Los días, las noches, las semanas... todo sabe igual cuando has perdido a esa persona que sin darte cuenta hacía girar tu mundo, entonces todo parece como si se hubiera detenido. Tu vida, su trabajo, el mundo entero deja de girar y estás allí, pensando que vives, que te mueves, pero no lo haces, porque cuando pierdes al amor de tu vida, te pierdes tú también.
*****
Las semanas pasaron, una tras otra y no dejaba de doler, no importaba cuánto intentara trabajar o distraerme, el dolor estaba allí, golpeando a cada segundo y solo necesitaba estar sola para derrumbarme otra vez.
Quería estar sola, quería llorar tanto que no le quedaran más lágrimas que derramar, pero cada día era peor, más difícil.
Me sentía perdida sin él.
Salamanca era la última ciudad donde hubiera querido ir en un momento como ese, pero Ana había estado llamándola tantas veces y pidiéndome que vaya a verla como lo había prometido que no pude negarme, además, como cada año en esas fechas iba a la ciudad pues era el cumpleaños de mi madre y por mucho que me molestara estar cerca de mi padre, nunca me perdía el cumpleaños de la mujer que me dio la vida.
Cuando llegué a la terminal del tren, busqué mi móvil en el bolso con la intención de pedir un taxi e ir al hotel en el que solía quedarme, pero cuando levanté la mirada me sorprendió ver a mi hermana allí, esperando por mí.
—¡Joder tía! —gritó Gianella cuando se acercó— ¡Qué flaca estás!
Le regalé una mirada de advertencia ante su acostumbrada crítica, pero ella sonrió ampliamente y me abrazó cuando estuvo a mi lado, de nuevo sorprendiéndome.
Amaba a mi hermana, pero sentía que mamá la había criado a su semejanza logrando que fueramos tan distintas la una de la otra que terminamos distanciándonos conforme fuimos creciendo.
—Me alegra que estés aquí —susurró Gianella y la sentí tan sincera que me alegró que lo dijera— que hayas tenido tiempo para tu familia...
—No empieces —advertí, Gianella sonrió— ¿Y Ana?
—Saldrá del cole en un par de horas... ¡vayamos a comer!
—Primero llévame al hotel para dejar mi equipaje...
—Lo hacemos luego... tengo hambre.
Ni siquiera pude insistir y solo caminé con ella hasta su auto y subí en él. Miré a través de su ventana los lugares que recorrí desde niña, lugares que me robaron tantas sonrisas, incluso lo hacía en ese momento que por dentro seguía llorando.
—Te afectó el divorcio... —susurró Gianella sacándome de mis pensamientos— mamá ha estado preocupa...
Me sentí triste de saberlo.
—No debiste contarle...
—Papá igual iba a averiguarlo, sabes que siempre esta pendiente de ti —hice una mueca sin poder evitarlo, ella giró los ojos— le dijo a mamá que estabas bien, pero la verdad es que luces fatal... y no lo digo en mal leche —susurró tomándome la mano— pareces sufrir.
—Estoy bien... he tenido mucho trabajo, eso es todo.
Gianella me miró y supe que no me había creído, pero sorprendentemente no me presionó más.
Cuando llegamos al restaurante volví a sonreírle a los recuerdos de ese lugar al que mi padre solía llevarnos a menudo, amaba las pasteles que vendían allí y otra vez me di cuenta de que durante años había solo recordado el mal momento en el que vi a papá con otra mujer y olvidé todo lo bueno que viví en mis 17 años junto a ellos.
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Medianoche (Despertar II)
RomanceNunca quise una segunda oportunidad, no para el amor, no para un sentimiento que rompió mi corazón. Yo solo quería vivir, disfrutar de mi nueva libertad y follar, no importa con quién, de todos modos todo sería temporal, pero entonces apareció él...
