19 Annabelle 🔥

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Aquellos traumas que arrastras desde la infacia y no superas siempre aparecen en situaciones que las sientes similares y te obligan a actuar a la defensiva.
Te obligan a negarte a ser parte de una historia que no quieres representar y puedes, sin darte cuenta, cometer errores por temor a equivocarte.

*****

Jack debía medir más de uno noventa. Llevaba el cabello rebajado, pero aún se podía notar sus pequeños y sedosos rizos.

La primera impresión que tuve cuando lo vi no era ni de asomo como la que me dio en el preciso momento que cruzó la puerta de la casa gotica. Tenía una seriedad glaciar, se movía con una seguridad envidiable.

Caminé con cierto nerviosismo hacia donde él estaba, pero mi ceño se frunció y mis pies se detuvieron cuando vi a varias mujeres arrodillas frente a él y otro sujeto musculoso.

Ni de coña, yo no voy a arrodillarme.

Miré con molestia a Jack y este solo levantó dos dedos y me pidió que se acercara. Mirando con desagrado a las mujeres, caminé hasta donde el moreno esperaba por mí y me detuve frente a él levantando mi rostro lo suficiente para que le quede claro mi postura.

Si no me equivoco —susurré— tengo que decirte lo que no estoy dispuesta a hacer... ¿cierto? —Jack se tardó unos segundos y luego asintió— Bueno Jack... arrodillarme frente a ti, es algo que no estoy dispuesta a hacer.

Él ni siquiera mostro una pisca de emoción al oírme, solo me contempló con seriedad, con una que empezó a ponerme nerviosa.

Si quieres jugar a tu modo, deberías regresar al otro lado del club —respondió sorprendiéndome—porque al cruzar esa puerta tienes dos opciones... ser la que toma el látigo o la que recibirá el azote.

Dejé de respirar cuando su gran mano tomó mi rostro con firmeza.

Si quieres tomar esta clase, las reglas las pondré yo, cariño —enfatizó con voz dura— y una de ellas será no tutearme.

Sentí la necesidad de salir corriendo, de tomar la opción de marcharme sin tener que humillar mi orgullo inclinando la cabeza ante un hombre, pero una parte de mí, esa que sentía mucha curiosidad por ese tipo de juegos me obligó a no moverme, así que muy a mi pesar, terminé asintiendo.

Sí, señor —dijo Jack mirándome con intensidad— es la respuesta que espero escuchar...

Solo son dos palabras... no es tan difícil, Anna.

Admito que me resultaba difícil obdecer y más mostrarme inferior a los hombres. Me daba vergüenza complacerlo y lucir como una mujer débil de la que cualquiera podría utilizar a su antojo.

Ni siquiera metalmente podía repetir esas dos palabras y entendí que quizá, aunque me sentía muy interesada sobre el tema, ese estilo no estaba hecho para mí.

Pensé en que lo mejor era marcharme, pero del otro lado del club estaba él y necesitaba, con desesperación ser firme en mi decision de alejarme de ese hombre por el cual sabía tenía sentimientos que podría romper mi corazon sin ningun esfuerzo.

Gracias al mal momento que pasé con Andrés, tomé el valor para decir esas dos palabras que Jack parecía necesitar oír.

Sí, señor —respondí.

Jack ni siquiera sonrió satisfecho de su logro, solo miró detrás de mí unos segundos y luego volvió su atención a mí.

Bien —respondió el moreno— No puedes hablar sin mi permiso —lo miré con desagrado al oírlo— y tampoco puedes mirarme a los ojos a menos que yo te lo pida...

Medianoche (Despertar II)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora