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Habían pasado tres días desde la boda y desde el incendio que destruyó la casa entera Rubius.

Rubius había intentado denunciar a Vegetta y Lolito por el incendio, pero le dijeron que los hechos habían ocurrido bajo el tratado de venganza justa de Karmaland y no podían hacer nada.

— ¿Por qué no vives en casa de Alexby?— Preguntó Quackity.

— ¡No!— Rubius gritó— Esa casa se queda así como está—

Quackity decidió guardar silencio, Rubius por su parte empezó a alejarse del juzgado.

— Rubius, espera— Quackity dijo caminando detrás de él.

— ¿Qué quieres Quackity?— Preguntó Rubius de mal humor.

— ¿Quieres hacer algo?— Preguntó Quackity— Hace mucho no hacemos algo nosotros dos solos—

Rubius detuvo su caminata y suspiró, mirando al menor.

— ¿Qué quieres hacer?— Preguntó Rubius con resignación y Quackity sonrió.

— ¿Ya te dije que estoy por empezar mi campaña para ser el alcalde?— Quackity comentó— Y voy a necesitar de alguien que me ayude con las relaciones públicas—

— ¿Y por qué crees que voy a aceptar?— Preguntó el oso.

— Pues, ya no tienes trabajo, ¿Verdad?— Comentó Quackity— En la boda escuché que Matute te despidió hace dos semanas—

— Eres un hijo de puta— Mencionó Rubius— Bien, seré tu estúpido ayudante—

— ¡A huevo!— Gritó Quackity y tomó el brazo de Rubius— Mira, vente y te digo todo lo que tengo planeado. Lo primero eso sí, es acabar con la inseguridad en el pueblo...

Continuará...

ᴰᵒˢ ᴾᵉᶰᵈᵉʲᵒˢ • ᴿᵘᵇᶜᵏᶤᵗʸDonde viven las historias. Descúbrelo ahora