Capítulo ocho

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La llamada había terminado, estaba acostado mirando al cielo cuando porfin volvió en si,  pues esos escenarios lo dejaron noqueado casi por completo, volvió a tomar el teléfono y marcó el número del rubio.

–Jimin– habló al teléfono

–¿Qué?– preguntó, con una obvia molestia

–¿Por qué me hablas así?, ¿Qué acaso he dicho que te metas un palo en el...?–

–¡Ya!, ¿Qué quieres?, ¡A las dos de la mañana!–

Tal vez, esa fue la molesta del menor, que su jefe haya llamado en plena madrugada.

–Regreso pronto, y necesito que tengas todo lo que te diga cuando regrese–

–¿Ajá?, ¿Qué necesitas?– preguntó, acomodándose mejor para oír

–Un anillo de plata, uno hermoso que haga juego con otro, un ramo de tulipanes blancos con rosa, un rosa claro porfavor. Además de un bonito regalo, puedes comprarle un reloj o... ¿Me estás escuchando?–

–Si, si... Cursilerías, unos anillos de compromiso, unas rosas y...–

–¿¡Quieres que me arroje a la calle a mi con esas rosas!?, ¡Tulipanes rosas!–

–Unos anillos de compromiso, unos tulipanes rosas y... Una cursilería cara.– murmuró, aún somnoliento

–¿Cuando vas a regresar?, para conseguir todo pronto.–

–Solo necesito un par de días más.– carraspeó -regresaré pronto-

–Bien, nos vemos.– colgó, con un tono somnoliento de nuevo

Namjoon pasó toda la semana en Japón, tuvo que atrasar aquello que pidió para las siguiente semana, pues aunque no tenía nada más que hacer ahí y quería volver a ver a su amado, el problema era que debería estar ya planeando su vuelo e inconscientemente unas cuantas imágenes mentales de el besando a su esposo en su llegada, lo que le hacía esbozar una sonrisa mientras se mordia el labio

Simplemente el sobrepensar todo, le causó diversos ataques, aquellos que no sabía cómo controlar, por lo que se sentaba en una esquina oscura donde no había más que basura, porque así era como se sentía, mientras la cabeza le dolía y las manos le temblaban, deseando que Jin o ese amable doctor, lo ayudaran a sentirse mejor cuando eso pasaba

...

Al salir de aquella casa, se encontró con un montón de hombres vestidos de negro, los cuáles lo rodearon, impidiendo que pudiera escapar

Estaba atrapado y lo único que pudo hacer era intentar pelear sin quien cada que lo necesitaba, le cuidaba la espalda, Seokjin.

-¡Maldición!-

Nadie decía nada más, solo intentaban golpear a Namjoon mientras el con toda la fuerza que pudo juntar, se defendía mientras por su mente solo quería que eso acabara ya.

Entró a su casa mientras en la calle se encontraban noqueados los tipos que previamente había golpeado, sin saber que hacer, observó ligeramente por la ventana y vió una imagen conocida en el brazo de uno de ellos.

Un alacrán

Esos no eran los yakuza y ya lo habían encontrado, seguir en Japón un día más era sinónimo de quizá no salir con vida y a casa, la situación era crítica, se supone que debían recuperar dinero de los yakuza por las deudas en las que se había metido

Ahora regresaría a Corea endeudado, miserable, y quizá ebrio

Hasta que el teléfono se escuchó a lo lejos,
como siempre a la misma hora desde hace ya dos semanas

𝑀𝑖𝑑𝑛𝑖𝑔𝑡ℎ 𝑂𝑟𝑑𝑒𝑟𝑠 | 𝑁𝑎𝑚𝑗𝑖𝑛Donde viven las historias. Descúbrelo ahora