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—"¡Alex!" — chilló Ginny, cruzando la habitación a toda velocidad y prácticamente saltando sobre su amiga. Se habrían caído si Remus no hubiera estado detrás de ellas para mantenerlas firmes. Él rió ligeramente, sintiéndose alegre al ver a las dos amigas reunidas.— "Gracias a Merlín que estáis bien".
—"¡Mamá! ¡Papá! ¡George! Alexandra ha vuelto!"— Una voz que Alexandra echaba tanto de menos resonó. Fred prácticamente apartó a Ginny, abrazando él mismo a Alexandra. Estaba a punto de llorar mientras abrazaba a la chica que creía que nunca volvería a ver. Molly, Arthur y George entraron corriendo en la habitación, felices por la sorpresa.
—"Oh, querida",— suspiró Molly, notando lo delgada, cansada y pálida que se veía la chica. A pesar de todo, se alegró de verla viva y relativamente bien.
—"Es bueno tenerte de vuelta, niña", —sonrió George, apartándola de su hermano para abrazarla. Alexandra se relajó, asimilando el maravilloso momento e ignorando el leve dolor de tanto abrazo. Aún le dolía el cuerpo, pero no era nada comparado con el dolor que había sufrido en los últimos meses.
—"Deja que te prepare un té, querida. Te ayudará a descansar. Parece que te vendría bien dormir un poco", —Molly sonrió levemente, apresurándose a preparar la bebida caliente.
—"Tenemos todas tus cosas en tu habitación",— comenzó Arthur, notando que la expresión de Alexandra decaía ligeramente. —"Compartirás con Ginny, por supuesto".
Alexandra se relajó, dejando escapar un suspiro de alivio. Tenía verdadero miedo de quedarse sola.
—"Aquí tienes, querida", —sonrió Molly, entregándole una taza de té convenientemente preparado con magia. Alexandra la tomó agradecida.
—"Oh, qué maravilla", —sonrió Muriel, saludando a la chica que había conocido en muchas preciosas ocasiones. —"Acabo de poner sábanas limpias en tu cama, y me aseguré de darte algunas mantas extra. Menos mal que me he preparado, no te esperaba tan pronto".
—"Gracias, tía Muriel", —sonrió Alexandra.— "Perdona si soy una carga".
—"¡Claro que no!" —protestó Muriel.— "Aquí siempre eres bienvenida. Eres parte de la familia, querida. Llévala a la habitación, Ginebra. Asegúrate de que esté cómoda".
—"Sabes, eres la única a la que no ha insultado. Incluso fue grosera con Hermione cuando se conocieron", —dijo Ginny, llevando a la chica arriba con Fred y George siguiéndola.
—"Te adora", —señaló George. —"Probablemente porque en realidad no eres un Weasley".
—"Podrías serlo",— bromeó Fred, haciendo sonreír a Alexandra.
—"¿Ya? Fred, acaba de llegar", —protestó Ginny.
—"He conseguido que sonría, ¿verdad?".
Alexandra examinó la habitación al entrar, fijándose en lo ordenado que estaba su lado en comparación con el de Ginny. Las mantas estaban perfectamente extendidas y las almohadas perfectamente mullidas. Sobre la cama había un pijama perfectamente doblado y un cepillo de dientes nuevo. Sus cosas estaban empaquetadas en cajas, etiquetadas y colocadas en fila debajo de la cama, donde podía acceder a ellas fácilmente.
—"Supongo que iré a lavarme los dientes",— sonrió, dejó el té en una mesa cercana y se dirigió al baño. Desde que había vuelto, Alexandra estaba obsesionada con ducharse y lavarse los dientes lo más a menudo posible. Esperaba que así se sintiera menos sucia, tanto por dentro como por fuera.
Al entrar en el cuarto de baño, echó un rápido vistazo a su aspecto en el espejo. Dejó caer el cepillo de dientes y el pijama al suelo y no pudo apartar los ojos de su reflejo.
Se acercó al espejo y se examinó la cara por primera vez en meses. Casi no se reconocía.
Tenía el pelo mucho más fino, la piel más blanca que nunca aparte del negro bajo los ojos, los pómulos sobresalían, los labios estaban agrietados y acababa de ver la cicatriz que le cruzaba el costado izquierdo. Empezaba en la barbilla y terminaba justo encima de la oreja. No quería saber qué aspecto tenía antes de que Bill y Fleur empezaran a curarla.
—"Sigo pensando que estás preciosa", —le dijo Fred, apoyándose en el marco de la puerta. Alexandra se secó unas cuantas lágrimas que se le habían caído, cogió el cepillo de dientes y empezó a cepillarse los dientes rápidamente. —"Crees que miento".
—"Claro que mientes", —argumentó ella, escupiendo la pasta de dientes en el lavabo. Se limpió la boca antes de volverse hacia él.
—"Tus ojos siguen brillando con el verde más intenso y tu sonrisa sigue iluminando la habitación".
—"¿Has estado leyendo las novelas románticas de Ginny? ¿O es que te has vuelto loco?"
—"Oh, cómo he echado de menos tu rechazo",— sonrió Fred. Alexandra puso los ojos en blanco, sin poder ocultar su propia sonrisita. Sin embargo, lo ignoró y continuó cepillándose los dientes.
—"No puedo cambiarme contigo aquí dentro", —afirmó una vez hubo terminado. Él se encogió de hombros.
—"No veo ningún problema".
—"Fred", —rió ella, empujándolo fuera de la puerta. —"Espero que sepas que te quiero".
—"Sólo de otra manera, lo sé",— sonrió, habiendo aceptado el hecho hace mucho tiempo. Sin embargo, aprovechaba cualquier oportunidad para vacilar a la chica. Sabía que no era exactamente justo, pero lo hacía de todos modos porque sabía que la hacía sonreír. —"Supongo que mi angustia se curará con el tiempo".
—"Déjame cambiarme, ¿quieres?" —Ella se rió. Él también se rió, y finalmente se marchó para dejarla vestirse.
Alexandra no tardó en echarse a llorar, abrumada por la alegría que sentía desde que se reunió con sus amigos y su familia. Toda la esperanza que había perdido empezó a aflorar de nuevo cuando empezó a recordar lo que se sentía al ser feliz.
Esa noche, por fin pudo conciliar el sueño. Pensó que era porque por fin estaba relajada, pero en realidad Molly le había puesto una poción para dormir en el té. Originalmente había preparado la poción para sí misma, ya que no podía dormir sabiendo que cada uno de sus hijos estaba en peligro, pero decidió darle un poco a la niña. Con gusto renunciaría a una o dos noches de sueño para proporcionar a Alexandra el descanso que tan desesperadamente necesitaba.
—"Es la persona más fuerte que he conocido", —dijo George, observando a Alexandra mientras dormía.— "No creo que yo hubiera podido hacerlo; luchar tanto y tan duro como ella".
—"Todo lo que hace, lo hace por la gente a la que quiere", —explicó Ginny, mirando la varita de Draco que reposaba en la mesilla de noche. —"Sólo desearía que hiciera algo por sí misma".
—"No creo que pueda, sabiendo la información que sabe", —añadió Fred. —"Quizá cuando acabe la guerra pueda liberarse por fin de todo eso".
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3. Anchor ✔️
Acak"Esta ancla es para representar la paz, la fuerza, la determinación y la pasión, todo lo cual nunca debes dejar ir". Orden de la saga 1. Touch ✔️ 2. Dove✔️ 3.Anchor ✔️ Traducción Autorizada por: @modern-july
