Compararse con el resto ha sido algo doloroso para Sarah. Desde su niñez ha crecido rodeada de comentarios sobre su cuerpo. La vida le ha mostrado que era atractivo y que no. Ha crecido bajo la sombra de los estándares.
Seokjin aparece en su vida pa...
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Bajé al comedor mientras secaba mi cabello con la toalla. Mi cuerpo se tensó de manera involuntaria cuando vi a Lucy sirviéndose una taza de café. Había olvidado por completo que todavía se encontraba aquí y es que desde el accidente de Namjoon no la había visto. Me pasé las tres noches en el hospital cuidándolo.
Había despertado, tenía unas cuantas contusiones y algunas costillas fracturadas pero estaba bien. Habíamos pasado un mal momento pero creo que ahora finalmente podía respirar. O tal vez no.
—Buenos días —saludó detrás de la isleta. —Hola. — ¿Sigues enojado? — ¿Por qué? —tomé una de las tazas de la alacena. —Por haberte alejado de esa chica. —No. — ¿Cómo sigue Nam? —Bien. —Oye, no solo he venido porque me preocupe por ustedes. También vine para hablar de lo nuestro. — ¿Lo nuestro? —volteé para observarla. Sus ojos grises ya no me parecían los más hermosos. Ni su sonrisa me parecía encantadora. Todo en ella había pedido valor para mí. —Sí, Jin. Lo nuestro. —No hay nada que hablar, Lucy. Lo dejé bien en claro apenas nos mudamos aquí. —Seokjin, dejé Corea por ti. Te seguí para apoyarte luego de lo de tu madre, para seguir cerca de ti. ¿Y una semana luego de instalarte aquí me dejas? — ¿Recuerdas por qué lo hice? ¿Al menos eres consciente de lo que hiciste? —Ya te he explicado. No es lo que tú crees. —Debo irme a la universidad —fije la mirada en el reloj de mi muñeca—. Adiós.
Lucy había sido mi novia por dos años y medio. Luego de la muerte de mi madre y de habernos mudado aquí en el verano, Lucy decidió que nos acompañaría. Fue aceptada en una universidad de arte, en una ciudad a una hora de dónde yo vivo.
Intentamos mantener la relación a pesar de no vivir tan cerca. Lucy siempre estaba ocupada. Tenía planes todos los días y siempre encontraba alguna excusa para no verme. Reconocí que había dejado de estar enamorado de ella en el momento en que mi madre murió y ella solo apareció unos quince minutos para estar a mi lado, luego me dejó completamente solo porque tenía un viaje con sus amigas.
Aun así me esforcé por hacer que lo nuestro funcione porque intentaba convencerme de que ella era perfecta para mí. Hasta que un día me llegó un mensaje y una foto de lo que hacía mientras yo estaba aquí batallando con mis fantasmas. Terminé con ella tan pronto pude comunicarme, pero al parecer no quiere aceptarlo.
Al llegar a la universidad noté que Sarah no se encontraba en la clase. Fiorella sonrió apenas me vio y me acerqué para preguntar por su amiga.
— ¡Seokjin! ¿Cómo estás? ¿Cómo sigue Nam? —Estoy bien y él está mucho mejor. Oye, Fiorella. ¿Sarah? Necesito hablar con ella. — ¿No te ha dicho nada? —Negué con la cabeza—. Esta con bronquitis. Está en cama la pobre. Se siente fatal. —Gracias. La llamaré luego —me senté en uno de los bancos de atrás.
No presté atención a la clase. Le envié unos cuantos mensajes a Sarah pero no había respuesta. Supuse que estaba molesta conmigo por lo que Lucy. Tal vez creía que no quería verla pero si a mí supuesta novia. Miles de pensamientos me atacaron y me sentía culpable.
Esa noche hacía demasiado frio y ella no estaba con mucho abrigo. Quizá se enfermó por haber estado conmigo.
Me salté la clase de diseño y conduje hasta su casa. Tomé los apuntes de las clases anteriores con la excusa de que no se atrasara. Toqué el timbre pero las cortinas estaban cerradas. La puerta parecía estar con llave y al parecer no había nadie aquí. Si Sarah se sentía fatal y con fiebre, debe estar en cama y dormida. No escuchará el timbre.
Verifiqué que los vecinos no estuvieran espiando por sus ventanas y salté la valla para correr hacía el patio trasero. « ¿Cuál de todas es su habitación?» Había unas cuatro ventanas. Cualquiera podía ser.
Me alejé un poco caminando hacia atrás, tal vez podía tener una mejor visión. Vi una luz cálida encendida, apenas alumbraba. Me decidí ir por esa y recé porque no sea la de sus padres. Escalé y aunque siempre fui un asco para esto, logré alcanzar la ventana.
Me sostuve con fuerza y vi a Sarah durmiendo en su cama. Las frazadas la cubrían hasta la cabeza. Forcejee con la ventana hasta lograr abrirla. Me deslicé con cuidado de no romper nada pero fue inútil cuando mi atención fue dirigida a Sarah y no a la lámpara de pie que estaba a un costado. Mi pie chocó con el artefacto. Cayó al piso, el cable arrastro algunos adornos y aunque logré atajar algunos, el ruido logró despertarla.
— ¡Seokjin! —se cubrió con las frazadas. — ¡Sarah! ¡Lo lamento! — ¿Qué haces aquí? ¡Estoy con gripe! —Quería verte. Te he enviado mensajes y no respondías... entonces... — ¿Por dónde entraste? Ambos volteamos a ver la ventana. Me puse de pie rápido para poder cerrarla. —Por favor, no te enojes conmigo. Necesitaba verte. —Pero... —se reincorporó en su lugar. —Te traje los apuntes de hoy... Con la excusa de ver cómo te encontrabas. —Te contagiaré, Seokjin. —No me importa —frunció el ceño confundido. —Lucy se molestará contigo. —Lucy no es mi novia. —Pero ella... —No es mi novia, Sarah. Hemos cortado en el verano.
Ella se quedó en silencio. Yo aún seguía de pie, algo incómodo por la situación. Parecía meditar sobre mis palabras, continuaba con su ceño fruncido, pero no se veía molesta.
— ¿Puedes hacerme un té con miel? —se recostó otra vez. Me quede inmóvil—. Mis padres no vienen hasta las cinco. Hay miel en la alacena de la esquina. Ponle mucha.
Acomodé la lámpara y los adornos del piso. Bajé por las escaleras hasta llegar a la cocina. Tenía el té listo cuando vi a Sarah ingresar en la cocina. Llevaba puesto un pijama enterizo.
—No te burles de mi pijama de unicornio —sentenció. Evité reírme, me parecía lo más dulce que había visto. — ¿Por qué bajaste? —Me duele la espalda de tanto estar acostada —se sentó en la isleta. Puse el té frente a ella. —Sarah —tomé su mano—, quería que estuvieras a mi lado cuando pasó lo de mi hermano. Pero no quería que me vieras vulnerable. —Eres mi amigo, Seokjin. Estaré para ti cada vez que me lo pidas.
«Amigo» tal vez solo Sarah me veía de esa forma y no como yo la veía a ella.
—De ahora en más prometo no esconder mis dolores contigo. Sarah sonrió aliviada y bebió de su té.
Me quedé apoyado en el mármol, frente a ella. Me preguntaba si no había sido lo suficientemente obvio. Si Sarah no había notado la forma en que la miro. O si simplemente quería negarlo.