45. Adiós poderes

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—Firma Toyokawa; parece que hay una competencia de planificación.

—¿Todos los empleados son candidatos? —murmura Yoongi tras leer el texto amarillo que más llamaba la atención del cartel.

—Sí, al parecer esta vez no se limita solo al personal de planificación y desarrollo. Va a ser algo grande —al no recibir respuesta, Seokjin volteo a mirarlo; Yoongi seguía concentrado en el contenido del cartel—. ¿Estás interesado en participar?

—¿Eh? —Yoongi reaccionó algo tarde a la pregunta—. No, no, no. Los concursos no son para mí —y antes de que Seokjin volviera a tocarlo, Yoongi hizo lo que mejor se le daba: huir.

Una vez de regreso en su puesto, girando en la silla, no podía dejar de pensar. No era que no estuviera interesado; es que nunca ha creado ni siquiera imaginado algo que resultara ser un producto innovador, sin contar el hecho de que se siente incapaz de lograrlo.

Desde su sitio observa a Seokjin y piensa que, si él lo intentara, seguramente lo lograría. Seokjin luce como alguien dispuesto a lanzarse a cualquier objetivo.

—Yoongi —un golpe abrupto sobre el escritorio lo sacó de sus pensamientos—. Tu amigo, el de los lentes; necesito hablar con él.

Yoongi no sabía si sorprenderse porque Jimin no había usado honoríficos esta vez, o porque lucía verdaderamente enojado, o porque él mismo se sentía asustado solo de verlo así.

Logró contactar a Namjoon por teléfono, pero Jimin alegó que necesitaba resolver sus pendientes con él en persona. Entre asustado y sorprendido, reservó una mesa en una cafetería cercana; de todas formas la jornada laboral estaba por terminar.

Seokjin terminó colándose para acompañarlos, y Yoongi lo agradeció, porque Jimin no lucía como una persona sociable, y mucho menos después de que la mesera trajera su café helado y él se lo tomara de un golpe.

—¿Estás seguro de que me quede? —murmuró Seokjin cerca de su oído—. No sé qué está pasando.

—No te preocupes; yo tampoco entiendo muy bien —respondió de la misma manera.

—¿Por qué me obligaste a venir tan de repente? No estoy de humor para bromas —Namjoon llegó a la mesa sin saludar, con un tono más cansado que de costumbre.

—¡Tú, maldito cuatro ojos! —antes de que Yoongi siquiera procesara que Namjoon había llegado, Jimin ya se había abalanzado sobre él sujetando el cuello de su camisa con fuerza.

Yoongi intentó separarlos antes de que ocurriera algo grave; todos en el local ya los miraban.

Seokjin, en cambio, solo se tapaba la boca con la mano. Para él, el insulto que había usado Jimin resultaba cualquier cosa menos ofensivo pasados los veinticinco años.

—¿Por qué heriste a Hoseok? —gritó Jimin.

—¿Herirlo? ¿Hoseok está herido? ¿Dónde está?

—¡No te hagas el idiota; lo estás evitando!

—Yo...

—¿Por qué lo apartaste de pronto? ¿Solo porque es gay? ¡Maldito imbécil!

—¿Qué?

—Hoseok dijo que no volverá a acercarse a ti; que no te preocuparas.

Namjoon no sabía qué decir ni qué hacer. Yoongi no entendía qué había ocurrido aunque pudo ver, al tocar a Jimin, recuerdos de una conversación entre él y Hoseok; aun así no terminaba de procesar cómo la situación había llegado hasta ahí. Seokjin, por su parte, bebía su café escuchando todo con atención.

—Hace unos días —continuó Jimin—, le dijiste a Hoseok que siguiera con su baile. Él me dijo que sentía que por primera vez alguien lo entendía, que estabas de su lado. Ese día... nunca lo había visto brillar así. Sin embargo, y por alguna razón estúpida, ¿lo estás evitando?

—Esperen, esperen —intervino Yoongi cuando Jimin quiso abalanzarse de nuevo—. Namjoon es como yo: se agobia muy rápido y se esconde en su caparazón, pero él no evitaría a Hoseok. Él no es esa clase de persona, ¿verdad, Namjoon?

—Me tienes en alta estima —Namjoon sonrió un poco—. Pero es verdad; estaba evitando a Hoseok. Y no es porque sea gay.

Namjoon apoyó la mano sobre el hombro de Yoongi en señal de agradecimiento por sus palabras, de una manera que solo él pudiera escuchar. Luego, sin despedirse, echó a correr sin mirar atrás. No creía que Hoseok se lo hubiera tomado de esa manera; ahora se sentía muy culpable. Todo por su tonta timidez.

Dejó de correr y de lamentarse cuando llegó a la plaza donde sabía que Hoseok practicaba. Como suponía, solo estaba él ensayando. Se armó de valor y caminó hasta él interrumpiéndolo; hizo una reverencia hasta casi tocar el suelo con la frente.

—¡Lo siento mucho! —repitió varias veces.

—¿Namjoon?

—Yo... todo este tiempo... quería no lastimarme, así que fingí no estar en casa. Te estaba evitando porque... estaba sorprendido. Vi a la persona que me gusta besando a alguien más. Yo... me gustas, Hoseok. Me gustas mucho; no puedo evitarlo. Me gustas tanto que me duele.

El valor que le quedaba se había agotado. Tenía la vista clavada en el suelo, pequeñas lágrimas corrían por sus mejillas y Hoseok seguía sin responder.

—Eres adorable —respondió por fin, agachándose para sujetar su rostro y mirarlo a los ojos—. Tú también me gustas mucho.

Namjoon no sabe cómo ha llegado tan lejos. Ahora está en su casa con Hoseok sentado en un extremo del sofá jugando con Udon, mientras él en el otro extremo no hace más que sudar y preguntarse si esto es un sueño.

—Deja de actuar como un psicópata y dime algo —le dijo Hoseok después de que el gato se cansara de jugar.

—Es que... no puedo creerlo.

—¿El qué?

—Pensaba que mi amor era unilateral. Y en realidad, aunque... aunque ya tenga treinta años, el amor es algo nuevo para mí. No estoy acostumbrado a este tipo de cosas. No creí que yo también te gus...

—Silencio —Hoseok puso la mano sobre sus labios para que no siguiera.

'Al principio creí que era buen tipo, eso es todo. Pero después de hablar con él, aunque es malo con las palabras y actúa de forma sospechosa, no podía dejarlo solo. Sin darme cuenta me enamoré de él.'

Pequeñas lágrimas volvieron a acumularse en sus ojos al escuchar eso. Segundos después los labios de Hoseok estaban sobre los suyos, moviéndose suavemente durante unos segundos que fueron suficientes para que ambos terminaran sonrojados.

—Hoseok...

—No te preocupes; seré gentil.

—Sí.

Una vez más sus labios se unieron. Tal vez no era el mejor lugar ni la mejor posición, pero se sentían cómodos el uno junto al otro, y por ahora solo eso era suficiente.

Esa noche, Kim Namjoon había renunciado a sus poderes de mago.

Mago [Jinsu]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora