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—Tatna, por favor, no hagas nada —me pide, por décima vez y giro los ojos.
—Ve a ponerte la zapatilla de Cenicienta, qué sé yo. Déjame expresarme.
—No, eso no es expresión.
—Claro que sí, como tú quemando mi chaqueta ayer.
Logro soltarme de ella y pego una carrera para alejarme lo más que puedo de mi amiga, y ella se me facilita, ya que lleva unas sandalias de tacón que son incómodas, pero las ama.
No tardo en encontrar a la persona que tenía en mente, ya que su facultad no está muy lejos de la mía y siempre se la pasa aquí antes de la primera hora de clases. Sus ojos me captan rápido y puedo notar su mirada de cuidado, evaluando mis pasos firmes. Nos conocemos ya años y sabe cómo soy si se meten con mis amigas, por lo que trata de ponerse de pie de su banca, aunque mi mano llega más rápido a su mejilla, dejando un sonido seco en el pasillo vacío.
Dios, soy feliz.
Abofeteé a Jeremy.
—¿Qué carajos te pasa? —se termina de poner de pie dejando muy a la vista la diferencia de altura, pero no me dejo intimidar, más bien me doy gusto visual viendo esa parte de su cara roja.
—¿A mí? Nada, te pregunto lo mismo, más bien...
—Si vienes por el tema de Sandra...
—Obvio vengo por ella —enfatizo, alzando un poco la voz—, y no porque me mandó, sino porque por fin tengo una razón para eso —clavo mis dedos en su pecho—. Y es poco con lo que debería hacerte infiel de mierda —lo agarro desprevenido con una patada en la espinilla que lo hace inclinarse hacia mí, insultándome entre dientes y, al entenderlo, aprovecho para clavarle la rodilla cerca de la entrepierna—. Perra tu novia, imbécil —Lo dejo mudo unos segundos y aprovecho para empujarlo, a lo que vuelve a su banca con una cara horrible de dolor, aunque no me hace arrepentirme ni un poquito.
—¿La... necesidad? —exclama tratando de recomponerse, y me subo de hombros.
—Toda —aseguro—. Me he contenido mucho para hacerlo.
—¿Todavía te duele que te restregara tu propia realidad en la cara? —pregunta, burlonamente, haciéndome recordar un momento feo de la preparatoria, pero no le doy el gusto de mostrarme afectada.
—¿A ti todavía te duelen las bolas? Digo... si quieres otra patada para que cierres el pico.
—¿O sea que te sigue molestando, Owen? —hace énfasis llamándome así y entrecierro los ojos.
—¿Qué tiene que ver él?
—Nada, pero no trates de hacerte la moralista con esas historias que tienes.
—Estoy aquí cobrando las de amiga.
—Y esa espinilla molesta, ¿no?
—Bueno... —miro a otro lado, volviéndome a él—, no lo niego. Pero más por ella. Porque si te quería... te quiere, qué sé yo.
—Ella no es ninguna víctima aquí, ese es el tema. Es una mentirosa de mierda...
Y no tengo que dar muchos detalles, más que mi mano vuelve a estamparse en su cara con la misma o más fuerza, a lo que me toma de la muñeca dejándola libre al momento, pero con cierta brusquedad.
—Mentiroso tú —espeto, ofendida—. La engañaste todos estos meses, con un jodido reto y encima con otra mugrosa.
—Se llama Chloe, en primer lugar...
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Marcando los errores
RomanceLa rutina desorganizada y aparentemente tranquila de Tatiana se rompe cuando el pasado regresa, dejándola al borde de su poca estabilidad. Damon, el chico que siempre le gustó, vuelve a su vida, despertando emociones que siempre intentó rechazar. Su...
