8. Broche de oro o caca

17 4 0
                                        

—¿No quieres subir al cuarto y dormir? —plantea Delanie, sonriente, y yo sé que quiere en serio que duerma, pero yo no quiero.

Niego con la cabeza y respiro hondo tras el pequeño desborde de mi alma que ocurrió en el baño. Mastico el pan que sacó mi amiga quien sabe de dónde y trago el ultimo trozo, parpadeando varias veces. Perfecto, me siento mejor. Era solo cuestión de vomitar y comer algo salado, ya puedo dar vueltas por ahí otra vez.

—Voy a buscar a Erick.

Ella asiente y al darme vuelta, como si lo hubiese invocado llega mandándome en un intento de abrazo y uso mi poca fuerza para mantenerlo. Se aferra a mí, unos segundos y luego de escuchar mis quejas se incorpora, disculpándose y poniendo una mano en mi hombro.

—Acompáñenme, la arpía que está conmigo anda de mal humor —nos mira a mi amiga y a mí, con una sonrisa perezosa. ¿Cómo mierda es que no se ha desmayado del sueño?

Intercambio una mirada con la rubia y sube los hombros dándole muy igual. No sé a quien se refiere con la arpía, pero es Erick, no creo que sea algo malo. Asentimos y comienza a caminar intentando que se vean como pasos firmes, y me pregunto si sí podrá guiarnos a donde quiere por el estado en el que está. Aunque no le doy importancia.

—Es por aquííííí...

Me río de su canturreo con Delanie, y tal risa se corta al momento que me toman de la muñeca y no resulta ser más que Owen mirándome preocupado.

—¿Dónde estuviste? Te perdiste feo.

—Es que me embriagué -sonrío con inocencia y Erick nos llama con fastidio porque lo dejamos de seguir—. Ven, si quieres, vamos a estar con él. No me extraña que no lo conozcas.

—Ah, es amigo de Damon ¿No? —pregunta, yendo junto a mi y Delanie se mete entre los dos.

—Yo también existo, idiota. Es mi fiesta y ni me saludas.

Empiezan a discutir por lo que prefiero adelantarme con el chico castaño, sin embargo, al instante me arrepiento viendo que me lleva a la misma sala donde estuve con Owen hace rato. Aunque al menos la misma está abierta, pero no hay tantas personas más que en unos rincones hablando, supongo porque no llega tanto la música y, justo en esa esquina, donde están los sofás cubiertos, está Damon con una cara de culo que no tiene pinta de que se le vaya a quitar pronto. De hecho, tengo la impresión que empeora cuando levanta la vista, viéndonos entrar.

Entonces ¿Damon es la arpía?

Pensar en el comentario de Erick me hace reír y más aún cuando miro a Damon. Él se da cuenta y frunce el ceño.

—¿Tengo cara de payaso o qué? —reclama, molesto, y me río más.

—Perdón —digo carcajeada.

No es el mejor momento para reírme, pero creo que la situación me da mucha risa en general. Peor viendo a Erick tirarse en el sofá cayendo encima de Damon que lo aparta de un empujón para nada amigable. Observo los lugares que quedan —uno solo—y enarco una ceja viendo que ese sofá que queda es justo donde estaba con Owen. Lo miro de reojo y me devuelve la mirada, dándome un empujoncito para que siga y me siente. Empiezo a calmar mi risa y Delanie es la primera en tomar lugar a un costado, dejándome con mi amigo.

—¿Por qué vinimos a sentarnos aquí como imbéciles? —cuestiona Damon y las palabras van dirigidas a Erick que se estira, relajado.

—Pues porque...

—Porque perdiste la apuesta, amor de mi corazón —una voz femenina lo interrumpe y la risa se me termina de esfumar viéndola a ella otra vez.

En lo que puedo porque la iluminación no ayuda en nada, ya que la sala solo se ilumina con lo poco que entra de afuera. A eso sumándole que sigo sin mis gafas. O eso creo yo hasta que recuerdo en donde fue que las dejé y miro al lado de Delanie donde está la mesita y con el halo de luz verde que entra de afuera, los reconozco y ella al notar mi gesto, los ve también tomándolos y mirándome con el ceño fruncido.

Marcando los erroresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora