5 Annabelle.

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Estaba frente a mi ordenador revisando las estadísticas de los nuevos lanzamientos literarios cuando Pamela golpeó la puerta sacándome de mi concentración.

Me froté la cara y la miré con cansancio.

Tenemos un problema... —anunció al entrar— Pilar necesita tu ayuda —la sola mención de la representante de Javier me hizo imaginar lo que podía estar pasando— le han dicho que Javier lleva dos horas bebiendo solo en el hotel, no le coge el móvil y ella pide tu intervención.

¡Joder! —me quejé levantándome de mi asiento— con los problemas de otros ni tiempo me ha dado de deprimirme por mi propio fracaso sentimental.

Ya, es que tú estás hecha de hierro... —me dijo haciéndome sonreír mientras apagaba mi ordenador— Por cierto, Amelia quería hablar contigo.

Sí, me llamó hace poco.

Me dijo que Andrés sigue aquí —soltó Pam.

Le regalé una mirada de advertencia que la hizo sonreír.

¿No vas a desistir? —cuestioné, ella negó.

Es que no puedo creer que no lo hayas llamado aun... —se quejó— tienes su número... ¿por qué no lo llamas?

No lo vas a entender —fue lo único que respondí— iré a ver a Javier y luego iré a casa... ¿Aun no terminas?

No —respondió saliendo conmigo de la oficina— pero no me tardaré mucho... seguro llego antes que tú.

Vale, entonces nos vemos allá...

Pamela se quedó de pie mirándome y subí al elevador sin darle importancia a su romanticismo decepcionado por mi decisión de no buscar a Andrés.

Ni siquiera eran las ocho de la noche cuando estacioné fuera del elegante hotel Real ubicado en la mejor zona de la ciudad. Tomé mis cosas y me moví con seguridad hasta el restaurante.

Cuando llegué a la entrada divisé a mi amigo sentado en un extremo del lugar así que caminé hacia él.

Javier miraba su copa de vino totalmente ausente de la realidad y sabía que la razón de su dolor era ella... Amelia.

Él y yo nos conocimos cuando publicó su primera historia, yo apenas empezaba a trabajar en la editorial, me hice cargo del lanzamiento y la publicidad de su libro. Desde entonces somos buenos amigos, de esos que suelen tomarse un café o llamarse con frecuencia, por lo que verlo sufrir de ese modo también me afectaba.

Me detuve junto a la mesa y él levantó la mirada.

¿Me has pinchado el móvil? —preguntó.

No tengo tan buenos contactos —respondí inclinándome para besarle las mejillas— ¿Puedo acompañarte?

Solo si no vienes a reñirme...

¿Reñirte yo? —pregunté mientras me dejaba caer sobre el asiento de piel— ni que me llamara Pilar y fuera tu representante —bromeé.

Javier sonrió y le hizo señas a la camarera para que se aproximara.

¿Quieres beber algo? —me preguntó.

Lo mismo que bebes tú —respondí liberándome de mi chaqueta mientras él pedía una copa más— ¿qué haces aquí solo?

He nacido solo —respondió él intentando sonreírme— mi DNI dice que estoy solo...

Medianoche (Despertar II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora