frente a frente en la mesa, cenando mientras conversaban cosas de sus vidas que tal vez dejaban pasar de largo en las videollamadas que tenían constantemente estando lejos.

―Nayeon vendrá mañana, dijo que quería pasar unos días con nosotros –específicamente contigo– antes de la exposición ―Jimin asintió, dando un sorbo a su bebida. El semblante del rojizo cambió a uno pensativo―. También mencionó algo de una noticia y celebrar algo, pero no me dio tiempo de escucharle correctamente porque la llamada se cortó ―se encogió de hombros, quitándole importancia.

Nayeon era bastante impredecible, así que podría ser cualquier cosa.

―Está bien, la tercera habitación está totalmente disponible si desea venir y quedarse junto a Jeongyeon ―sonrió, pero su mirada decayó―. Y... Ya sabes... ―carraspeó, desviando brevemente la mirada―. ¿Cómo está él?

Jeon Jungkook, el chico que dejó aquel día en su departamento, donde dijo adiós a cualquier posibilidad de estar a su lado. Y aún creía que era lo mejor que había hecho por ambos. Todo este tiempo había evitado preguntar más allá que su estado físico. Aunque había superado aquel dolor que le causó pensar en él, sería un poco masoquista querer saber de la vida que el chico seguramente tenía ahora junto a su esposa.

Cuando abandonó aquella ciudad, al principio nadie supo a dónde había ido, ni siquiera Taehyung. Fue lo mejor durante el primer año. Por supuesto, se comunicaba con su familia, y sus amigos. El tema de cómo estuvo la boda de Jeon, qué tal se veía su vida de casado, o cualquier asunto referente a él, estaba fuera de sus conversaciones a petición del mismo Jimin. Y aunque si habían ocasiones en las que ambos parecían tener cosas por decirle sobre él, por la paz, rogaba porque callaran.

Con saber que tenía una buena vida y consiguió avanzar sin problemas, se sentía completamente bien.

―Bien ―se encogió de hombros Tae―. Lo de siempre. Se la pasa metido en su trabajo, parece no tener más vida que esa, pero el resto está muy bien.

Frunció el ceño.

―Oh, ¿pero eso no sería un poco dañino para el matrimonio? Tanto tiempo en el trabajo lo haría descuidar... ―calló al ver las cejas alzadas de Taehyung, parecía estar ansioso por decirle algo.

―No, Jimin...

―Sí, lo siento, es cierto ―negó con ambas manos―. Fue un error, yo impongo no saber nada de eso, pero a veces pasa... Lo lamento, olvídalo. Me alegra saber que está bien, pero apenas lo veas intenta convencerlo de cuidarse un poco más. Tanto trabajo es... consumidor.

Un suspiro salió de los labios del más alto. ¿En serio? Porque Jimin no sólo le dejaba hablarle sobre lo que sucedía realmente con Jungkook. Él podría haberlo hecho hace tiempo, pero también respetaba esta forma de sanar que tenía su amigo. Pero era un poco frustrante oír como Jungkook se quejaba siempre de la vida y de no saber nada de Jimin porque este no lo permitía, mientras que Jimin sólo lo hacía porque aún creía una mentira.

Pero de haberle dicho la verdad, ¿habría cambiado algo antes?

Y justo en ese instante, Taehyung recordó algo muy importante que debía decirle al rubio.

―Bueno... Sí, con respecto a eso ―Jimin le miró intrigado, a la espera de lo que tuviera que decirle. Tragó saliva―. Se supone que no lo haría como veces anteriores, porque siempre estaba demasiado metido en su trabajo como para tener tiempo libre y viajar a mis demostraciones...

―Tae, ¿de qué hablas?

―Me refiero a que lo de "puedes dejar de ser un obsesivo con el trabajo" que me pediste decirle a Jeon, bueno...

―¡Taehyung!

―Bien, vas a tener que decírselo tú mismo porque dentro de dos días Jeon Jungkook vendrá y estará en la galería a pocos metros de ti y tendrás que verlo de nuevo, después de tres años —exhaló fuertemente al terminar, pues lo había dicho increíblemente rápido.

Jimin paralizado solo pudo soltar un:

―¿Qué?

Su presión parecía haber bajado repentinamente. ¿Un corazón? ¿De verdad algo tenía que latir dentro de su caja torácica? Porque este parecía haberse dado un descanso, mientras Jimin asimilaba el hecho de tener de reencontrarse con Jungkook, su primer amor y antiguo mejor amigo, después de años de haber huido de su lado.

―¿Jimin? ¿Estás bien? —Tae se acercó para chequear el estado de su amigo, que parecía una estatua—. ¿Puedes respirar? Me estoy asustando un poco.

Parpadeó, mirando al pelirrojo unos lentos segundos.

―Yo... sí ―tragó saliva, con demasiadas emociones haciendo estragos en su sistema―. ¿Jun-Jungkook dijiste? —su voz se volvió mucho más aguda con esa pregunta.

—Eh, sí. El mismo. Estará el domingo en la galería, dijo que quería apoyar mis proyectos ya que se sentía un mal amigo por no haber asistido a ninguna de las anteriores ―acompañó a Jimin para que tomara asiento en el sofá, pues en medio de la conversación se habían levantado de la mesa.

Cosmo les observaba conversar con curiosidad.

―El domingo... El domingo veré a Jungkook de nuevo —murmuró en shock.

—Eso parece —asintió Tae—. ¿Crees estar bien con eso? Puedo decirle que se canceló, inventar cualquier excusa. No hay problema. En otra ocasión será.

Negó

―No, no. Por Dios, Tae, no es necesario. Yo... creo que está bien. No hay de qué preocuparse ―intentó sonreír para calmar a su amigo―. Tal vez se sienta mal por no apoyarte cuando ustedes se volvieron tan cercanos el último tiempo y querrá ver lo bien que te desenvuelves en tu ambiente. Sólo déjalo, está bien. Estaré bien —su sonrisa final fue un poco más sincera, buscando creerse lo que acababa de decir.

―¿Seguro?

—Por completo —asintió, sonriente.

—Eso es perfecto, Minnie —le abrazó con emoción.

Tal vez, Jimin y Jungkook por fin podrían encontrar lo que ambos necesitaban.




𝐣𝐮𝐬𝐭 𝐛𝐞𝐬𝐭𝐢𝐞𝐬 ᥫ᭡ • kookminDonde viven las historias. Descúbrelo ahora