Capitulo 9

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— ¡Suboficial Rezz, despierte! —exclamó una voz varonil, imponente, atravesando el silencio de la habitación. — ¡Despierte, suboficial Rezz! Que llegará tarde a su condecoración.

— Unos minutos más...​—murmuró el suboficial Rezz, con la voz arrastrada, aún atrapada entre los restos de su sueño.

— ¡Nada de unos minutitos más ni que ocho cuartos! — replicó la voz, tajante, con un tono que no admitía discusiones. — De una vez levántese de la cama.

Al abrir los ojos, la luz cegadora del día hizo que todo se volviera nítido de golpe. Allí, al pie de su cama, estaba el cadete White, impecable con su uniforme oficial, listo para la ceremonia.

El suboficial se sentó, aún somnolienta, y alzó las manos, rendida, para que el cadete comenzara a vestirla, sin decir palabra alguna.

— ¿Por qué siempre tengo que vestirla yo? — embarazada—preguntó el cadete, con una mezcla de molestia y resignación en su voz.

— ¿Acaso te olvidas de la apuesta que perdiste? —respondió ella, sonriendo de medio lado, aún adormilada, mientras sentía la prisa del momento empujándola a reaccionar.

Con rapidez y destreza, el cadete White terminó de vestirla, sabiendo que tenían menos de cinco minutos para llegar al salón oficial, y si no lo lograban, ella perdería la condecoración. El revuelo sería inevitable, y sabía que no podía dejar que eso sucediera.

Por suerte, una vez más, el suboficial Rezz demostró tener una increíble suerte, y llegaron justo a tiempo para el acto.

— ¡Sean bienvenidas todas las personas aquí presentes! - ex—exclamó el general del ejército, con voz fuerte y solemne. — Hoy, 19 de septiembre del año 1999, haremos entrega de la medalla de la caballería Primax, caballeros del Oriente, por su gran valor y dedicación en la lucha contra los enemigos de nuestro país, a la suboficial Rezz, quien desde ahora será ascendida a capitán general.

Justo en el momento en que el suboficial estaba a punto de recibir la medalla, un ruido constante la interrumpió, repitiéndose una y otra vez.

*ring, ring, ring, ring, ring*

Era el despertador.

Abrió los ojos, atónita, y se dio cuenta de inmediato de que no era más que un sueño. El sueño del pasado, ese pasado que había dejado atrás, pero que, a pesar de todo, seguía persiguiéndola.

Se levantó de la cama, con el cuerpo pesado y la mente llena de pensamientos dispersos. Sabía que, en pocos días, tendría que enfrentarse nuevamente a ese lugar. Tendría que regresar para aclarar todo sobre Cecilia.

Llamada entrante

— Buenos días, mi hermosa dormilona.

—Buenos días. 

— Vaya, que estamos de pocas pulgas el día de hoy, mi hermosa dormilona.

— Te dije que no me volvieras a llamar nunca más en tu vida. ¿O acaso no lo entiendes, Celia? 

— Sé muy bien lo que me dijiste, pero tienes que saber la verdad sobre muchas cosas, entre ellas está Cecilia. 

— Ya te dije que ella está muerta, no entiendo... ¿Por qué la tienes que nombrar? 

— Mi hermosa dormilona, ​​Cecilia no está muerta. Es más, ya has estado con ella y tú, mi bobita, ni te diste cuenta de ello. 

— ¿De qué mierda estás hablando, Celia? 

—Cecilia es Paola.

llamada finalizada

Llamada saliente
Llamada rechazada
Llamada saliente
Llamada rechazada

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