Capítulo 1

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Capítulo 1
Mientras la madera rechinaba y sus dedos bailaban con el son de las gotas de agua golpeando la ventana, ella recordó los momentos de un ayer que se había quedado atrapado en una foto con la tinta casi invisible.
Su mente viajó con la luz y regresó a cuando cubría su presencia con una tela enorme que le servía de escudo contra el mundo, y cuya dueña había atado su cuerpo con dolor a la cabeza que se escondía detrás de aquella cortina de amor y ternura color bermellón.
Eulalia vivía con su mamá llamada Carmen, ambas estaban solas y sólo se tenían una a la otra. Vivían en La Capital de la maravilla del mundo, España.
Carmen tenía la sonrisa perfecta y las manos suaves, pero muy firmes cuando necesitaba usarlas, era muy callada y se sumía en los libros cada que podía. Siempre olía a canela y le caían los rizos negros en la cara como cascadas.
Ambas vivían felices una al lado de la otra, los tiempos eran difíciles y Carmen pasaba de sol a sol fuera de casa para poder darle una educación a su hija.

Regresaba con los rizos atados, la mirada llena de sentimiento y las manos que se sentían como arena.
Ella subía las escaleras y Eulalia ya la estaba esperando para ver cómo se tiraba en un sillón de terciopelo, tomaba un bote mediano con una mezcla verde que olía a menta y se la ponía en las manos.
Tomaba después un perfumero dorado como el sol y derramaba su aroma sobre su nuca. Eulalia veía como una de las venas de su cuello saltaba de alegría mientras el líquido dorado caía con gracia y llenaba la habitación de aroma veraniego.
Eulalia y Carmen eran muy jóvenes en un mundo muy viejo y duro, pero se cuidaban una a la otra
A Eulalia le encantaba la lluvia y siempre que había una tormenta, abría las ventanas de su casa y bailoteaba por todo el lugar con las botas llenas de lodo. Le gustaba porque era lo único que le traía a la mente el aroma de la botella dorada que su madre atesoraba tanto.
Carmen dejaba la cocina con la estufa prendida y la leche echando espuma y corría a cerrar todas las ventanas porque se metía el agua a la casa. Subía al segundo piso, medio limpiaba el filo de la cornisa mientras le rogaba a Dios que le diera paciencia, calculaba fríamente sus acciones y agarraba a la niña, bajaba al primer piso con ella en brazos, la aventaba al sillón y le decía "Ya estate quieta, Eulalia, me vas a sacar más canas de las que ya

tengo" y se regresaba a la cocina con el corazón acelerado y la respiración agitada por tanto correr.
A ella nunca le había gustado la lluvia, ponía muchos pretextos para evitarla a toda costa como "tenemos un compromiso, nos vamos ya" o "no me gusta mojarme, se me arruina el vestido" o "está muy fría el agua de lluvia" o el mejor de todos porque nunca fallaba: "me voy a enfermar"
Todo el mundo le creía a Carmen los pretextos que inventaba para evitar un día nublado y pasarse el día entre olor a libros viejos con su hija.
Casi nunca salía porque el clima le afectaba mucho, cuando las gotas de agua tocaban la piel de Carmen, un par de lágrimas corrían por sus mejillas, pero lo ignoraba completamente, cómo si fuera algo que le pasara todo el tiempo.
Eulalia pensaba que eso sucedía por que su cuerpo tenía demasiada agua y cuando la lluvia tocaba sutilmente su mano, desechaba un poco de su reserva para darle la bienvenida a más agua fresca, por eso lloraba.
A Eulalia la mantenía despierta la misma pregunta todas las noches. "Pudiendo hacer cosas divertidas como bailar bajo la lluvia conmigo, ¿Por qué mi mamá se la pasa entre libros?"
Un martes 7 de febrero se levantó dispuesta a preguntarle a su madre la razón de su insomnio.
-¿De verdad quieres saberlo?- Dudó Carmen
Eulalia asintió mientras se balanceaba sobre sus pies y tomaba sus manos por detrás.

-Ven acá, que te cuento algo.
Apiló bloques de hojas cubiertas de colores que se veían viejos y parecían ladrillos en el suelo y le hizo señas a su hija para que se sentara.
-Hace muchísimo tiempo había un mago llamado CribleCrable, a él le gustaba mucho la lluvia, como a ti, pero el siempre se hacía la misma pregunta: "¿qué hay adentro de esa gota de agua?" Él, siendo un mago muy talentoso pensó y pensó y pensó hasta que un rayo de sol iluminó el centro de su cabeza y tomó sus pies y partió hacia el bosque. Ahí, buscó entre los árboles una hoja que fuera totalmente redonda. Se balanceó por todos los árboles del bosque preguntando a los pájaros si conocían algún sauce que tuviera ese tipo de hojas y refunfuñaba al obtener un "no" como respuesta. La luna vino y se fue tres veces y CribleCrable no encontraba lo que buscaba. Harto, lanzó un grito de estrés y enojo y se tumbó a una roca dejando caer todo su peso sobre la superficie sólida de aquel mineral
Eulalia sabía que su madre seguramente era una maga también, por la forma en la que movía sus manos y arrugaba las cejas para darle más emoción a su historia. A ella le encantaba como su madre movía los tonos de su voz con tanta facilidad que pareciera que ella había conocido al mago en

persona y le hubiera visto buscar la hoja redonda con sus propios ojos.
-Una hoja cayó en su hombro y él la tomó y sin verla, comenzó a jugar con ella entre sus manos. Algo le dijo que tenía que mirar abajo y ¡Oh sorpresa! Era una hoja redonda. Era tan perfecta e igual a como la había imaginado, juntó todos los poderes que tenía y en un abrir y cerrar de ojos la hoja se había convertido en un cristal.
Armó un objeto raro con palitos de madera y el cristal que recién había hecho y puso una gota de lluvia justo abajo del vidrio.
Se sorprendió al ver que era una ciudad llena de pequeños civiles que trabajaban de sol a sol sin descanso, pero era horrible, todos se empujaban y golpeaban, se pellizcaban y arañaban, mordían y desgreñaban. El que estaba arriba quería irse abajo, y viceversa.
Otro permanecía quieto, pacífico como una doncellita; sólo pedía tranquilidad y paz. Pero la doncellita no pudo quedarse en su rincón: tuvo que salir, la agarraron y, en un momento, estuvo devorada por los demás ciudadanos.
"¿Qué es eso? Preguntó su amigo el pájaro -¡Es agua de lluvia, tontito!- gritó él.
Eulalia estaba sorprendida por lo que su madre le había contado. Pensaba en cómo a Crible Crable

nada lo paró para investigar lo que no lo dejaba dormir y sabía que ellos dos se parecían por eso.
-¿Tu lo conociste?- preguntó Eulalia sin miedo al éxito.
-Si, de hecho, te lo puedo presentar a ti también en este preciso momento.
Eulalia tenía razón, su mamá había conocido al mago de su historia. Vio cómo ella abría las puertas de un armario y cerró los ojos para darle más importancia a la sorpresa.
Su madre le tomó las manos y dejó caer un objeto allí. ¿Era acaso el objeto que inventó el mago?¿o una foto suya?
Desesperada por saber, abrió los ojos e hizo una mueca al saber qué era lo que su madre le había dado.
-¡Pero esto es un libro! ¿Qué acaso Crible Crable no es real? Esta cosa ni siquiera trae dibujos- refunfuñó Eulalia.
-Calma, niña, que ahora te ayudo a entender. Los libros contienen historias de muchas personas y lugares. Y mientras alguien los lea, siempre van a ser reales. ¿O qué no te imaginaste a Crible Crable mientras te contaba la historia?
Eulalia trataba de entender y su cabeza la bombardeaba de preguntas.

-Entonces, puedes hacer y deshacer las historias que quieras con un libro, te dará herramientas para hacer tus propias historias y sobretodo, hacer tus propios descubrimientos como Crible Crable.
Los lunes te daré un libro de historia porque la gente te va a querer nublar la vista, pero tú, serás más lista.
Y si a hablar con rimas vamos a empezar, los martes clásicos te van a tocar.
Los miércoles serán días de ciencia, y cuidadito con leer sin paciencia.
Si por y con romance quieres vivir, los jueves no te van a aburrir.
El viernes será lectura libre, no leas lo que no debes, porque el que te quite los libros será factible.
El sábado con el diccionario aprenderás a hablar y como una señorita te vas a comportar.
Día de descanso será el domingo porque con la tía Matilde me voy a jugar bingo.
Ahora ponte el camisón y tómate una leche, porque si no despiertas temprano, te pelo los dientes.
Carmen hablaba y hablaba y hablaba una y otra vez y su voz nunca tenía fin cuando estaba inspirada, danzaba sobre sus puntas por toda la sala mientras gritaba a los cuatro vientos una frase totalmente empalagosa de un libro que tenía hasta el título y el nombre del autor melifluo.

Eulalia pensó sobre la historia del mago y la relación que tenía con que a su madre no le gustara la lluvia. Tal vez ella también se habría horrorizado al ver a los ciudadanos mutilando a la doncella y le daba asco.
Esa noche le hizo una promesa a Dios, encontraría la razón por la cuál a su madre no le gustaba la lluvia. Una vez que las palabras salieron desde su corazón hasta su boca se dispuso a dormir.

El conticinio Where stories live. Discover now