Capitulo 3: Cenizas de la inocencia

818 73 2
                                        


1

7 años atrás

Corea del Sur

El mundo solía ser un lugar cálido. Lo recuerdo en tecnicolor: el verde vibrante del jardín, el sabor de los dulces y el sonido del obturador de la cámara mientras mamá nos tomaba fotos a Jin y a mí. Mi hermano mayor y ella siempre se encargaban de que me sintiera el niño más afortunado de la tierra, envolviéndome en un mundo de mimos y cuidados.

​En casa de los Park, las jerarquías no existían tras los muros del jardín. Mamá incluía a las empleadas en nuestros juegos; nos enseñó que el valor de una persona no residía en su cuenta bancaria, sino en su espíritu. Éramos felices, o al menos, eso creía yo.

​Mi padre, sin embargo, empezaba a desvanecerse. Lo observaba en el balcón, con la mirada perdida en el océano mientras el humo de su cigarrillo se mezclaba con el atardecer. Tenía ojeras profundas y una tristeza silenciosa que ni siquiera las caricias de mamá lograban borrar. Esa tarde, después de terminar su cigarro, se quedó observándonos jugar. Caminé hasta él y me senté en su regazo, con el corazón galopando por tanto correr.

​— Deja de correr tanto, pequeño Diablillo, o vas a caerte — me dijo, acariciando mi cabello con una sonrisa que no llegaba a sus ojos cansados.

​— Ven a jugar con nosotros, papi. No seas aburrido — le supliqué.
​— Pronto, hijo. Pero antes, prométeme algo.

​Su voz sonó solemne, como si estuviera dictando un testamento emocional.

​— Jimin... algún día, cuando yo ya no esté, tú y tu hermano tendrán que ser el pilar de esta familia. Tendrán que manejar el negocio y, sobre todo, cuidar de mamá. Eres mi mayor orgullo, y he dejado cosas a tu nombre para que nunca te falte nada cuando seas un hombre. Prométeme que cuidarás de ellos.

​— Te lo prometo, papi. Pero no digas eso, yo también voy a cuidarte a ti — respondí con la inocencia de quien no conoce la muerte.

​Él me abrazó con una fuerza desesperada y sentí una lágrima humedecer mi hombro. Fue la última vez que fuimos una familia de verdad.

​Acompañé a mi padre a la mansión de su mejor amigo, el señor Jeon. Ellos eran como hermanos, y yo compartía ese mismo lazo con su único hijo: Jungkook.

Mientras ellos se encerraban en el despacho a discutir sobre cargamentos desviados y amenazas de un tal "Kim", Jungkook y yo nos escapábamos por los pasillos.

​Él era dos años menor que yo, pero tenía una madurez silenciosa. Nos refugiamos en su habitación y encendimos la televisión. En la pantalla, dos personajes se besaban. Nos quedamos petrificados. La curiosidad infantil es una llama lenta que quema sin avisar.

​— Mochi... ¿Te gustaría hacer eso que hacen ellos? — preguntó Jungkook, con las mejillas encendidas.
​— Yo... está bien.

​Nos sentamos frente a frente. El pulso me tronaba en los oídos. Cuando nuestros labios se tocaron, el tiempo se detuvo. Fue un roce torpe, casto, pero cargado de una promesa que ninguno de los dos sabía nombrar.

​— Prométeme que siempre seremos amigos, Mochi — susurró él al separarnos —. Yo te voy a cuidar siempre. Nunca dejaré que te lastimen.

​— Es una promesa, Kookie. Siempre juntos.

​Esa mañana decidí no ir a la escuela. Quería estar con papá. Jugábamos a las escondidas en la sala cuando el infierno decidió entrar sin llamar. Un grupo de hombres armados irrumpió, tiñendo de rojo las alfombras blancas. Mamá me arrastró hacia el pequeño cuarto secreto bajo las escaleras y selló la puerta, tapándome la boca con su mano temblorosa.

​A través de la rendija, vi cómo golpeaban a mi padre hasta dejarlo de rodillas. El líder, un hombre con ojos de serpiente al que llamaban Kim, le escupió su odio.

​— Te propuse un trato, Park. Mafia china, el señor Jeon, y yo. Te negaste. Ahora vengo a cobrar.

​— Nunca me asociaría con una escoria que trafica con niños, Kim — respondió mi padre, recuperando su orgullo incluso cubierto de sangre —. Prefiero morir.

​— Mala elección. Voy a disfrutar matando a tu familia. Me follaré a tu esposa y a tus hijos; vi sus fotos, son demasiado provocativos. Y tú no podrás hacer nada, porque estarás muerto.

​Vi a mi padre romperse por completo. El hombre que yo creía invencible bajó la cabeza y besó los zapatos de aquel monstruo, suplicando por nuestras vidas. Fue la humillación más dolorosa que he presenciado: un gigante de rodillas ante una rata.

​— No me convenciste — rio Kim con crueldad —. Por cierto, tu amigo Jeon murió gritando lo mismo antes de que le volara los sesos.

​Mi padre palideció, y antes de que pudiera pronunciar una palabra, una bala atravesó su frente. Cayó en seco sobre su propio charco de sangre. Mi mundo se volvió negro. No nos encontraron, pero el olor a humo nos obligó a salir de nuestro escondite. La mansión era una pira funeraria; Kim había ordenado quemarlo todo con nosotros dentro. Mamá me sacó en brazos entre las llamas, dejando atrás el cuerpo de mi padre.

​Nos refugiamos en un búnker secreto donde, horas después, ella regresó con Seokjin inconsciente y empapado en sangre; le habían disparado en su camino a casa. Mientras el médico de la familia intentaba salvar a mi hermano, yo solo podía pensar en Jungkook. Mamá, tras una llamada desesperada, me confirmó que él y su madre estaban muertos. Y mi mundo se derrumbó por completo.

​Esa noche, mientras veía a mi hermano luchar por su vida, el niño que jugaba en el jardín murió entre las cenizas. En su lugar nació el hombre que soy hoy. Alguien que no cree en promesas de infancia, solo en la justicia que dicta el plomo..


Cabe destacar que Jungkook y jimin eran amigos de niños al igual que sus padres, pero por muchas complicaciones fueron separados luego del asesinato de ambos de sus padres para ser protegidos. Y la familia Jein fingió estar muerta.

𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora