Uno de los momentos más difíciles que nos toca vivir es la separación. Tomar la decisión correcta resulta tan dolorosa que a veces cometemos el error de prolongar la agonía. A veces el camino más sano es el que más nos cuesta tomar porque resulta aterrador enfrentar el mundo sin esa persona que pensaste tomaría de tu mano para siempre.
Siendo joven solo deseé gozar de mi libertad para follar a cuanta mujer se cruzara en mi camino. Aprendí a disfrutar del sexo de ese modo que muchos juzgarían, pero con lo que yo me sentía satisfecho, pero apareció ella y me sentí perdido.
Conocí el amor cuando apenas estaba a mitad de mis 30 y el matrimonio no se veía tan malo, no lo fue durante los primeros años, podría incluso decir que era perfecto. Ella lo era, mi vida, mi hogar, el sexo... todo era perfecto, pero quise más, incluso sintiéndome completo, yo quería más y ella me lo dio.
Entonces creí que era la mujer ideal, esa que me dejaba ser libre, que formaba parte de mis fantasías, esa que siempre quería hacerlas realidad... pero olvidé que la vida siempre te cobraba por no valorar lo que tienes y a mí me la cobró con creces.
*****
El Audi negro que renté se movía sobre el pavimento a toda velocidad. Había pasado casi dos años desde la última vez que estuve en España. Solía visitar a mis padres con frecuencia, pero después de mi divorcio inventé mil excusas para no hacerlo, necesitaba recuperar el control de mi vida y cuando lo logré, el trabajo me impidió volver.
En esa oportunidad mi hermana menor me había dado la mejor excusa para regresar, ella y su drama amoroso me hicieron tomar el primer vuelo de regreso a la capital española.
Fernanda se había enamorado de un hijo de puta cuando tenía 15 años y por más que lo intentaba, no lograba entender la razón por la que después de tantos años ella seguía perdiendo el tiempo con él.
Quería creer que en esa oportunidad en verdad todo terminaría, pero con ella nunca podía dar por sentado nada así que solo intenté ser un buen hermano, sin opinar demasiado porque terminaría diciéndole cosas que sabían iba a dolerle.
Aproveché que mis padres ocuparían su fin de semana en consolar a mi complicada hermana, tomé el auto y conduje hasta Madrid. Necesitaba un poco de paz, de diversión y solo conocía un lugar donde lo encontraría.
Eran casi las 10 de la noche cuando entré al estacionamiento del club Medianoche, mi favorito de la ciudad.
Su modernidad me encantaba, la elegancia de su decoración era admirable. Las paredes blancas con cristales altos en la fachada te hacían pensar que se trataba de un club más, pero nada se alejaba más de la realidad.
Medianoche era, a mi parece, el mejor club swinger del país. Había conocido varios, pero en este había algo que lo hacía especial, interesante. Quizá el hecho de usar antifaces era la razón por la que me gustaba tanto.
El anonimato siempre había representado un plus para el placer. Las personas se sentían más confiadas de no mostrar sus rostros y era agradable poder pasar un buen rato con alguien a quien a la mañana siguiente no reconocerías.
Bajé del auto y me acomodé el antifaz mientras me dirigía hacia la entrada. Me detuve a esperar mi turno para registrarme y me distraje mirando a las personas que llegaban.
Hombres y mujeres con los antifaces cubriendo sus rostros bajaban de sus autos delatando en sus sonrisas el placer que les causaba estar allí.
Estaba por volver mi atención a la joven de la entrada, pero el rostro descubierto de una mujer obtuvo mi atención. Estaba seguro que la había visto antes, pero no recordé de quién se trataba hasta que su acompañante apareció frente a mis ojos y mi memoria la recordó.
ESTÁS LEYENDO
Medianoche (Despertar II)
RomanceNunca quise una segunda oportunidad, no para el amor, no para un sentimiento que rompió mi corazón. Yo solo quería vivir, disfrutar de mi nueva libertad y follar, no importa con quién, de todos modos todo sería temporal, pero entonces apareció él...
