Si existe Charlie, existen problemas.
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Charlotte 'Charlie' Lawrence nunca lo ha entendido, pero tiene la habilidad de meterse en problemas siempre.
A solo días de graduarse de la universidad todo se vuelve aún más caótico en su ya ajetreada vid...
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Para Charlie meterse en problemas siempre ha sido fácil.
Nunca lo ha entendido, pero aquella frase que su novio suele decir de vez en cuando «Si existe Charlie, existen problemas» es de hecho, lo primero que le dijo Vivian al chico cuando Charlie los presentó.
Estar enojada tampoco ayudaba mucho a su racha de mala suerte.
—Te vas a caer —advirtió Roberto.
—Eso sería bueno, ¿verdad? Si tengo un accidente laboral la empresa me da días libres con todo pago —respondió Charlie sin voltear a verlo.
Ambos se encuentran solos en la bodega. Charlie está en la cima de una escalera metálica tratando de alcanzar una caja con tarjetas de San Valentín ya que en la tienda quedaban muy pocas y debe rellenar los estantes.
—Si te mueres no recibirás nada —insistió Roberto—, ya baja de allí, Charlie.
Ella rodó los ojos y con la caja en una mano procedió a bajar en silencio.
Una vez en el suelo, se giró y observó a su compañero de turno.
—¿Qué te pasa?
Charlie le entregó la caja.
—Tengo uno de esos días en los que quiero ir a un acantilado para gritar sobre lo injusta que es la vida, Roberto.
—Buena suerte con eso —Roberto rió—. Lo más parecido que encontrarás a un acantilado a esta hora y en este lugar es la azotea del edificio.
El chico salió de la bodega y Charlie elevó su mano izquierda para ver la hora en su reloj. Su turno termina en diez minutos y la sugerencia de su compañero no le pareció tan desquiciada.
La bodega tiene una escalera que da a la azotea así que empujó la puerta de metal y a paso decidido comenzó a subir hasta llegar a la puerta que da al techo del edificio.
El frío de la noche acarició su rostro mientras más se acercaba al borde del techo. Observó las luces de los edificios frente a ella.
Llevó sus manos al barandal y sin pensarlo dos veces gritó a todo pulmón.
—Cool, pero deberías gritar más fuerte —dijo una voz de repente.
Charlie se asustó y trató de buscar a la dueña de la voz con la poca claridad, pero no fue hasta que la chica se acercó a ella que la vio más de cerca.
—Eres Stella, ¿verdad? —Charlie ladeó la cabeza.
Hace poco Heart's contrató nuevo personal y Stella era de esos recién llegados.
La chica de corto cabello negro lleno de mechones rojos y rosados asintió y dejó salir de su boca humo.