Jungkook seguía sobre mi cuerpo, una presencia abrumadora que reclamaba cada rincón de mi piel. Sus jadeos eran cortos, calientes, mientras enterraba su rostro en la curva de mi cuello, dejando marcas que sabía que tardarían días en desaparecer.
— Joder... para... — logré articular, aunque mis manos, traicioneras, se aferraban a sus hombros en lugar de empujarlo.
Me estaba volviendo loco. El tipo era un extraño que había forzado mi cerradura, que estaba armado y que representaba todo lo que mi placa juraba combatir. Pero cuando sus labios volvieron a chocar contra los míos, mi razonamiento se hizo añicos. Su sabor era una droga, una mezcla de tabaco caro y deseo puro.
Correspondí el beso con una ferocidad que lo hizo gruñir de placer. Nuestras lenguas pelearon por el dominio mientras su mano, grande y experta, subía por mi torso para acariciar mis pezones, arrancándome gemidos que se perdían en su boca.
Sin romper el contacto, Jungkook se deshizo de mi camisa con un movimiento brusco, lanzándola a algún rincón oscuro de la habitación.
Sus labios bajaron por mis clavículas, dejando un rastro de fuego. Se detuvo en mi pecho, succionando mis pezones mientras me observaba a los ojos desde ese ángulo inferior. Su mirada era letal, cargada de una lujuria tan cruda que sentí que podría correrme solo con la intensidad de su expresión.
Bajó con una urgencia animal, deshaciéndose de mis jeans y mi ropa interior. Me sentí expuesto, vulnerable, pero cuando su boca rodeó mi miembro, cualquier pensamiento de defensa se evaporó. Gemí, echando la cabeza hacia atrás y hundiendo los dedos en su cabello oscuro, guiando su ritmo. El contraste entre su cara de ángel y la forma sucia y experta en que me devoraba me estaba destrozando los nervios.
Me corrí en su boca con un grito ahogado. Él tragó sin apartar la vista de mí, limpiando el rastro con la punta de su lengua con una parsimonia que me hizo temblar.
— Mi turno, Tigre — susurró, despojándose de su ropa con mi ayuda.
En ese momento, desnudo frente a él, supe que no había vuelta atrás. Si su plan era matarme después de esto, tendría que esforzarse mucho, porque antes de dejarme vencer, le metería una bala en la frente. Pero por ahora, el placer era el único idioma que hablábamos.
Se colocó el preservativo y se abrió paso dentro de mí de un solo impulso. El grito que solté fue una mezcla de dolor y una gloria insoportable. Jungkook comenzó a embestirme con la fuerza de un animal, marcando mi abdomen y mi dorso con sus manos, dejando su rastro por todo mi cuerpo.
— ¡Ah! ¡Jungkook! — exclamé cuando su embestida golpeó mi punto más sensible.
Él sonrió, una expresión depredadora, y aumentó la velocidad. Mis piernas se enredaron en su cintura, mis uñas se clavaron en su espalda tatuada. La habitación se llenó de un eco de piel chocando y jadeos pesados.
— Joder... eres tan estrecho, Park — su voz bajó a un registro tan grave y sexy que me hizo ver estrellas.
— ¡Es que... ah!... ¡Eres demasiado grande! — le grité, sintiendo cómo tocaba mi próstata con cada estocada, haciéndome perder el sentido de la realidad.
Cuando finalmente llegamos al clímax, el mundo pareció detenerse. Él se desplomó a mi lado, jadeando, mientras yo intentaba recuperar el aire. Me atrajo hacia su pecho, abrazándome con una posesividad que me erizó la piel.
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𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞
Mystery / ThrillerEl agente del FBI, Park Jimin, persigue a los criminales con implacable determinación, convencido de que deben enfrentar justicia. Pero bajo su fachada de rectitud se esconde un secreto devastador. Su linaje pertenece a una de las familias más peli...
