El segundo niño perdido que llegó a la ciudad no era un niño, sino una niña. Ella sabía cómo se llamaba: Katrina. Pero no sabía quién era. Llevaba perdida tanto tiempo que había olvidado todo lo que la formaba.
Un día encontró a Mapache en la casa abandonada contándose historias de terror.
Así que, sin siquiera preguntarlo, Katrina empezó a contarle historias de terror.
Y la segunda niña perdida se convirtió Lobo. Porque le gustaba el viento, y porque le gustaba la sangre. Porque le gustaba la luna y porque le gustaba Mapache.