Capitulo 10

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—Andrea, por favor – exclama Paola, su voz quebrada por la súplica. – No lo hagas, te lo suplico. Sé que debería haberte dicho esto desde el principio, pero...

—Es verdad – responde Andrea, su tono frío. – Debiste decírmelo, pero no lo hiciste. ¿Por qué no lo hiciste?

Paola baja la cabeza, un nudo en la garganta. Sus palabras salen a duras penas.

—No tenía autorización – responde, la voz temblando.

—¿Cómo que autorización? – Andrea exclama, claramente sorprendida, su rostro reflejando incredulidad. – ¿Autorización de quién?

Paola cierra los ojos, un remordimiento profundo pesando sobre ella.

—Lo siento, Andrea, pero ya te he dicho demasiado – responde, con un susurro cargado de pesar.

Andrea la mira, un brillo frío en sus ojos, antes de soltar un suspiro pesado.

—Como quieras – dice Andrea, su tono endurecido. – Respira profundo, Paola, porque esto te va a doler.

Agarra el primer instrumento de tortura el cuál es una pequeña rueda con muchos alfileres puestos de forma ordenada, empieza recorriendo las axilas de Paola, presionando suave primero, aumentando a una intensidad fuerte. Así fue recorriendo cada centímetro de su cuerpo hasta llegar a sus muslos en los cuáles se detuvo. Sacó otro instrumento de la mesa que ya había preparado, esta vez era un flogger tipo gato con las puntas afiladas con el cuál fue recorriendo suavemente desde los muslos de Paola hasta sus nalgas y de sus nalgas hasta sus talones aumentando la presión del instrumento hasta nivel medio fuerte. Al tener las puntas afiladas, las zonas ya recorridas se fueron marcando con un tono rojo suave.

En eso hay un silencio sepulcral hasta que se escucha a lo lejos como abren y cierran la puerta de un refrigerador, de allí sacó dos limones totalmente fríos, uno lo cortó por la mitad, medio lo apretó para que el jugo todo frío saliera un poco y empezó a frotarlo suavemente por todas las marcas qué tenis Paola en su cuerpo.

Al terminar, al otro limón le puso un preservativo y empezó a medio introducirlo en el sexo totalmente húmedo y dilatado de Paola.

—ummmmm...ahmmm— soltó Paola un gemido largo y fuerte.

—Silencio puta —exclama Andrea — que recién empieza todo.

De ahí saca una bala vibradora anal le pone un preservativo, le abre las nalgas a Paola le pone lubricante en el chiquito y zas introduce la bala.

—ummmmm..ahmmm-gime Paola más fuerte — piiieeedddaaad annnddrreea.

—Eso debiste pensar en ese momento hace quince años — exclama Andrea.

Prende la bala a media potencia modo taladro, mira como Paola se contorsiona entre una mezcla de placer y dolor.

En eso el limón qué lo tenía a medio del sexo de Paola, se lo introdujo totalmente como si fueran bolas chinas vaginales y lo dejó hasta que se puso a temperatura ambiente.

—ummmmm...ahmmm— suelta un full gemido Paola - ummmmm..ahmmm.

—Dije silencio puta —exclama Andrea dándole un manazo en la cara.

—ummmmm...ahmmm suelta otro gemido Paola.

Al ver que Paola lo está disfrutando, cambia el rostro de Andrea de tono serio a tono con picardía.

Con rapidez, Andrea conecta una manguera al grifo que está justo a diagonal de donde Paola está colgada, sus manos atadas. Enciende el agua en modo chorro, y de inmediato, el agua helada empapa todo el cuerpo de Paola. La reacción de Paola es inmediata: un estremecimiento que mezcla el frío brutal del agua con la excitación que siente, un contraste palpable en su rostro. La sensación la hace vibrar, un nudo de emociones que parecen estallar en su interior.

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