6 Andrés 🔥

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Me sentía extraño llevándola de mi mano, hacía varios años que no vivía algo así y por más que me repetía que era un gran error, no pretendía evitarlo.

Me detuve en el lobby y pedí la carta de platillos, la recepcionista me la entregó con una sonrisa coqueta que me hizo gracia. Apreté más la mano de Anabelle y retomamos nuestra caminata hasta los elevadores.

Pamela tenía razón —susurró ella, la miré esperando que terminara su comentario— se te da bien ligar...

Sonreí porque había llegado a pensar que no se había dado cuenta.

Uno de los elevadores se abrió cuando llegamos y la invité a subir primero, yo lo hice después y marqué el décimo piso antes de darle toda mi atención.

Ella estaba recostada contra el gran espejo, lejos de mí así que decidí respetar la distancia que había marcado entre nosotros y me apoyé de las puertas, pero fantaseé con la idea de seducirla hasta hacerla perder la razón, del mismo modo que lo hice en la editorial.

¿Qué más te ha dicho Pamela de mí? —pregunté.

No mucho, solo que eres famoso en tu club...

¿Famoso? —repetí sorprendido— soy uno de los dueños... supongo que por eso todos me conocen.

Me refiero a famoso entre las mujeres asiduas al lugar...

Entonces me sentí aún más sorprendido de que la amiga de Amelia estuviera al tanto de mi fama con las mujeres.

No lo sabía —mentí, porque no iba a admitirlo, no con ella— ¿Qué tal estuvo tu día? —pregunté para cambiar el tema.

Estuve muy liada con la publicación del nuevo libro de Javier...

No pude, aunque hubiera querido, evitar hacer una mueca al oír el nombre del escritor.

Anna levantó una de sus cejas y sonrió.

¿Lo has puesto en tu lista de personas no gratas? —preguntó.

En mi top cinco, sin duda...

Ella empezó a reírse de mi sinceridad.

¿Qué tal tú? —me preguntó aun divertida— ¿Cómo la has pasado en mi país?

Necesité de todo mi esfuerzo para no mostrar mi desagrado al recordarme contemplando el móvil a la espera de noticias suyas.

Estuve en Salamanca con mis padres...

¿Salamanca? —preguntó frunciendo el ceño.

Mis padres viven allí...

Nací en Salamanca... —susurró sin ninguna emoción.

La sorpresa me atrapó al saberlo, al pensar en todas las formas como el destino podría habernos juntado.

Que pequeño es el mundo, —susurré— quizá si no nos conocíamos por Amelia, lo hacíamos en Salamanca...

Lo dudo... casi nunca voy.

De nuevo estuve sorprendido, pero, aunque quise saber más sobre ese asunto, la luz que iluminó el décimo piso me distrajo.

La invité a salir cuando las puertas se abrieron y ella observó con admiración el lugar.

He estado varias veces en este hotel —comentó cuando llegamos hasta mi suite— en el restaurante y los salones, pero jamás imaginé la elegancia que cubría también esta zona.

Medianoche (Despertar II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora