Capítulo III

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Clara

—Las vacaciones tienen que ser eternas— digo mientras me recuesto en la tumbona.

—De acuerdo contigo, sweetie. Escuché un rumor que habrá un alumno nuevo— insinúa Izzy coqueta.

—Si, si, también dicen que es ¿ruso? ¿alemán? Algunos hasta juran que es árabe—dice Zack girando los ojos.

Zack e Izzy son mis amigos de toda la vida, los conozco desde que me mudé a Portland. En la primaria éramos un caos, logramos que la maestra renunciara por las bromas pesadas en su clase, recordando mi niñez, mi mente navega hacia el recuerdo de mi amiga que hace meses había perdido la vida.

No podía creer que estaba muerta, culpaba de forma inconsciente a los padres de Claire por haberse mudado a Alabama. Su funeral sigue siendo un recuerdo sombrío, los gritos de su madre hacían eco en las pesadillas que tengo algunas noches.

<< Llegando a la iglesia me senté en la primera fila de bancos junto a los padres de Claire, aún quedaban dos espacios para Zack e Izzy. Giré mi cabeza hacia un extremo para verificar si mis amigos habían llegado, en efecto, estaban pasando por la puerta principal para sentarse a mi lado. La muerte de Claire la sentí injusta, nadie debe de morir de esa forma.

Esos pensamientos inundaban mi mente, me ahogaban a tal punto que derramaba lágrimas con solo el recuerdo, las limpiaba con brusquedad, enojada con la vida por hacerle esto.

—Daremos inicio al sepelio de nuestra querida Claire Monroe, para guiarla hacía nuestro señor, para en sí, proceder a su santa sepultura—decía el padre sereno.

Comenzaron con la oratoria, pero no me encontraba en aquel funeral sino se encontraba fuera de sí, en ese momento perdí la noción del tiempo, me sentía lejana de todos. Lo peor de perder a un ser querido es estar recordando cada momento; vivencias con esa persona, sus gestos, su voz, sus ocurrencias y tantas cosas que hicieron que le brotara un fuerte dolor de cabeza. Siempre me preguntaba qué habría pasado con el tipo que ella hablaba a escondidas, a ninguno nos mostró, tal vez, ¿fue él que la mató? Pienso tratando de apaciguar su dolor.

Unos gritos me hicieron salir del trance, salté del asiento por la sorpresa, regresando a la realidad, vio la culpable de su susto, la madre de Claire se agarraba del ataúd donde yacía su hija.

—¡¡CLAIREEEE!!, ¡VUELVE HIJA! ¡NO NOS DEJES! — decía Camila, la madre de Claire. — NO DEBÍ DEJARTE IR A ESA CITA, VUELVE A MÍ— gritaba desconsolada. Su marido tuvo que sostenerla manteniéndose fuerte para apoyarla en todo momento.>>

[...]

—Claire— susurro derramando lagrimas a su recuerdo. Zack e Izzy se percataron de mi debate mental. Sin esperarlo me envuelven en un fuerte abrazo para reconfortarme cuando ellos también estaban rotos. El día de playa no pudo concluir más triste, aunque recordar a Claire era desgarrador, ansiaba que algún día obtenga la justicia que merece.

El juego macabro de un homicida Donde viven las historias. Descúbrelo ahora