ROMINA
Jenny aprieta mi mano fuerte mientras caminamos hacia su casa. Tiembla y está sudosa, se encuentra muy asustada.
—También lo estoy —digo, cuando nos detenemos frente a la puerta.
La miro y le doy una sonrisa.
—¿Crees que puedas ayudarme?
—Lo creo, claro que sí.
—Prometes convencer a la abuela de no volver a maltratarme.
—Lo prometo —digo, como si fuese algo sencillo.
Jenny toma un respiro antes de tomar la manija de la puerta. Ingresamos pronto. Ambas, aun de la mano. La casa huele extraño. A combustible o algo así y también a algún ungüento de menta. El piso es de madera y los muebles se ven muy antiguos. En medio de la sala hay una escalera y tras de esta un pequeño ambiente que supongo deber ser la cocina. Jenny suelta mi mano y me hace una seña para que me siente en el sofá. Lo hago y este se hunde cuando me siento. No solo es antiguo, sino que todo se ve muy deteriorado. Muevo mi zapato sobre el piso, que se ve reluciente, pero aceitoso.
—¿Qué es esto?
—La abuela dice que el petróleo aleja las polillas.
Asiento con un toque de impresión. Jenny se da media vuelta y se queda estática unos segundos hasta que decide regresar a mi lado.
—¿Puedes acompañarme?
—Claro que sí.
Aprieta mi mano y me lleva hacia la cocina. El olor del combustible empieza a marearme un poco.
Jenny abre la puerta despacio y el chillido me pone la piel de gallina. Ingresamos casi en silencio, el ambiente es grande y bastante iluminado, pero los muebles son igual de viejos que en la sala. En el lavadero, de espaldas y frente a una ventana que da hacia el campo, la anciana está lavando los trastes uno a uno. Nos quedamos observándola dubitativas, hasta que Jenny empieza a hablar.
—Abuela...
—¿Y ahora qué quieres, niña? —reniega la mujer.
—Quiero hablar contigo.
—Estoy muy ocupada ahora, ¿no lo ves?
—Es algo importante.
—¿Más importante que todo el trabajo que tengo que hacer hoy? No lo creo. Hazme el favor de irte a jugar, no seas un estorbo.
Pero qué carácter.
—Es sobre la muchacha de anoche.
Jenny me mira y yo hago lo mismo. Ahora las dos estamos nerviosas.
—¿Cuál muchacha?
—La que no dejaste entrar a casa. La que pedía de comer.
—¿Y qué tiene que ver esa chiquilla?
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FRAGMENTOS
RomanceMax, un joven militar con cualidades y habilidades prodigiosas, es retirado abruptamente del servicio por un terrible error en una de sus misiones. Ahora vive en Des Moines como un ciudadano cualquiera, bajo la sombra de una carrera gloriosa trunca...
