4. ¿Qué Damon que...?

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Salgo de mi clase apurada por reunirme con mis compañeros en la cafetería. Luego de lo que ocurrió con Sandra me siento algo estresada y es que, obvio todo el mundo ya sabe de eso que salió. Ella decidió quedarse en mi casa y bueno, me dio muy igual, prefiero que esté lejos de toda esa cuerda de metidos que lo único que saben es preguntar o burlarse de ella, o en pocos casos, también joderme la mañana directamente como, por ejemplo, el padre de Sandra escribiéndome que mantenga distancia de su hija porque soy mala influencia...

No puedes ser tan cabrón. Viejo de mierda nunca me ha caído bien, y menos ahora que indirectamente con un lenguaje muy elegante y sofisticado me dijo puta.

Me tomo el dedo meñique arrugando la nariz ya que, saliendo del salón al cerrar la puerta, me lastimé. Alguien pasa por mi lado chocándome bruscamente el hombro por lo que me tambaleo y levanto la mirada encontrando ese cabello entre rubio y rosado que me genera algo de extrañeza. ¿Y esta que hace aquí?

—Anda pendiente —le digo, forzando una sonrisa, guardándome un insulto y ella me mira de arriba abajo, con algo de ofensa en sus ojos oscuros.

—Tú eres la atravesada.

Frunzo el ceño y miro alrededor, también señalando.

—Yo creo, no sé, me parece que el pasillo es bastante amplio y está vacío, no hay necesidad de chocarme —espeto—. Si tienes un problema ve a que te cojan, y no me jodas a mi.

—Me parece increíble que te hagas la estúpida como si ayer no me hubieses tirado un jugo en medio de toda la cafetería.

—Ah, por esoooo —la miro parpadeando varias veces—. Los accidentes pasan —le resto importancia—. Ahora ve hacer lo que quieras y... esta no es tu facultad —caigo en cuenta frunciendo el ceño—. ¿Para qué viniste? Nunca te he visto aquí —indago desconfiada y ella sube los hombros.

—Venía por Sandra.

—¿Para qué? —pregunto confusa ya que no tiene nada que hacer con ella.

—¿Que te importa, metida de mierda?

—¿Metida de-…? —repito, deslocada, por su altanería—. ¿Te pica el culo? La metida eres tu, que buscas problemas donde no hay —bramo, molesta—. Anda y regrésate con la otra rata más bien. Deja a mi amiga en paz.

—¿Rata? ¿Por qué? —cuestiona, subo ambas cejas con el reflejo de una sonrisa y junto los labios, moviendo la cabeza con un gesto de obviedad.

—No voy a responder. Ya adiós —prefiero retomar mi camino, pero ella inclina la cabeza un poco, justo cuando paso por su lado.

—Tu eres igual que Sandra —comienza y subo una ceja, aburrida—. Y tú no tienes moral, para venir a señalar quienes son malos.

—Y tú no tienes que venir a hablar de mi vida como si me conocieras desde feto, gracias.

—Se bastante, Lisbeth me contó lo que le hiciste, así que, si vas a señalar a mi novio sin saber toda la historia detrás con la porquería de tu amiga, cállate.

La miro unos segundos en silencio. La mención de ella me da un mal sabor, sin embargo, prefiero desviarme a otro lado. Tomo un suspiro y me llevo una mano a la boca.

—No lo puedo creer —bajo la mano—. Vas a defender a tu novio y ¿No estás pensando en ti? que tonta eres —niego con la cabeza—. Te voy a decir esto rápido porque tu empezaste: puedes pensar lo que quieras, que soy una puta, que Sandra es la ex mala, que Jeremy el salvador, pero si algo es super seguro aquí es que solo vas a ser un entretenimiento para Jeremy, si lo hizo con Sandra ¿Por qué no contigo? —le cuestiono—. Sé cómo es Jeremy, y lo he escuchado decir unas cosas —giro los ojos—. Y no sé cómo empezó lo de ustedes sí él te buscó o tú lo buscaste, la cosa es que... nada va a cambiar como va a ir la obvia relación de ustedes, ellos no reflexionan por romper un corazón, pero si les duele cuando lastiman su ego y justo eso está pasando ahorita con él, por lo que publicaron de ella, y si no me crees cuestiónate si anoche tardó en escribirte porque... de tanta insistencia Sandra lo tuvo que bloquear —noto un ligero cambio en su expresión, pero no siento el mínimo arrepentimiento por mis palabras, ya tenía que callarla—. También recuerda con quien pasó San Valentín. Suerte y sal de ahí.

Marcando los erroresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora