Hemos actualizado nuestras Pautas de Contenido.
Consulta las pautas más recientes para seguir compartiendo historias de forma segura.

La marcha del prisionero

1.5K 195 9
                                        



El aire en el campamento se sentía denso, las corridas iban de un lado al otro intentando calmar el caos que se avecinaba.

Hacía diez días que el Coronel se había marchado al frente y aunque había intentado comunicarse con él no había podido.
Mordió su labio inferior cuando a lo lejos divisó la hilera de camiones que se acercaban. Estos estaban llenos de soldados, algunos heridos, otros muertos y otros pocos con algo más de suerte podían valerse por si mismos.
Jimin vio a todos y cada uno de los que bajaban de los vehículos, pero ninguna imagen le devolvía la silueta de su alfa.
Vio a su amigo quien mientras se cubría su boca, corría desesperado hasta él fundiéndose en un doloroso abrazo dejándose llevar por las emociones, llorando de manera intensa.

-¿Tae?- preguntó con un nudo en la garganta

-Se...los...lle...varon...yo...no...pu...de...-

-¿A quiénes se llevaron Tae? Por favor, no te entiendo- dijo, aunque en su interior sabía muy bien a que se refería.

-El Coronel...Jungkook...y otros más, se los llevaron prisioneros- sollozó desesperado mientras hablaba.

Sus ojos se cristalizaron y su cuerpo comenzó a temblar, cayó de rodillas sobre el áspero piso y sus lágrimas salieron sin permiso alguno. Lo que siempre había temido, estaba pasando y el dolor que lo embargó lo hizo estremecer al punto tal de querer desaparecer.

Su amado Coronel había roto su promesa. Ya no volvería a sus brazos, ya nunca más volvería a sonreír.











 Ya no volvería a sus brazos, ya nunca más volvería a sonreír

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.












El enfrentamiento era cruento y desgarrador.
Los soldados tanto propios como los del enemigo caían como moscas en la miel. Era el momento más álgido, nada podía detener semejante lucha.
El bombardeo ensordecedor de un avión bombardero detuvo todo a su paso, dejando allí una desolación total.
Desorientado como estaba intentó buscar apoyo, pero nada se podía ver a su alrededor. Caminó herido, tratando de correrse de la línea de fuego, cuando sintió un arma apoyar en su nuca y entonces entendió que su momento había llegado.
Al contrario de lo que cualquiera podría pensar, no sintió temor por su vida, siempre supo que ese sería su destino, desde el día que se enlistó en el ejército y fue enviado a una guerra para liberar su tierra. No, no sentía temor por él. Pero la imagen de su tierno omega cruzó por su mente perdida y entonces sintió por primera vez que acababa de perder la guerra, porque el solo echo de saber que no volvería a tenerlo entre sus brazos lo hizo encogerse en su lugar.

La voz grave y demandante lo hizo ponerse de pie. Y no luchó, no necesitaba hacerlo, porque de nada le serviría.
Fue empujado y llevado hasta la zona donde algunos de sus soldados que aún seguían de pie estaban siendo maltratados.
Quiso entonces dar la cara por sus hombres, pedir que los dejaran ir, pero claro, allí solo era un prisionero más, no era el imponente Coronel que imponía sus órdenes y nadie cuestionaba.
Entonces aceptó su destino, aceptó que jamás volvería a ser el mismo.
Marchó con el grupo, siendo arrastrado por las fuertes cadenas que lo unía al resto. Divisó al joven enfermero que había llevado con él. Mordió su labio sintiendo pena por el muchacho, pero nada más pudo hacer.








El cantar de las avesHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora