Habían pasado varias semanas desde el "regalito" que le di a Christopher Chang. Durante unos días, el departamento gozó de una calma artificial, pero pronto el tipo volvió a ser el mismo grano en el culo de siempre. Sin embargo, mi mente no estaba en sus insultos, sino en un rastro de cadáveres que nadie se había atrevido a conectar.
Pasé días y noches sumergido en el depósito, desenterrando casos que el polvo y la corrupción habían intentado borrar. Eran asesinatos distintos, en lugares opuestos de Seúl, pero todos compartían una firma invisible para el ojo inexperto: una marca tallada en la piel de las víctimas.
J.K.
Dos letras que podían significar cualquier cosa: un nombre, un código, una sentencia. Todo apuntaba a un único ejecutor, alguien tan meticuloso como letal. Decidí que era hora de volver a visitar a mi informante favorito.
Yoongi y yo entramos en la celda 51. Chang nos recibió con esa sonrisa cínica que me daban ganas de borrarle a puñetazos.
— ¿De vuelta tan pronto? Espero que traigan comida de verdad, porque lo que sirven aquí sabe a cartón y desesperación — soltó desde su litera.
— Lamento decepcionarte, Christopher, pero hoy solo traigo preguntas — dije, lanzando un fajo de fotografías sobre su colchón. Eran imágenes crudas de las víctimas con la marca J.K. grabada en la carne.
Él las observó de reojo. Sus pupilas se dilataron un milímetro, suficiente para que yo supiera que las reconocía.
— No sé qué es esto, oficial Park. No soy un experto en arte forense.
— No me hagas perder el tiempo — me incliné, invadiendo su espacio —. Sé que conoces esa firma. Empieza a hablar si no quieres que tus heridas vuelvan a abrirse antes de que cicatricen. Tic, tac, Chang. Mis dedos están ansiosos por volver a jugar con el látigo.
El tipo tragó saliva. El recuerdo del sótano todavía le pesaba en los huesos. Tomó las fotos y las revisó una a una, con las manos ligeramente temblorosas.
— ¿Qué quieres saber exactamente? — preguntó con la voz rota.
— Todo. ¿Qué significa J.K.?
— Son iniciales, oficial... — intentó burlarse de nuevo.
No le di espacio para respirar. Le asesté un culatazo seco con mi arma en el labio. El crujido de la carne al romperse fue música para mis oídos. Chang se limpió la sangre con el pulgar, mirándome con puro odio.
— Última advertencia. No estoy aquí para juegos — sentencié.
— Es la marca de Red Bunny — soltó finalmente —. El mafioso más poderoso de este país. J.K. es su firma personal. El dinero que robé era suyo, y esas marcas son el recordatorio de lo que pasa cuando alguien intenta morder la mano que lo alimenta.
— ¿Red Bunny? Las letras no coinciden. ¿Qué significa J.K. realmente?
— Es lo único que sé, oficial. Nadie conoce su nombre real. Solo saben que si ves esas letras, ya estás muerto.
Salí de la prisión con más dudas que certezas. ¿Quién era este fantasma que firmaba con iniciales que no correspondían a su alias? Tenía dos objetivos: el asesino de mi padre y este conejo sangriento. Lo que no sabía era que ambos caminos estaban a punto de cruzarse.
Mansión de la familia Jeon
El sudor empapaba mi camiseta mientras descargaba toda mi rabia contra el saco de boxeo. Pero el saco no era de cuero; dentro había un hombre que había cometido el error de respirar cerca de mis cargamentos. La música atronaba en el gimnasio privado de mi mansión, tapando los gemidos ahogados del tipo que llevaba dos horas recibiendo mis golpes.
Mi nombre es Jungkook, pero el mundo me conoce como Red Bunny. Hace diecisiete años, mi madre y yo morimos para el mundo tras el asesinato de mi padre. Desaparecimos entre las sombras, fingiendo nuestra muerte para sobrevivir, mientras la sed de venganza crecía en mis entrañas como un parásito. A los dieciséis, reclamé el trono de mi padre. Hoy, soy el dueño de la mafia de Seúl, el hombre al que los políticos corruptos besan el anillo.
Nadie conoce mi rostro real fuera de mi círculo íntimo. Para el resto, soy una leyenda urbana, un monstruo que firma sus ejecuciones con mis iniciales: J.K.
Me quité los guantes, dejando que el hombre del saco dclicara al suelo, medio muerto y desfigurado. Taehyun, mi mano derecha, entró en la sala masticando una paleta con su habitual indiferencia.
— La información que pediste, jefe — dijo, pasándome una carpeta. Firmé los documentos para los japoneses sin siquiera mirarlos.
— ¿Aún no hay noticias del chico de la fiesta, verdad? — pregunté, sintiendo un pinchazo de frustración.
Desde aquella noche, no podía sacarme de la cabeza a ese rubio de ojos letales y cuerpo de pecado. Fue la mejor follada de mi vida en el peor lugar posible. Desapareció como un fantasma, y yo no soy un hombre que acepte un "no" por respuesta. Lo quería de vuelta en mi cama, o bajo mi mando.
— Nada todavía — respondió Taehyun —. Pero tengo algo más interesante. Hay un oficial nuevo en el Departamento Alfa 5.
Alfa 5 era mi territorio. Un edificio que me pertenecía, lleno de agentes que estaban en mi nómina.
— ¿Y qué? Otro corrupto más para la colección.
— No exactamente. Los rumores dicen que este es diferente. Es el Gerente de investigación, un tal Park. Dicen que es el mejor que han tenido, un sádico que no se deja comprar y que está husmeando en tus muertes recientes. Kai le dio el cargo, pero él actúa como un oficial común para pasar desapercibido. No es un oficial cualquiera.
Me detuve en seco. Una sonrisa peligrosa se dibujó en mi rostro. Un oficial "honesto" en mi propio edificio, jugando a los detectives con mis marcas.
— Investígalo, Taehyun. Tráeme su expediente completo. Veremos si es tan incorruptible como dicen. Y si no se une a nosotros...
Hice el gesto de una pistola con mis dedos y apunté al aire. — Le daré una bienvenida que no olvidará. Y sigue buscando al chico de la fiesta. Tengo el presentimiento de que Seúl se está volviendo muy pequeño para todos nosotros.
Caminé hacia las duchas, sintiendo la adrenalina recorrer mis venas. No sabía que el oficial que buscaba y el chico que deseaba eran la misma persona. Y Jimin no sabía que el monstruo al que perseguía era el mismo niño que una vez le prometió protegerlo para siempre.
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𝐊𝐧𝐨𝐰𝐢𝐧𝐠 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐧 𝐚 𝐫𝐞𝐯𝐞𝐧𝐠𝐞
Детектив / ТриллерEl agente del FBI, Park Jimin, persigue a los criminales con implacable determinación, convencido de que deben enfrentar justicia. Pero bajo su fachada de rectitud se esconde un secreto devastador. Su linaje pertenece a una de las familias más peli...
