Domingo 7: "Beso"

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Osamu Dazai no sabía cómo habían llegado a esa situación en la que Chūya y él se encontraban. Sólo recordaba que habían ido al apartamento del pelirrojo mientars discutían de un tema sin importancia alguna y habían acabado emborrachándose juntos, Chūya con vino y él con sake. Se podía notar un gran sonrojo en el rostro de ambos, pero era más notorio en el del mafioso, quien era el que más ebrio estaba de los dos allí presentes.

De un momento a otro, habían comenzado a hablar de los viejos tiempos y a reír de su juventud juntos como el Doble Negro. Comenzaron una pelea de "a ver quién dice la estupidez más grande que hicimos". Ante cada momento contado, la risa del contratio no podía faltar. Más de una vez acabaron en el suelo debido a los repentinos ataques de risa.

Cuando se les hubo pasado ese estado, y mientras Dazai tomaba el vaso para beber más, Chūya se quitó el sombrero y lo dejó encima de la mesa mientras decía de forma atropellada:

¿Alguna vez te han dicho que tienes unos ojos bonitos?—preguntó el pelirrojo.

Dazai bebió un trago mientras miraba interrogante al mafioso. Negó mientras dejaba el vaso sobre el posavasos.

¿No? Pues deberían, porque los tienes—la voz de Chūya daba una especie de altibajos conforme iba hablando. El mafioso también pestañeaba bastante, apenas pudiendo permanecer recto debido a su estado de ebriedad—. Y siempre me ha parecido así.

—Vaya, yo pensaba que Chūya odiaba todo lo referente a mí—el tono cantarín de Dazai se hizo presente en la estancia, sólo que más agudo de lo normal.

E-Eso no es cierto—Chūya apoyó una de sus manos enguantadas en el hombro de Dazai mientras sonreía de forma boba—. Y-Yo no te odio, simplemente, tengo los sentimientos algo confusos. ¿Pero de ti? De ti no odio nada, Dazai—el mafioso se llevó la copa de vino a los labios para tomar otro trago.

Oh, ¿y qué más le gusta a Chūya de mí, si puede saberse?—preguntó el detective de una forma un tanto coqueta.

Tu cabello es sedoso—el pelirrojo puso su mano entre la coronilla y la nuca de Dazai, acariciando sus cabellos y enredando sus dedos en éste—. Tu carácter a pesar de ser insoportable tiene puntos a favor, ¿sabías?—Chūya volvió a sonreír—. Tu cuerpo es esbelto—el mafioso se puso de rodillas en el sofá en el que estaba sentado mientras se acercaba al detective.

¿Algo más, Chūya?—Dazai sonreía al oír esos halagos de parte del mafioso, estaba encantado de oírlo decir todo aquello. No todos los días podía oírlo hablarle de esa forma o con esos adjetivos.

Siempre has estado ahí cuando usaba Corrupción—admitió Chūya—. Por increíble que pareciera, siempre venías a tiempo y cumplías tu promesa.

El mafioso había comenzado a acortar la distancia entre él y el detective, mas éste último no se había fijado de este detalle. En apenas unos segundos, sus labios ya comenzaban a rozarse.

Oh, siempre me he preguntado si saben bien tus labios—Chūya esbozó una sonrisa coqueta mientras tomaba a Dazai de su corbata de bolo.

¿Qu...?—el castaño fue interrumpido por los labios del pelirrojo, uniéndolos en un beso.

El detective empujó a Chūya con algo de fuerza, desconcertándolo.

¿P-Pero qué haces?—preguntó, confuso.

La tensión en el aire rogaba un beso de parte de alguno de los dos. Te hace falta ver más comedias románticas—el pelirrojos se cruzó de brazos. Los descruzó para tomar su copa de vino y beber otro trago.

¡Sabes que me gustan las mujeres!—recalcó Dazai.

Chūya frunció los labios y alzó una ceja.

Está bien, supongamos que te gustan sólo las mujeres. ¿Por qué pusiste mi cara básicamente sobre tu miembro viril cuando podías haberla dejado en el suelo, aún tocándome?—cuestionó el pelirrojo—. ¿Por qué dijiste lo de Blancanieves? ¿Acaso esperabas un beso en vez de un puñetazo?

Dazai alzó el dedo índice mientras abría la boca para decir algo, pero de su garganta no salió ningún tipo de sonido. Chūya suspiró mientras movía la mano.

Déjalo. Olvida lo que he dicho. Olvida que te he dado un beso. Diremos que fue una tontería por la borrachera—dijo el mafioso mientras se sentaba recto en el sofá y se cruzaba de brazos.

Cerró los ojos, pero los abrió rápidamente al sentir los labios de Dazai sobre los suyos. El castaño se separó un poco, viendo la expresión de vergüenza que se acababa de reflejar en el rostro de Chūya.

¿No decías que te gustaban las mujeres?—preguntó a media voz el pelirrojo.

A la mierda todo—dijo el castaño antes de volver a besar a Chūya.

Dazai besaba con un deseo fogoso, lo que arrastró a Chūya a corresponderle. El mafioso se subió al regazo de Dazai y pasó sus manos por la nuca de éste. Sus dedos agarraron el cabello del contrario con algo de fuerza, tirando de él hasta que notó cómo un gruñido ronco salía de su garganta. El castaño mordió ligeramente el labio de Chūya, causando un leve gemido en el de menor estatura, quien entreabrió los labios, y a través de ahí, la lengua de Dazai se coló. Fue ahí cuando el beso pasó a más.

El detective tomó de los muslos a Chūya mientras se alzaba, llevándolo al dormitorio del mafioso. Éste bajó al suelo en cuanto llegaron, y se dejó acorralar contra el borde de la cama. Chūya soltó un gemido y se separó unos segundos para coger aire, notando la cálida mano de Dazai introducirse bajo su camisa mientras lo miraba de una forma pícara. El mafioso sonrió mientras aflojaba la corbata del castaño y le retiraba la gabardina.

No tardaron más que unos instantes en volver a unir sus bocas mientras se desvestían. Sus labios se tocaron una y otra vez, sus lenguas jugueteando en un ritual de deseo. Parecía que ambos competían por ver quién era más rápido, más profundo, más placentero.

El pelirrojo se tumbó en la cama, con Dazai encima de él. Las manos del castaño pasaron por el abdomen descubierto del pelirrojo mientras comenzaba a repartir pequeños besos húmedos por su cuello. Chūya terminaba de sacarse prendas hasta que sólo quedó su ropa interior y sus pantalones.

Fóllame...—dijo el mafioso con voz sensual al oído del detective mientras dejaba escapar un ligero gemido provocado por el castaño, quien había mordido con suavidad el lóbulo de la oreja del contrario.

Dazai no se hizo de esperar, y pronto ambos estuvieron sin ropa, repartiéndose besos y disfrutando del placer que el cuerpo del contrario le provocaba.

Y con eso, llegamos al principio, donde un desorientado Osamu Dazai se pregunta muchas cosas al sentir una jaqueca horrible y ver que está desnudo mientras abraza con cariño al que creía era su enemigo más odiado, el ejecutivo de la Port Mafia, Chūya Nakahara.

1.100 palabras

Soukoku Month 2023Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora