¿El idiota?

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Escucho unos golpes lejanos a la puerta de mi cuarto y frunzo el ceño entre abriendo los ojos ¿Ahora que…?

—Tatiana, por Dios ¡Levántate ya!

Ruedo los ojos, escuchando a mi papá y hago todo lo contrario, tapándome por completo con la cobija gruesa y pegando las rodillas a mi pecho.

—¡Ya voy! —miento y escucho más toques en la puerta.

—Voy a entrar.

—¡No...!

No puedo terminar, ya que escucho la puerta abrirse. Gruño y me entierro de cabeza en la almohada.

—Por el santo patrón de la paciencia ¡No eres ninguna niña, ten sentido de responsabilidad!

—Es temprano aún —giro los ojos.

—Son las 7 30, Tatiana ¡Es tarde!

Me incorporo de golpe mirando el reloj en mi celular y no se equivoca

Abro los ojos de par en par, parpadeando con fuerza como si eso me fuera a quitar el sueño inmenso que tengo y salto fuera de la cama para ir al baño, pasando de largo a papá. Comienzo a arreglarme lo más rápido posible. Me baño, me cepillo, me peino, desordeno el cuarto... mierda.

Busco la ropa y termino colocándome rápido lo que encuentro primero: jean ajustado, mis adoradas converse y un top strapless blanco. Me miro en el espejo de mi peinador. Bueno... nada mal ¿Eh? Solo termino por agarrar unas poquitas cosas de mi maquillaje para meterlas en mi mochila.

Bajo corriendo al recibidor y frunzo el ceño viendo a mi padre de pie, junto a la puerta sosteniendo un plato con un sándwich… ¿Para mí?

—¿Te sientes bien? —le pregunto extrañada.

—Solo come —gira los ojos, cortante, como si esto no fuera uno de los mejores actos que ha hecho conmigo de manera directa.

—Necesito que me lleves —pido masticando y su cara me dice que le da una tremenda pereza. «Y me juzga a mí», pienso—. Por favor, el señor Liam no puede —le explico; es un abuelito que siempre me da el aventón.

—Pero...

—Bien, te espero.

Evito su respuesta porque sé que va a ser un rotundo no. Tomo las llaves del auto para subir y esperarlo. Unos segundos después sale reflejando el estrés en su rostro. Yo tampoco querría, honestamente. Bueno, sí me hizo comida que se mueva para esto.

Es la primera vez que lo hace en años...

Enciende el auto y comienza a manejar. Me da risa verlo aun con su pijama, aunque no hago comentarios al respecto para terminar de arreglarme. Me paso una toallita húmeda por la cara y saco las cosas contadas que traje: labial, rimel y corrector… ¡No traje polvo, Dios!

—¿Por qué el señor Liam no puede?

Me guardo la queja de mi misma cuando papá me habla y opto por aplicarme el labial tanto donde se supone que va, como en las mejillas. No quiero parecer un puto fantasma.

—Se lesionó el tobillo —respondo, y suelto una grosería cuando, aplicándome el rímel, me mancho el párpado.

—¿No te gusta la idea de ir a quedarte en las residencias de Leeson?

—¿Me estás corriendo de la casa de una forma indirecta solo para no tener que llevarme cada que el señor Liam no pueda hacerlo?

—Tu lo dices así. También puedes pedir taxi.

—Pues no. Quiero independizarme primero, de verdad —lo miro de reojo. Lo hago para molestarlo y lo logro porque voltea los ojos, fastidiado.

—No.

Marcando los erroresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora