Al terminar la reunión, la señora Rezz se quedó con la única que había elegido el negocio antes que la amistad, para hablar un poco y retomar los asuntos que habían quedado pendientes horas atrás. Cuando la sala quedó vacía, con solo ellas dos, Eva se acercó a Andrea con paso lento, como si cada movimiento estuviera cargado de pensamientos no expresados. Con una suavidad cautelosa, la abrazó.
—Negocios son negocios —exclamó Eva, su voz firme pero con un matiz de inseguridad.
Andrea la miró fijamente, sintiendo cómo la emoción del momento la envolvía.
—Así veo —respondió Andrea, una leve sombra de decepción cruzando sus ojos—. Lástima que escogió los negocios y no a mí.
Eva bajó la mirada, luchando por mantener la compostura, sabiendo que las palabras no eran suficientes para justificar lo que acababa de hacer.
—No podía perder la oportunidad de cerrar este trato con su empresa, Señora Rezz —dijo, con la mirada apartada, como si el peso de la decisión se hiciera más grande al confesarlo.
—Un gusto hacer negocios con usted, Señora Eva —respondió Andrea con una calma que escondía un sinfín de emociones internas, sin dejar de mirar a Eva.
Cuando Andrea se giró para abandonar la sala, sintió una presión en su brazo. La mano de Eva la había alcanzado, impidiéndole el paso. En el instante, una mezcla de sorpresa y tensión recorrió su cuerpo.
—Señorita Eva, no entiendo —exclamó Andrea, su tono ahora cargado de una confusión palpable—. Usted escogió los negocios, así que sólo serán negocios. Le pido que me suelte el brazo.
—Usted me gusta— respondió la Señorita Eva —no quiero que se vaya, hoy me porte mal con usted necesito que me castigue se lo pido ¡castígueme! Se lo suplico.
Se suelta del brazo con rabia la mira fijamente como para matarla a golpes pero empieza a respirar para controlar la impotencia y frustración que sentía en esos momentos.
—Dije que me suelte — exclama la señora Rezz
—Fui una niña mala— responde Eva arrodillándose —castígueme se lo imploro haga conmigo lo que usted le plazca.
La agarra del brazo haciendo que se levantara de golpe la lleva hacia la mesa y le da la vuelta se saca su cinturón de cuero negro que tenía, empieza con la azotaina empezando suave hasta llegar al extremo de fuerte sacando toda su rabia que le tenía por haber jugado con sus sentimientos por lo menos Andrea así se sentía tenía mucha rabia guardada que no vio la magnitud de sus azotes que cuando volvió en si todo el pantalón de Eva estaba mojado del color que ni podía ver.
En ese momento Andrea entro en shock de pánico empezando a gritar dándose golpes con la hebilla del cinturón en su espalda.
—Detente Andrea—exclama Eva intentándola calmar
Pero Andrea no la escuchaba, ya que, cuando entraba en shock, se sumergía en un vacío total. La realidad parecía desvanecerse ante ella, sumergiéndola en un estado de desconexión tan profundo que ni siquiera el sonido de su voz podía atravesarlo. El silencio absoluto la envolvía, y, en ese instante, se perdía completamente, como si su cuerpo estuviera allí, pero su mente hubiera huido a otro lugar, alejada de todo, incapaz de responder o comprender. La sensación de parálisis, tanto interna como externa, la hacía sentir como si estuviera atrapada en una burbuja insonora, donde el habla y el oído ya no existían.
Eva no sabía qué hacer en la angustiante condición en la que se encontraba, pero el dolor que sentía en las nalgas, que sangraban profusamente, ya no le importaba. Cada movimiento era una punzada insoportable, pero el sufrimiento físico no podía compararse con la desesperación que le causaba ver a Andrea dañándose así. Sabía que tenía que hacer algo para detenerla, para protegerla de sí misma. Entonces, lo único que pudo hacer fue acercarse a ella, abrazarla con toda la fuerza que sus brazos podían ofrecer, envolviéndola en un refugio de ternura. Mientras la abrazaba, le susurraba palabras dulces al oído, suaves y reconfortantes, como una melodía que esperaba calmar su tormenta interna. Y, poco a poco, Andrea fue dejando de moverse, hasta que el silencio se instaló, y el dolor pareció desvanecerse en la quietud.
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HISTORIAS BDSM
General FictionGénero: Romance Erótico, BDSM Clasificación: +18 (Contenido explícito, lenguaje fuerte, temáticas de sumisión y dominio) ¿Hasta dónde llegarías por descubrirte a ti misma? En un mundo donde el placer se entrelaza con el dolor, Andrea explora los lím...
