— Pero no lo harás... No vas a romper tu promesa, ¿o sí?
Sus palabras flotaron en el aire denso del departamento como una sentencia. Me quedé helado. ¿Promesa? ¿De qué demonios estaba hablando? Mi mente trabajó a toda velocidad buscando un fallo en su lógica, pero él me miraba con una seguridad que me revolvía las entrañas.
— Estás tan asustado que has empezado a delirar — dije, tratando de recuperar el control de mi voz. Apunté con el cañón de mi arma primero a él y luego a Taehyun, que seguía rígido como una estatua —. ¿Qué debería hacer con ustedes dos? De tin marín de do pingüé... ¿Debería matar a tu mano derecha primero para ver cómo se te rompe el alma, Jungkook? ¿O prefieres que te vuele los sesos a ti y luego me deshaga de él?
Jungkook no se inmutó. Al contrario, dio un paso hacia adelante, ignorando el arma que le apuntaba al pecho.
— ¿Entonces vas a romperla? —preguntó con una suavidad aterradora —. Creí que debajo de esa placa seguías siendo el mismo chico lleno de luz. Pero me equivoqué, ¿cierto?
— ¿De qué mierda hablas? — escupí, sintiendo que el aire se volvía escaso—. Estás loco.
—Vamos... ¿Acaso no lo recuerdas? Porque yo lo siento como si hubiera sido ayer... Mochi.
El mundo se detuvo. El ruido del tráfico exterior, la respiración de Yoongi a mis espaldas, el peso del arma... todo desapareció. ¿Mochi? Ese apodo era una herida abierta en mi memoria. Nadie me llamaba así. Nadie desde que "él" desapareció. Mi expresión de triunfo se desmoronó, reemplazada por una máscara de puro horror.
— He vuelto. Mochi.
— No... es... imposible — mi voz tembló, traicionándome.
— ¿Imposible? Pues ya ves que no. Aquí estoy.
— ¡Deja de jugar conmigo! — rugí, apretando el gatillo sin disparar —. ¡Mientes! ¡Cierra la puta boca! ¿Cómo sabes ese apodo? ¿A quién se lo robaste?
— Mírame a los ojos, Jimin. ¿De verdad no me reconoces?
— ¡Cállate! ¡Dime quién eres!
— Soy yo... Kookie.
Sentí un escalofrío que me recorrió la columna vertebral. No podía ser cierto. Jeon Jungkook, el hijo del mejor amigo de mi padre, el niño que fue mi sombra, mi protector y mi primer beso, estaba muerto. Yo mismo había visto las noticias, había llorado hasta quedarme seco cuando me dijeron que él y su madre habían muerto en aquel accidente hace años.
— No intentes jugar con mi mente, bastardo — siseé, aunque mis manos empezaban a flaquear.
— ¿No estás convencido? Bien... refresquemos tu memoria. Aquella tarde en el jardín, nuestro primer beso... prometiste que siempre estaríamos juntos, sin importar qué.
— ¡Basta! — grité. El dolor de los recuerdos me golpeó como un impacto físico —. ¿Cómo puedes estar vivo? ¿Por qué ahora? ¿Por qué después de tantos años de tortura y de creer que estabas bajo tierra?
— No sabía que eras tú, Jimin. No hasta hace unos días. Investigué, moví cielo y tierra hasta que el Agente Park Jimin tuvo el rostro del niño que amé.
— ¡Sigo creyendo que mientes! —exclamé, tratando de convencerme a mí mismo —. Pudiste ser su amigo, pudiste robarle sus historias... ¡Él está muerto!
— Mírame, Jimin. Sabes que soy yo. Lo sospechaste desde el primer momento en que escuchaste mi nombre, pero tuviste demasiado miedo de creerlo.
Bajé el arma unos milímetros, sintiendo el peso de mil años de soledad.
— ¿Qué es lo que quieres? ¿Por qué apareces ahora para hacer mi vida una mierda? Te enterré, Jungkook. Te lloré durante años hasta que el dolor se convirtió en este hielo que ves ahora.
— Tengo mis razones. Baja el arma, Mochi. Y Hablemos.
— ¡No me llames así! — la rabia volvió a encenderse —. No tengo nada que hablar contigo. El Jungkook que yo conocía no era un traficante de armas ni un líder de la mafia.
— Hablemos, te lo explicaré todo...
— ¡Cállate! — le interrumpí —. No voy a matarte hoy. No lo haré porque nuestros padres fueron hermanos y ellos no querrían que nos despedazáramos. Solo por eso te regalo la vida. Pero lárgate. ¡Lárgate de aquí ahora mismo!
— ¿Pretendes que me vaya después de lo que pasó entre nosotros? —preguntó él, dando otro paso hacia mí.
— ¿Nosotros? — solté una risa amarga—. Aquí no hay un "nosotros". Esa noche en la fiesta fue un error táctico. Yo no te conozco y tú no me conoces a mí. Eres un criminal y yo soy el mejor agente del FBI en este país. Punto.
— Sabes que no me alejaré. No de nuevo.
— Me importa una mierda lo que quieras — le espeté —. Jungkook, si vuelves a cruzarte en mi camino, olvidaré quiénes fueron nuestros padres.
Jungkook suspiró y miró a los demás, que seguían en un silencio sepulcral, observando el drama como si fuera una tragedia griega.
— ¿Pueden dejarnos solos un momento? — pidió Jungkook.
—. No — intervine con frialdad —. Nadie se mueve. La conversación ha terminado. Tú estás muerto para el mundo y así se va a quedar. No te metas en mis negocios y yo no me meteré en los tuyos. Olvida que existo.
Le hice una señal a Yoongi y a Vincenzo para que me siguieran. Salimos del apartamento sin mirar atrás. El silencio en el auto de regreso a la mansión era tan pesado que resultaba asfixiante. Agradecí que ninguno de los dos hiciera preguntas; no estaba listo para explicar que el criminal más buscado era el dueño de mis primeros recuerdos de amor.
Al llegar a la mansión, me encerré en mi habitación. Me dejé caer en la cama, mirando al techo. Los años de luto, la lucha interna por su pérdida, las noches de insomnio... todo parecía una burla cruel.
Él tiene el imperio de su padre y yo el mío. Él es el poder en las sombras y yo soy la ley en la superficie. Nuestras vidas están divididas por un abismo de sangre y secretos. Y así debe quedarse. Tengo que convencerme de que el niño del jardín murió hace mucho tiempo.
Jungkook simplemente está muerto.
Y yo soy el Agente Park Jimin. El hombre que no tiene lugar para fantasmas.
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𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞
Fiksyen PeminatEl agente del FBI, Park Jimin, persigue a los criminales con implacable determinación, convencido de que deben enfrentar justicia. Pero bajo su fachada de rectitud se esconde un secreto devastador. Su linaje pertenece a una de las familias más peli...
