Hago lo posible para que no se me desconfigure la cara y lo disimulo con una sonrisa, algo sorprendida y avergonzada. Bueno... no avergonzada, pero si algo disgustada en el fondo, no por ella sino porque recuerdo lo sucedido hace un par de años y también por la pelea el día ese de Jeremy y Damon...
Dios, me voy a colgar. Todo hace clic en mi cabeza.
Eso y también el torbellino de ideas que se me cruzan al instante de contemplarlos a ambos frente a mí. Ambos altos, impotentes, con cara de que me harían bullying —aunque esa soy yo— y encima con una relación que es cualquier cosa menos de amigos.
—Hola... —contesto, y bebo del poquito batido que me queda para relajarme—. ¿Qué tal? —pregunto, casual, como si no hubiera sido la culpable de arruinar su felicidad hace tiempo...
Ahora que lo pienso, no sé qué estaba pensando en ese momento, pero creo que me merezco la mirada de cuidado que me está tirando en este momento, porque justo estoy con su amigo. La verdad, nunca me la había encontrado, al menos no frente a frente ni tampoco me había visto en la situación de compartir el mismo espacio, de esta forma. La verdad, repentinamente me siento un poco mierda por ese desliz no tan desliz que ocurrió en la preparatoria.
Tres veces. tres veces, tres chicos... oh, no.
Como si no fuera suficiente, al mirar de forma vaga, el reloj en la pantalla encendida de mi celular, ni me fijo en la hora sino en el 33 que aparece. Casualidades ¿No?
Sin querer entrar mucho a esos recuerdos, fui la causante que tres de sus relaciones terminaran. No, de manera directa, de hecho... nunca comencé nada. Los chicos solos empezaban a escribirme, o buscarme y yo de idiota y maldita, —porque no se describe de otra forma— aceptaba verme con ellos casualmente por ahí y bueno... para concluir sin detalles, ella me odiaba. Y no era para menos, hasta me da un poco de asco recordarme actuando así.
Por eso su hermano me odia y me lo sacó en cara. Es su princesa de cuidado. La famosa Lisbeth.
—Todo bien, la verdad —contesta, y agarra el batido de Damon quitándole la tapa para beber directo del vaso. Otro gesto bastante natural para ambos a mi parecer—. Estaba tomando un descanso de las clases —dice, con una mueca girando los ojos— ¿Y tú?
—Igual, solo que sin el descanso —le respondo, queriendo sentir algo de comodidad, pero Damon no nos deja de mirar a las dos en ningún momento, y presiento que ya sabe, o está sacando sus propias conclusiones porque el hecho que esté frunciendo aún más el ceño no creo que quiera decir que está viendo la diferencia entre mi cabello y el de ella.
Y vuelvo a recordar que el mío está hecho nada. A comparación del suyo que brilla con ese rubio radiante. En si ella es muy radiante. El ligero bronceado en su piel le hace resaltar aún más sus orbes azules. Un tono más oscuro que el Damon, pero igual un azul bastante llamativo como cualquiera. Encima el maquillaje ligero que lleva marcando aún más su rostro perfilado, sus labios no muy gruesos, pero si lo suficiente para que resalte el arco de cupido definido. Su ropa que va con un streetwear muy sencillo.
Esta Lisbeth es muy diferente a la que conocí. Antes de broma se peinaba... ahora me intimida junto con el idiota que está al lado.
Hacen buena pareja, honestamente.
Creo que te estas yendo muy allá.
Es que antes no la había detallado tanto para fijarme que es realmente hermosa. Siendo sincera. Podría entender a Damon...
Pero ¿Qué acabas de decir?
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Marcando los errores
RomansaLa rutina desorganizada y aparentemente tranquila de Tatiana se rompe cuando el pasado regresa, dejándola al borde de su poca estabilidad. Damon, el chico que siempre le gustó, vuelve a su vida, despertando emociones que siempre intentó rechazar. Su...
