Me encontraba en mi escritorio, desenredando nudos legales que en cinco meses nadie en este edificio de inútiles había tenido la decencia de tocar. La incompetencia me generaba un tic nervioso, pero fue la sombra de Yoongi deteniéndose a mi lado lo que me hizo levantar la vista.
— ¿Vienes a servirme café o solo a estorbar mi vista? — pregunté sin una pizca de amabilidad.
— No te levantes, Park, a ver si vas a derramar el café por... "accidente" — respondió él con esa sonrisa ladeada que ocultaba mil secretos.
— Al punto, Yoongi. ¿Qué sucede?
— El imbécil del banco. Se cree muy listo. Se niega a abrir la boca con los de abajo; dice que solo negociará con el "pequeño sádico de ojos bonitos". O sea, tú.
Cerré la carpeta de golpe, provocando un sonido seco que hizo eco en la oficina.
— Pues enséñales cómo se rompe una voluntad. Estoy ocupado.
— Lo hemos intentado, pero es una roca. Míralo tú mismo, está pidiendo a gritos que vayas a educarlo.
Me entregó la tablet. En el video, Christopher Chang se pavoneaba frente a la cámara de seguridad, burlándose de la jerarquía del FBI con una prepotencia que me hizo hervir la sangre. Sonreí. Yoongi sabía que no podía resistirme a poner a un perro rabioso en su lugar. Ese idiota iba a maldecir el día en que decidió que yo era su tipo.
Caminé hacia la sala de interrogatorios con la elegancia de quien va a un banquete. Al entrar, el aire se volvió denso. Chang me recorrió con la mirada de arriba abajo, deteniéndose en mis labios con un descaro repugnante.
— ¡Vaya! Por fin traen el plato fuerte — soltó con una risa ronca.
— Cierra la boca y no me obligues a cosértela antes de empezar — le espeté antes de girarme hacia los agentes novatos —. Salgan. Me están robando el oxígeno.
— Señor, el protocolo dice que...
— El protocolo no ha conseguido nada en dos horas — los corté con voz de hielo —. Si tuvieran la situación controlada, yo estaría en mi escritorio. Fuera de aquí. Ahora.
Cuando la puerta selló el lugar, solo quedamos Yoongi, el criminal y yo. El sistema de audio convenientemente "murió" al igual que la cámara de seguridad en un rincón para monitoreo, dejándonos a ciegas con Chang. Lo perfecto para un interrogatorio creativo.
— Christopher Chang... — leí su expediente con desprecio —. Narcótico, secuestro, asalto. Un currículum muy aburrido para alguien que habla tanto.
— "Park" — murmuró él, leyendo mi placa con un brillo lascivo —. Tienes una cara preciosa, oficial. Pero esos ojos... se ve que te mueres por una buena polla que te quite esa amargura.
— Te daré un consejo gratis, Christopher — me incliné, rozando su oído con un susurro letal —. Cuida esa lengua, porque podría ser lo primero que pierdas hoy. ¿Para quién trabajas?
— Le robé a un tipo que no perdona. Si hablo, amanezco en una zanja. Prefiero pudrirme aquí.
— Aquí adentro, yo decido si te pudres rápido o lento — le recordó —. Dame un nombre.
ESTÁS LEYENDO
𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞
Fiksi PenggemarEl agente del FBI, Park Jimin, persigue a los criminales con implacable determinación, convencido de que deben enfrentar justicia. Pero bajo su fachada de rectitud se esconde un secreto devastador. Su linaje pertenece a una de las familias más peli...
