7. Sin palabras

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Miro de reojo a Delanie que entra al cuarto diciendo unas groserías, y pongo una mueca cuando veo el porqué de su enojo: el vestido que recién se puso como hace treinta minutos, color blanco, tiene una mancha amarillenta desde el abdomen hasta el borde el mismo, y veo que el líquido regado dejó un camino por toda su pierna hasta el zapato, también blanco.

—Los idiotas esos ya llegaron ebrios y me tiraron el vaso de cerveza completo —se queja de sus amigos, y me incorporo en la cama que hace un ruido molesto ya que el colchón en vez de llevar una sábana, tiene su plástico protector aún.

—¿Tienes otra ropa? —pregunto y asiente.

—Sabía que habría desastre, solo que no pensé que desde ahora —saca una bermuda y top de su mochila para cambiarse—. Andaré sin zapatos, qué más da —menciona—. Lo importante es que la idea de Sandra saldrá bien.

—Es verdad —le doy la razón y continúo jugando con mi móvil. Esa idea de Sandra es solo algo que le pidió a mi amiga, tomando en cuenta como está su situación ahora dijo que tratara de que toda la atención se centrara en chismes que pudieran salir de esta fiesta; Delanie que tiene amigos por todas partes se le facilita ya que según sé, invitó gente en específica para que causaran desmadre desviando la atención de Sandra.

—Por cierto... con lo que te dije en la cafetería... creo que es mejor que evites encontrarte con Owen.

—Sabes que no haré caso ¿cierto? —dejo mi celular en la cama, y me pongo de pie acercándome a una peinadora algo llena de polvo, pero igual prácticamente nueva al igual que todo lo que hay en la casa, y tomo rubor de Delanie para arreglarme un poco.

—Sé que eres cabeza dura, pero lo pensé mejor y no es la mejor idea —la miro por el reflejo del espejo, y sus ojos se desvían al suelo, poniéndose la bermuda, negra y desgastada.

—¿Por qué de la nada? —vuelvo a centrarme en mí, dejando el rubor a un lado para encrespar mis pestañas.

—Me escribió —confiesa y me mira. Noto algo de reproche en sus ojos, sin embargo, lo paso por alto; yo no tengo toda la culpa—. Me preguntó que como estabas, si ya te había gustado alguien más, que te iba a traer un regalo y lo olvidó, que por que no le escribiste más...

—¿Y que le respondiste?

—Bien, no, que mal, no sé —dice, haciendo memoria, y gruño aplicándome el rímel, pensativa.

—Quizás no sea tan malo.

—¿El qué? —pregunta, confusa.

—Darle la oportunidad a Owen.

—¿Que? O sea, ¿en serio? Ya dejaste claro...

—Llevo muchísimo estando sola. No creo que esté mal reconstruir mi vida amorosa.

—Hace como seis meses le terminaste a Will...

—Will nunca existió —la paro—, fue pasajero. Adiós. Hay muchos kilómetros de distancia entre ambos. Ni me acordaba de él.

—Está bien, pero... piénsalo muy bien antes de hacer algo. De alguna u otra forma le guardas cariño a Owen y él a ti. No puedes perderlo solo porque ay, si, de la nada quiero volver a tener el título «tengo novio».

—No lo voy a perder. Tomaría mucha seriedad es esto...

—Te gusta Damon —saca esa carta, que me corta las palabras haciéndome poner una mueca y nos miramos en silencio por el reflejo del espejo, antes de que me mire entornando los ojos y yo también la miro de la misma manera, poniéndome a pensar en salida que puedo tomar para lo que va a decir que, presiento, no me va a gustar—. Y no te gusta desde hace unos días, te gusta desde meses atrás, zorra —suelto una exclamación ofendida, llevándome una mano al pecho.

Marcando los erroresDonde viven las historias. Descúbrelo ahora