9 Annabelle.

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Cuando las alarmas se encienden, normalmente las personas saben que algo malo está por venir, que algo peligroso va a ocurrir, pero cuando esas alarmas son del corazón, a veces solo lo ignoramos o nos creemos tan inteligentes que pensamos que tenemos todo bajo control cuando no es así.

Hasta hacía unas semanas, mis noches estuvieron llenas de lágrimas, de impotencia, de decepción. Me pasé día a día llorando y lamentando mi mala suerte.

Me costaba imaginar una vida sin David, sin los planes que hicimos desde que decidimos casarnos. Era duro, empezar de nuevo, reescribir tu vida, tu historia... tus planes futuros, era una mierda, pero a veces nos tocaba hacerlo, a veces no teníamos opciones.

Me negué a mirar más allá del presente, me negué a replantearme mi vida sin él y pasé cada noche solo lamentando lo sucedido, hasta que Andrés apareció y como si fuera una tonta novela cursi, no volví a llorar por las noches, ni siquiera volví a lamentar que David no estuviera a mi lado.

Dejé de recordar mis planes futuros y me dediqué a vivir el presente de la mejor manera.

Es una locura, pero empiezo a creer que eso de que un clavo, saca a otro no está muy lejos de la realidad, porque algunas personas son ese bálsamo que nos hace falta para tomar el control y seguir adelante.

*****

Me moví sobre las sabanas y supe, por el silencio que había en mi habitación, que estaba sola así que me permití tomarme unos segundos más antes de abrir los ojos.

No me apresuré a averiguar la hora porque me había liberado de todo lo urgente de ese día y había organizado todo para poder hacerme cargo de los pendientes desde casa.

El aroma de su perfume sobre mis sabanas me hizo sonreír, el recuerdo de lo sucedido la noche anterior me robó otra sonrisa y me abracé a la almohada que él había usado disfrutando del aroma que había impregnado en ella.

No voy a lavarla nunca.

Me burlé de mis pensamientos cursis y terminé abriendo los ojos.

Mi corazón sufrió un ataque cuando me choqué con su verde mirada, con ese interés que dejaba notar a veces y todo empeoró cuando sonrió.

Estaba sentado sobre el sofá de piel que tenía en la esquina, llevaba una camiseta blanca que se le ajustada de manera perfecta al cuerpo y el pantalón de vestir con usó la noche anterior.

Buen día —susurró.

Sonreí en respuesta y él se puso de pie, con seguridad caminó hacia mi cama y se sentó a mí lado. Ordenó mi cabello enmarañado y se inclinó para darme un beso suave, lento... perfecto, tan perfecto que me dejó embobada y necesité unos segundos para reponerme cuando se alejó.

Su mano me acarició el rostro y yo sonreí como idiota.

Así que también sabes dar besos decentes —me burlé intentando ocultar lo mucho que me había gustado.

Sé dar todo tipo de besos... hermosa.

Le regalé una mala mirada cuando me llamó de ese modo.

Su sonrisa se amplió aparentemente complacido.

Te he dicho que no me llames así...

Andrés volvió a inclinarse hacia mí y aunque pensé que me besaría de nuevo, no lo hizo y solo se mantuvo a escasos centímetros de mí.

¿Por qué no? —preguntó rosando mis labios al hablar— eres hermosa.

Lo dices para molestarme —me quejé.

Medianoche (Despertar II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora